San Vicente de Paúl

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¡Oh! San Vicente de Paúl, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, que honor hicisteis al significado de vuestro
nombre que significa: “Vencedor, victorioso”. De niño, ayudabais
a vuestros padres en el pastoreo de ovejas. De pequeño erais
generoso en ayudar a los pobres. Estudiasteis con los padres
franciscanos, en la Universidad de Toulouse, y finalmente fuisteis
ordenado sacerdote, donde Dios, os purificó, con tres sufrimientos:
El Cautiverio, la huida del cautiverio y una tentación contra la fe,
que aceptasteis para lograr que Dios librara de ella, a un amigo
vuestro, y, ello fue para vos, y vuestra alma “la noche oscura”.
A los treinta años, escribisteis a vuestra madre contándole que
estabais amargado por los desengaños humanos y que pensabais
pasar el resto de vuestra vida retirado en una humilde ermita.
Así, caísteis a los pies de un crucifijo y consagrasteis vuestra vida
a la caridad para con los necesitados, y empezasteis vuestra
historia gloriosa. Para ello, hicisteis votos de dedicaros a socorrer
a los necesitados, y a los pobres, bajo la dirección espiritual del
Padre Berule, hombre sabio y santo. Decíais vos: “Me di cuenta
de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí
de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que
bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a
Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un
modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por
transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable”.
Y, así fue, porque gracias a Dios, lo lograsteis. Leísteis a San
Francisco de Sales y sus escritos, os hicieron mucho bien y os
volvieron manso y humilde de corazón. Os, horrorizó el trato de
los galeotes, la ignorancia de las gentes en religión, situación
por las que vos, abogasteis y con un grupo de sacerdotes amigos
empezasteis a predicar por los pueblos de aquél tiempo, y el éxito
fue rotundo. Y, fue el momento propicio para poder fundar
vuestra Comunidad de Padres Vicentinos, que hasta hoy, dedican
sus vidas a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas. Y, Dios
os puso en vuestro andar a Santa Luisa de Marillac, y con ella
fundasteis a las hermanas Vicentinas, que son ahora la comunidad
femenina más numerosa que existe en el mundo. Fundasteis además
varios hospitales y asilos para huérfanos. Vestíais pobremente, y
cuando os querían tributar honores, exclamabais: “Yo soy un
pobre pastorcito de ovejas, que dejé el campo para venirme a
la ciudad, pero sigo siendo siempre un campesino simplón y
ordinario”. Decíais también: “No es suficiente que yo ame a
Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también”. Y,
un día, voló vuestra santa alma al cielo, luego de haber gastado
vuestra virtuosa vida en buena lid, para recibir corona de luz
como muy justo premio a vuestra grande entrega de amor y fe.
“Santo Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad”;
¡Oh! San Vicente de Paúl, “viva misericordia del Dios dela Vida”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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27 de Septiembre
San Vicente de Paúl
Fundador
Año 1660

El Señor Dios que es tan bueno, siga enviando al mundo muchos Vicentes como este, para bien de todos los necesitados. Dichoso el que se compadece del pobre. Dios lo bendecirá (Salmo 41).

Vicente significa: “Vencedor, victorioso”. Nació San Vicente en el pueblecito de Pouy en Francia, en 1580. Su niñez la pasó en el campo, ayudando a sus padres en el pastoreo de las ovejas. Desde muy pequeño era sumamente generoso en ayudar a los pobres. Los papás lo enviaron a estudiar con los padres franciscanos y luego en la Universidad de Toulouse, y a los 20 años, en 1600 fue ordenado de sacerdote. Dice el santo que al principio de su sacerdocio lo único que le interesaba era hacer una carrera brillante, pero Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes.

1º. El Cautiverio. Viajando por el mar, cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como esclavo a Túnez donde estuvo los años 1605, 1606 y 1607 en continuos sufrimientos.

2º. Logró huir del cautiverio y llegar a Francia, y allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se le perdieron 400 monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo acusándolo de ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y solamente respondía: “Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero”. A los seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la verdad. San Vicente al narrar más tarde este caso a sus discípulos les decía: “Es muy provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que tome nuestra defensa”.

3º. La tercera prueba fue una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma “la noche oscura”.

A los 30 años escribe a su madre contándole que amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su vida retirado en una humilde ermita. Cae a los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente a la caridad para con los necesitados, y es entonces cuando empieza su verdadera historia gloriosa. Hace voto o juramento de dedicar toda su vida a socorrer a los necesitados, y en adelante ya no pensará sino en los pobres. Se pone bajo la dirección espiritual del Padre Berule (futuro cardenal) sabio y santo, hace Retiros espirituales por bastantes días y se lanza al apostolado que lo va a volver famoso.

Dice el santo “Me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable”. Y en verdad que lo consiguió de tal manera, que varios años después, el gran orador Bossuet, exclamará: “Oh Dios mío, si el Padre Vicente de Paúl es tan amable, ¿Cómo lo serás Tú?”. San Vicente contaba a sus discípulos: “Tres veces hablé cuando estaba de mal genio y con ira, y las tres veces dije barbaridades”. Por eso cuando le ofendían permanecía siempre callado, en silencio como Jesús en su santísima Pasión”.

Se propuso leer los escritos del amable San Francisco de Sales y estos le hicieron mucho bien y lo volvieron manso y humilde de corazón. Con este santo fueron muy buenos amigos. Vicente se hace amigo del Ministro de la marina de Francia, y este lo nombra capellán de los marineros y de los prisioneros que trabajan en los barcos. Y allí descubre algo que no había imaginado: la vida horrorosa de los galeotes. En ese tiempo para que los barcos lograran avanzar rápidamente les colocaban en la parte baja unos grandes remos, y allá en los subterráneos de la embarcación (lo cual se llama galera) estaban los pobres prisioneros obligados a mover aquellos pesados remos, en un ambiente sofocante, en medio de la hediondez y con hambre y sed, y azotados continuamente por los capataces, para que no dejaran de remar.

San Vicente se horrorizó al constatar aquella situación tan horripilante y obtuvo del Ministro, Sr. Gondi, que los galeotes fueran tratados con mayor bondad y con menos crueldad. Y hasta un día, él mismo se puso a remar para reemplazar a un pobre prisionero que estaba rendido de cansancio y de debilidad. Con sus muchos regalos y favores se fue ganando la simpatía de aquellos pobres hombres. El Ministro Gondi nombró al Padre Vicente como capellán de las grandes regiones donde tenía sus haciendas. Y allí nuestro santo descubrió con horror que los campesinos ignoraban totalmente la religión. Que las pocas confesiones que hacía eran sacrílegas porque callaban casi todo. Y que no tenían quién les instruyera. Se consiguió un grupo de sacerdotes amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos y veredas y el éxito fue clamoroso. Las gentes acudían por centenares y miles a escuchar los sermones y se confesaban y enmendaban su vida. De ahí le vino la idea de fundar su Comunidad de Padres Vicentinos, que se dedican a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas. Son ahora 4,300 en 546 casas.

El santo fundaba en todas partes a donde llegaba, unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres. Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba unas religiosas que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente bien dotada de cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac, con ella fundó a las hermanas Vicentinas, que son ahora la comunidad femenina más numerosa que existe en el mundo. Son ahora 33,000 en 3,300 casas y se dedican por completo a socorrer e instruir a las gentes más pobres y abandonadas, según el espíritu de su fundador.

San Vicente poseía una gran cualidad para lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres. Reunía a las señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta convicción acerca de la necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria, que ellas daban cuanto dinero encontraban a la mano. La reina (que se confesaba con él) le dijo un día: “No me queda más dinero para darle”, y el santo le respondió: “¿Y esas joyas que lleva en los dedos y en el cuello y en las orejas?”, y ella le regaló también sus joyas, para los pobres.

Parece casi imposible que un solo hombre haya podido repartir tantas, y tan grandes limosnas, en tantos sitios, y a tan diversas clases de gentes necesitadas, como lo logró San Vicente de Paúl. Había hecho juramento de dedicar toda su vida a los más miserables y lo fue cumpliendo día por día con generosidad heroica. Fundó varios hospitales y asilos para huérfanos. Recogía grandes cantidades de dinero y lo llevaba a los que habían quedado en la miseria a causa de la guerra. Se dio cuenta de que la causa principal del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes no estaban bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer a un pueblo es dale un sacerdote santo. Por eso empezó a reunir a quienes se preparaban al sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran sacerdotes, los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los deberes del sacerdocio. Luego con los religiosos formados por él, fue organizando seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de manera que llegaran a ser sacerdotes santos y fervorosos.

Aún ahora los Padres Vicentinos se dedican en muchos países del mundo a preparar en los seminarios a los que se preparan para el sacerdocio. San Vicente caminaba muy agachadito y un día por la calle no vio a un hombre que venía en dirección contraria y le dio un cabezazo. El otro le dio un terrible bofetón. El santo se arrodilló y le pidió perdón por aquella su falta involuntaria. El agresor averiguó quien era ese sacerdote y al día siguiente por la mañana estuvo en la capilla donde le santo celebraba misa y le pidió perdón llorando, y en adelante fue siempre su gran amigo. Se ganó esta amistad con su humildad y paciencia.

Siempre vestía muy pobremente, y cuando le querían tributar honores, exclamaba: “Yo soy un pobre pastorcito de ovejas, que dejé el campo para venirme a la ciudad, pero sigo siendo siempre un campesino simplón y ordinario”. En sus últimos años su salud estaba muy deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas y numerosas obras de caridad. Lo que más le conmovía era que la gente no amaba a Dios. Exclamaba: “No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también”.

El 27 de septiembre de 1660 pasó a la eternidad a recibir el premio prometido por Dios a quienes se dedican a amar y hacer el bien a los demás. Tenía 80 años. El Santo Padre León XIII proclamó a este sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Vicente_de_Paul.htm)

Santos Cosme y Damián

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¡Oh!, Santos Cosme y Damián, vosotros, sois los hijos
del Dios de la vida y sus amados santos, que, médicos
siendo, siempre a curar y recetar sin cobro alguno, a
los desposeídos y pobres, el tiempo todo hicisteis, tanto
que, de vosotros decían “los no cobradores”. Y, en medio
de aquella tarea noble, el precioso e inmortal legado
de Cristo compartíais, con vuestros pacientes. Gemelos
hermanos, amados y queridos erais en vuestro tiempo, y
cuando el mal quiso dañaros, Dios, jamás os olvidó,
tanto que, cuando os echaron a la mar, una ola gigante
os devolvió a tierra firme, sanos y salvos. Y, cuando,
vivos quisieron quemaros, las llamas, no os tocaron para
nada. Así, de rabia, desesperados y fuera de sí, los impíos,
os cortaron vuestras cabezas. Y, vuestras benditas almas,
al cielo volaron para coronadas ser de luz. Y, solo así,
con vuestras santas vidas terminaron, convirtiéndoos
para alegría de tierra y cielo en santos mártires. Y,
como sucede siempre, a los discípulos de Dios; junto a
la tumba de vosostros, empezaron a obrarse maravillosas
curaciones. Y, estando Justiniano de Constantinopla,
emperador, padeciendo de una gravísima enfermedad, se
encomendó a vosostros santos mártires. Y, ¡oh milagro!
fue curado inexplicablemente. Y, luego, con ministros y
todo, marchó personalmente a la tumba de vosotros santos a
daros las gracias. Y, con justicia, y como premio a vuestra
entrega de amor, os levantaron aquí en la tierra y, en honor
vuestro, dos templos, uno en Constantinopla y otro en Roma;
¡oh!, Santos Cosme y Damián, “vivos amores del Dios Vivo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Septiembre
San Cosme y San Damián
Mártires
Siglo III

Quiera Dios enviarnos muchos médicos generosos que, a imitación de Cosme y Damián, se dediquen a recetar gratuitamente a los pobres, y a aprovechar su ascendiente para propagar la santa religión de Jesucristo. Qué hermoso fuera que hubiera muchos médicos así.

“Lo que habéis recibido gratis, dadlo también gratuitamente” (Jesucristo Mt. 10, 8).

Cosme significa “adornado, bien presentado”. Damián: domador. Estos dos santos han sido (junto con San Lucas) los patronos de los médicos católicos. En oriente los llaman “los no cobradores”, porque ejercían la medicina sin cobrar nada a los pacientes pobres.

Eran hermanos gemelos y nacieron en Arabia, en el siglo tercero. Se dedicaron a la medicina y llegaron a ser muy afamados médicos. Pero tenían la especialidad de que a los pobres no les cobraban la consulta ni los remedios. Lo único que les pedía era que les permitieran hablarles por unos minutos acerca de Jesucristo y de su evangelio.

Las gentes los querían muchísimo y en muchos pueblos eran considerados como unos verdaderos benefactores de los pobres. Y ellos aprovechaban su gran popularidad para ir extendiendo la religión de Jesucristo por todos los sitios donde llegaban. Lisias, el gobernador de Cilicia, se disgustó muchísimo porque estos dos hermanos propagaban la religión de Jesús. Trató inútilmente de que dejaran de predicar, y como no lo consiguió, mandó echarlos al mar. Pero una ola gigantesca los sacó sanos y salvos a la orilla. Entonces los mandó quemar vivos, pero las llamas no los tocaron, y en cambio quemaron a los verdugos paganos que los querían atormentar. Entonces el mandatario pagano mandó que les cortaran la cabeza, y así derramaron su sangre por proclamar su amor al Divino Salvador.

Y sucedió entonces que junto a la tumba de los dos hermanos gemelos, Cosme y Damián, empezaron a obrarse maravillosos curaciones. El emperador Justiniano de Constantinopla, en una gravísima enfermedad, se encomendó a estos dos santos mártires y fue curado inexplicablemente. Con sus ministros se fue personalmente a la tumba de los dos santos a darles las gracias.

En Constantinopla levantaron dos grandes templos en honor de estos dos famosos mártires y en Roma les construyeron una basílica con bellos mosaicos.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Cosme_y_Damian.htm)

San Cleofás

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¡Oh! San Cleofás, vos, sois el hijo del Dios de la Vida y
su amado santo, quien, con vuestro compañero itinerante,
os ardía el corazón cuando el mismo Cristo, en la tarde
de Pascua, se os apareció en el camino, las Escrituras
explicándoos y después, en vuestra casa, en Emaús, al
Salvador reconocieron en la fracción del pan. Dos veces
aparece vuestro nombre en los Evangelios. Una en San
Lucas cuando habla de los dos discípulos que marchaban a
Emaús y la otra, en San Juan cuando habla de una “María,
la mujer de Cleofás” que estaba presente en el Calvario,
acompañando a la Virgen, la tarde en que fue crucificado y
moría Jesús. Fuisteis el esposo de la “María” del Calvario
pues, erais un cristiano muy conocido entre los discípulos.
Aquél día, caminabais hacia Emaús, con otro acompañante
también discípulo de Jesús, comentando los acontecimientos
de los días pasados. Las huellas sobre el camino, llevan
la frustración en el alma, pues llevabais años juntos, y
con ellas, ilusiones truncas, promesas vacías, y las alegrías
tornadas en llanto. Pero, no es así. Son sólo elucubraciones
humanas, cuya respuesta sólo, las conoce el Dios de la Vida.
Y, a todo ello, de pronto se os unió un caminante como
compañero de camino y os preguntó qué os pasaba. Y, vos,
casi molesto, contestasteis lo que había acontecido hace
poco en la Ciudad Santa. Y, a todo ello, el viajero os recordó
que todo aquello, previsto por los profetas estaba. Al acercaros
a vuestro destino, vuestro acompañante deseó proseguir,
pero vos y vuestro amigo, le dijeron: “Quédate con nosotros,
que el día ya declina”. Y, el caminante accedió, entró con
vosotros en la casa, se sentó a la mesa, tomó el pan, lo bendijo,
lo partió, y os dio.  ¡Y, en este mismo instante le reconocieron!
¡Oh! San Cleofás, “vivo testigo y discípulo del Dios de la Vida”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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25 de Septiembre
San Cleofás
Discípulo del Señor

Fuente: EvangelioDelDia.org

Martirologio Romano: Conmemoración de san Cleofás, discípulo del Señor, a quien, con el otro compañero itinerante, ardía el corazón cuando Cristo, en la tarde de Pascua, se les apareció en el camino explicándoles las Escrituras, y después, en la casa de Cleofás, en Emaús, conocieron al Salvador en la fracción del pan.

Breve Biografía

Dos veces aparece este nombre en los Evangelios. Una en San Lucas cuando habla de los dos discípulos que marchaban a Emaús (cfr San Lucas 24; 13, ss) y la otra en San Juan cuando habla de una “María, la mujer de Cleofás” que estaba presente en el Calvario, acompañando a la Virgen, la tarde en que fue crucificado y moría Jesús (cfr San Juan 19; 25,ss).-

Sin que pueda establecerse con certeza que estos dos personajes fueran marido y mujer, ya que varones llamados Cleofás debía haber bastantes en Jerusalén, sí parece que el esposo de esa María del Calvario debía ser un cristiano bastante conocido entre los discípulos, cuando San Juan escribe su evangelio y también que ambos estuvieron muy cerca de los acontecimientos que hoy narramos.

Es la alborada del Domingo. Unas mujeres, quieren envolver en lienzos el cuerpo y poner perfumes preciosos, a la usanza judía, en el cuerpo de Jesús, ya que no pudo prepararse con finura el viernes por la tarde cuando lo pusieron en el sepulcro.-

El sepulcro está vacío, no tiene cuerpo dentro. Unos ángeles avisan que está vivo el Señor Jesús . Las mujeres, locas de alegría, nerviosas, corren y transmiten la nueva a los discípulos. Pedro y los demás no pueden creer ese inusitado acaecimiento.-

La distancia de Jerusalén a Emaús es de algo más de diez kilómetros. Hacia Emaús caminan ese mismo día dos discípulos del Maestro. Uno de ellos responde al nombre de Cleofás. Van comentando entre ellos los acontecimientos del fracaso de Jesús en los días pasados. –

Las pisadas son pesadas porque llevan la amargura en el pecho. Son tantos años juntos, tantas ilusiones truncadas, tantas promesas secas, tantas alegrías cegadas… hasta los proyectos del Reino se esfumaron con los clavos, la cruz y la lanza. Con Jesús muerto mal se anda.

Se les unió un caminante como compañero de camino. Ellos temían “ofuscada la mirada”. Al preguntar qué les pasa, Cleofás con tono enojado casi le regañó por no estar al día de lo que ha pasado en la Ciudad Santa. Cuando resumen los hechos tan trágicos e impresionantes, el viajero les recordó que ya estaba previsto por los profetas.

Al acercarse a la aldea, el caminante hace intención de proseguir. Cleofás y su amigo le insistieron: “Quédate con nosotros, que el día ya declina”. El caminante accedió, entró con ellos en la casa, se sentó a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió en trozos, y se lo dio. En este instante le reconocieron.

Ahora, desandar lo andado para decirle a los hermanos que las mujeres mañaneras tenían razón no es pesado, es alegría; avanzan en la noche tan seguros como a pleno día porque lucen mucho las estrellas, los pasos se han tornado ágiles y firmes, el corazón late con fuerza, el gozo se ha hecho vida. Notan la vehemencia de decir pronto a los otros que Jesús sí es el Mesías.Con Jesús Vivo bien se camina.

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San Cleofás

Oración

Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno, y humildemente te pedimos que la intercesión de San Cleofás venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivamos en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Otras celebraciones de hoy: Nuestra Señora de la Fuencisla. Santos: Alberto de Jerusalén, Atanasio, Irene, Baldovino, Sergio, Aurelia, Neomisia, confesores; Arnolfo, Fermín, Solemnio, Lupo, Cástor, obispos; Antila, Bardomiano, Eucarpo, Herculano, mártires; Ermenfredo, abad; Pafnucio, monje; Cleofás, discípulo del Señor.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31982/cleofs-santo.html)

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, Por los Tres Dulces Nombres Líbranos Señor de Todo Mal. Amén

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SANTO DIOS SANTO FUERTE SANTO INMORTAL POR LOS TRES DULCES NOMBRES LIBRANOS SEÑOR DE TODO MAL. AMEN.

Oración de protección

Esta oración es la síntesis de las oraciones y los estudios más antiguos sobre protección integral, la cual es la suma del poder divino, si se realiza con fe y amor, muy recomendable para los casos difíciles y de persecución espiritual y material o peligros.

Oración de liberación, Protección, Cierre de mente

Por el poder de nuestro Señor Jesucristo, por el poder de su preciosísima sangre, por el poder del nombre de Jesús, cierro mí mente, mí alma, mí espíritu y mí entorno, mí pasado, mí presente y mí futuro, lo que soy y seré y tendré, todos los seres de la creación a mí familiares más cercanos.
Lo alto, lo bajo, lo ancho y lo angosto, el norte, el sur, oriente, el occidente, todos los seres y animales y elementos de la creación.

Por el poder de la Santísima Trinidad rompo, desato, exorcizo y quebranto todo ataque del enemigo y aura corruptora que quieran tener ventaja sobre mí, me cubro con la sangre, llagas, corona, sagrado corazón de nuestro amado Jesucristo.

Ato mí mente y cierro con toda mí fuerza, mí interior, que solo esta abierta para el amor de Dios, expulso y pongo en fuga, toda perturbación mental, manifestación satánica, brujería, infestación y vejación.

Mando y ordeno por la fuerza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo a todos los espíritus burlones y demoníacos que busquen atormentarme, envíalos Señor Jesucristo, a tres mil millas a la redonda, para que ninguna perturbación este presente en mí ser; Ordeno por el nacimiento humilde en el pesebre de nuestro Dios Jesucristo, por su vida, predicación, pasión, martirio, muerte y resurrección triunfante, que salga de inmediato de este sitio todo espíritu maligno y plagiario. Por la intercesión de la más que bendita y Santa siempre virgen Maria y del poder y el fuego del Espíritu Santo, dador de vida y de purificación.

Invoco la protección de los Santos del paraíso, entre mí y el enemigo, la serpiente antigua. Me refugio e invoco la Santa presencia de Miguel Arcángel príncipe de los ejércitos celestiales, de Rafael Arcángel, alto comandante de las hueste celestiales, de Gabriel Arcángel el mensajero preferido de Dios y dador de buenas noticias, de Uriel Arcángel, sabio entre los Ángeles y el Ángel del Señor mensajero de la paz, nuestro Ángel custodio protector de nuestra alma y cuerpo, para que por permiso de Dios protejan nuestra vida de todo mal y peligro, daño procedente del maligno, librándonos de peligros y catástrofes.

Me uno con la creación del universo y con el amor divino de Dios, soy el amor de Dios y estoy en los brazos del padre celestial y ningún mal llegara a mí o/a mí casa, ni a mí familia, nunca tocaran mis posesiones materiales e espirituales.

El poder, el éxito y la prosperidad esta en mí camino y abro mis brazos y extiendo mis manos con fe, para recibir los manjares y bendiciones del reino de los cielos.

Los Ángeles de Dios van delante de mí y de mis pies, para que no tropiecen, por la promesa de nuestro salvador Jesucristo que venció a la muerte en la cruz.

Me protejo, me cierro y me lleno del poder supremo de Dios y del universo, siendo una criatura nueva y renovada por la sangre del cordero, la sangre de Cristo, fuente de vida, corre por mí interior como ríos de agua viva, fuerte y poderosa, indómita, por el poder trasmitido por Dios a sus hijos amados; Deshago, desligo, ahuyento todos mal y espíritu de miseria, pobreza, tristeza y amargura, se libera mí corazón de toda atadura que tenga, de odios, rencores, resentimientos y sufrimientos. Los rayos divinos de Dios, invaden mí interior llenándome de paz y seguridad.

Dios creador de todo el universo, Dios poseedor y creador de la vida, Dios quebrantador de la muerte y del infierno, me entrego a ti en este momento, en cuerpo, alma, espíritu y mente, renuncio y rechazo a Satanás y todos sus poderes y dominios, pues e sido adquirido por la sangre de Cristo y tus promesas son eternas.

Saldré adelante de los sufrimientos y las adversidades, pues tú eres un Dios poderoso que das a tus hijos lo mejor y en abundancia. Que derramas tú amor por la humanidad, tú generosidad no tiene limite y por eso en este momento te alabo y te glorifico y te doy gracias de todo corazón ¡mil veces gracias!, ¡mil veces glorias!, aunque sea pecador tú has tenido misericordia de tu siervo N.N, librándome de todo mal y peligro y fortaleciéndome, llenándome de tú amor, poder, prosperidad y mucha abundancia.

Amén.

Oración complementaria:

Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, por los tres dulces nombres líbranos Señor, de todo mal. (3)

Santísima Trinidad bendita, Dios soberano y eterno,
Líbranos de las prisiones y las penas del infierno,
La cruz y los tres clavos y él Señor que murió en ella,
Hablan y respondan por mí.
Amansa los corazones que vengan sobre de mí,
Yo sin Dios, no quiero nada, yo con Dios lo que se viviere,
Vengase por delante, vengase quien se viniere, por los tres dulces nombre de Jesús, María y José.

PADRE ANDRES TIRADO
WWW.TUCORAZONYELMIO.TK

(https://angelicapajares.wordpress.com/2009/09/10/santo-dios-santo-fuerte-santo-inmortal-por-los-tres-dulces-nombres-libranos-senor-de-todo-mal-amen/)

Nuestra Señora de las Mercedes Patrona de las Fuerzas Armadas del Perú y Policía Nacional

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¡Oh!, Señora Nuestra de las Mercedes, Vos, sois
la tierna y amorosa Madre del Dios de la vida,
María, y la misma que, os aparecisteis a San Pedro
Nolasco, para decirle que fundara una comunidad
religiosa, y que ella, a pedido Vuestro, a socorrer
se dedicara a los cautivos en lejanos sitios,
y que vos, San Pedro, no tardasteis en realidad
hacer. Misericordia, ayuda y caridad significa
“merced”. Y, la “Vuestra”, tiempo mucho, lleva,
a los prisioneros consolando y materialmente
ayudando. Y, Dios, jamás os ha abandonado, pues,
mártires y santos, ayer hoy y mañana tiene.
Vuestros religiosos, muchos cautivos rescataron,
que presos estaban, en poder de los sarracenos.
Desde entonces, Señora Nuestra, vuestros Padres
Mercedarios, difundieron con amor, la devoción a
Vos, y que, pronto se expandió por el mundo todo.
“Estuve preso y me yudaste. Todo el bien que
le hiciste a los demás, aunque sea a los más
humildes, a Mí me lo hiciste”, dice Jesús, Dios
y Señor Nuestro. Santa Patrona de las Fuerzas
Armadas y Policía Nacional  del Perú y Patrona
de los Presos, os recordamos con amor especial,
pues Vos sois, la Madre del Dios de la vida y que,
a vuestros amados mercedarios dejasteis, como
prueba viva de Vuestro grande amor ¡Aleluya!
¡oh!, Nuestra Señora de las Mercedes, “Amor y Paz”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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24 de Septiembre
Nuestra Señora de las Mercedes
Patrona de las Fuerzas Armadas y
Policía Nacional del Perú y Patrona de los Presos

Una antigua tradición narra que en el año de 1218 la Sma. Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a socorrer a los que eran llevados cautivos a sitios lejanos.

San Pedro Nolasco, apoyado por el rey Jaime el Conquistador y aconsejado por San Raimundo de Peñafort, fundó la Orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced o de las Mercedes. La palabra merced quiere decir: misericordia, ayuda, caridad.

Esta comunidad religiosa lleva muchos siglos ayudando a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Sus religiosos rescataron muchísimos cautivos que estaban presos en manos de los feroces sarracenos.

Desde el año 1259 los Padres Mercedarios empezaron a difundir la devoción a Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) la cual está muy extendida por el mundo.

Recordemos que a quienes ayudan a los presos les dirá Cristo en el día del Juicio: “Estuve preso y me ayudaste. Todo el bien que le hiciste a los demás, aunque sea a los más humildes, a Mí me lo hiciste”(Mat. 25, 40).

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/señora_de_las_mercedes.htm)

El Día de las Fuerzas Armadas del Perú fue instituido el 24 de septiembre de 1977, mediante la publicación del Decreto Supremo Nº 003-77- CCFF, con ocasión de la consagración de la Virgen de la Merced, Patrona de los Institutos Armados y Mariscala del Perú.

Las Fuerzas Armadas del Perú están compuestas por: El Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea.

Se considera a la Policia Nacional dentro de las Fuerzas Armadas, aunque se trata de un organismo distinto con una misión civil. Las Fuerzas armadas del Perú dependen del Ministerio de Defensa, mientras que la Policía Nacional del Perú, del Ministerio del Interior.

Las Fuerzas Armadas del Perú están encargadas de defender la soberanía del Estado y la seguridad de los peruanos. Planean, preparan y coordinan la dirección y conducción de las operaciones militares conjuntas de las Instituciones.

(http://www.deperu.com/calendario/929/dia-de-las-fuerzas-armadas-del-peru)

San Pío de Pietrelcina

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¡Oh!, San Pío de Pietrelcina, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, y, que, a lo largo de vuestra vida, os abrazasteis
a la cruz de Cristo, para, en sufrimiento y oración constante vivir,
dedicado a la dirección espiritual y a la reconciliación de cuanto
fiel se os acercaba, sin dejar de lado a los pobres. “Siempre
humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Dios,
le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón,
y, los enriquece con grandes dones”. Decíais vos, muy a menudo.
Y, es verdad. Teníais, además vivo, el carisma de la bilocación, y
por ello, en dos lugares al mismo tiempo estabais, almas y cuerpos
curando, en varias partes del orbe de la tierra, y, en épocas distintas.
Veíais las almas y el corazón del hombre, al confesaros con vos,
porque, el hacerlo, desnudarse ante Dios era, pues, les decíais
sus pecados con dureza y enojo, y, más, aún, cuando el ofendido,
en el fondo, Dios era. Poseíais también, el don de la sanación,
con el cual, curasteis y seguís curando a hermanos nuestros
de los males del alma y del cuerpo. Con el don de la profecía, os
anticipabais a los hechos, que más tarde se cumplieron. Vivisteis
rodeado siempre de la Presencia de Jesús y María, pero, también
de Santos y Ángeles, y de almas que buscaban vuestra oración,
para subir desde el Purgatorio al Cielo. Y, así, viéndoos, Dios, tan
humilde, tan sobrenatural y humano al mismo tiempo, os regaló
sus estigmas, como a Francisco, en el ayer. Y, sí, cinco fueron
los vuestros, que os duraron, vuestra vida toda. Vuestra sangre
y vuestro cuerpo, un aroma celestial a flores emanaba, que el
ambiente llenaba, donde celebrabais el Santo Oficio y, a quienes
se encontraban con vos, en otras ciudades del mundo. Sufriendo
vivisteis los ataques del demonio, tanto físicos y espirituales, que
eran más, cuando las conversiones y la fe aumentaban a vuestro
alrededor. Y, así, un día, voló vuestra alma al cielo, porque os
sentíais agotado, por haberla gastado en buena lid, para corona
de luz recibir, como premio, a vuestra increíble entrega de amor;
¡Oh!, San Pio de Pietrelcina, “vivo amor del Dios de la Vida”.

© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 Septiembre
San Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione)
Presbítero Capuchino Septiembre 23
Un hombre de oración y sufrimiento

Martirologio Romano: San Pío de Pietrelcina (Francisco) Forgione, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado (1968).

“Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones.” (San Giovanni Rotondo, Italia).

En un convento de la Hermandad de los Capuchinos, en la ladera del monte Gargano, vivió por muchísimos años el que probablemente fuera el Sacerdote Místico más destacado del siglo XX, a punto actualmente de ser declarado Santo por el Vaticano. El Padre Pío, nacido en Pietrelcina en 1887, fue un hombre rico en manifestaciones de su santidad. Enorme cantidad de milagros rodearon su vida, testimoniados por miles de personas que durante décadas concurrieron allí a confesarse. Sus Misas, a decir de los concurrentes, recordaban en forma vívida el Sacrificio y Muerte del Señor a través de la entrega con que el Padre Pío celebraba cada Eucaristía.

Es notable su carisma de bilocación: la capacidad de estar presente en dos lugares al mismo tiempo, a miles de kilómetros de distancia muchas veces. El Padre Pío raramente abandonó San Giovanni Rotondo; sin embargo se lo ha visto y testimoniado curando almas y cuerpos en diversos lugares del mundo en distintas épocas. También tenía el don de ver las almas: confesarse con el Padre Pío era desnudarse ante Dios, ya que él decía los pecados y relataba las conciencias a sus sorprendidos feligreses (a veces con gran dureza y enojo, ya que tenía un fuerte carácter, especialmente cuando se ofendía seriamente a Dios). Tenía también el don de la sanación (a través de sus manos Jesús curó a muchísima gente, tanto física como espiritualmente) y el don de la profecía (anticipó hechos que luego se cumplieron al pie de la letra).

Vivió rodeado de la Presencia de Jesús y María, pero también de Santos y Angeles, y de almas que buscaban su oración, para subir desde el Purgatorio al Cielo. Pero su gracia más grande radicó, sin duda alguna, en sus estigmas: en 1918 recibe las cinco Llagas de Cristo en sus manos, en sus pies y en su costado izquierdo. Estas llagas sangraron toda su vida, aproximadamente una taza de té por día, hasta su muerte ocurrida en 1968. Múltiples estudios médicos y científicos se realizaron sobre sus Estigmas, no encontrándose nunca explicación alguna a su presencia u origen.

Su sangre y cuerpo emanaban un aroma celestial, a flores diversas, que acariciaba no solo a los asistentes a sus Misas, sino también a quienes se encontraban con él en otras ciudades del mundo, a través de sus dones de bilocación. Vivió sufriendo ataques del demonio, tanto físicos como espirituales, que se multiplicaron a medida que las conversiones y la fe crecían a su alrededor.

En diciembre de 2001 el Vaticano emite el decreto que aprueba los milagros necesarios para canonizar a nuestro héroe, San Pío de Pietrelcina y fué canonizado el 16 de julio de 2002.

Vivimos en un mundo que niega lo sobrenatural, se aferra a lo material y a todo lo que pueda ser explicado a través de la razón, o percibido por los sentidos. Sin embargo, Dios prescinde de nuestra razón y de nuestros sentidos, a la hora de someternos a las pruebas de nuestra fe. De cuando en cuando nos prodiga con regalos del mundo sobrenatural, a través del testimonio y el acceso a la divinidad de los seres Celestiales. El Padre Pío es una puerta abierta a Cristo, a María, a los ángeles y los santos. Es también un testimonio de la pequeñez del ser humano y una invitación a creer y dejar de buscar explicación a los hechos de la Divina Providencia (la voluntad de Dios), sino simplemente a unir nuestra voluntad a la de Dios, y ser lisa y llanamente su instrumento, como el Padre Pío lo fue.

La vida entera del Padre Pío no puede ser explicada a través de la razón o la lógica humana. La fe y fuerza del Santo del Gargano dan por tierra con todas las escuelas filosóficas terrenales, dejando una sola salida a todo intento de crecimiento del hombre: el encuentro con el Dios eterno, el que nos mira desde lo alto y nos pide, por medio de Su infinita Misericordia, que nos entreguemos simplemente a Su Voluntad. La negación de nuestro yo (la muerte de nuestro ego), se constituye en la principal meta de nuestra evolución, porque SÓLO DIOS ES !

Debemos negarnos a nosotros mismos y vivir para y por Él. El Padre Pío vivió en la más absoluta humildad y negación de sí mismo, y miren los prodigios que Jesús hizo a través suyo!

Fuente:(www.reinadelcielo.org)
(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)

San Mauricio y compañeros mártires

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¡Oh!, San Mauricio y compañeros mártires, vosotros,
sois los hijos del Dios de la vida y sus amados santos.
Aquellos que, rehusaron honores rendir a dioses falsos,
y, por el contrario, se abrazaron a la verdadera religión,
reafirmándoos de tal forma, que, todos manifestaron
que no podían al juramento prestado a Dios, desobedecer,
y, que, al emperador, obedecerían, siempre que, su fe,
no se lo impidiera. Y, así fue. La Legión Tebana, solo por
cristianos integrada, órdenes recibió de partir hacia Galia
para auxiliar a Maximiano, emperador, valientemente
combatiendo y luego, se rehusaron obedecer la orden
de perseguir a los cristianos, por lo que una parte diezmada
fue. Y, luego, al negarse por vez segunda, sus integrantes
restantes, fueron ejecutados en Agaunum, hoy, sede
de la abadía de Saint Maurice, en el cantón suizo de Valais.
Y, así, sus vidas santas ofrecieron al filo de la espada,
dejándoos degollar, como mansos corderos, con vos, a
la cabeza por la gloria de Cristo. Y, entre ellos, Exuperio,
Cándido y Víctor. Los restantes gloriosos nombres, inscritos
están en el libro de la vida, porque así, todos juntos a la vez,
la inmortalidad alcanzaron de la vida eterna, volando
sus preciosas almas, para, coronados ser con coronas
de luz eterna. “La santa legión de los mártires agaunenses,
mientras resistía a los adversarios, merced a la intervención
de San Mauricio, su general, alcanzó el premio de la
inmortalidad”. “He aquí cómo por la intervención de estos
santos se ha convertido Agauna en lugar sagrado que sirve
de salud a los presentes y defensa a los venideros”. Así,
vosotros mártires gozasteis de oficio con antífonas propias,
de gran belleza musical literaria. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh!, San Mauricio y compañeros; “vivo amor por Cristo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de septiembre
San Mauricio y Compañeros Mártires
(Fines del siglo III)

Diocleciano había asociado a su Imperio a Maximiano Hércules. Ambos, feroces enemigos del nombre cristiano, decretaron la última y la más terrible de las persecuciones. Maximiano hubo de acudir a las Galias para reprimir un intento de sublevación de aquellos pueblos, y entre las tropas que reunió se encontraba la legión Tebea, procedente de Egipto y toda compuesta de cristianos. Al ir a incorporarse a su destino, Mauricio, comandante de dicha legión, visita en Roma al papa Marcelo, Llegados a Octadura, la actual Martigny en el Valais, junto a los desfiladeros de los Alpes suizos, Maximiano ordena un sacrificio a los dioses para impetrar su protección en la campaña que pensaba emprender.

Los componentes de la legión Tebea rehusan sacrificar, apartándose del resto del ejército y yendo a acampar a Agauna, entre las montañas y el Ródano, no lejos del lado oriental del lago Lemán. Maximiano monta en cólera cuando conoce el motivo de la deserción, dando orden de que los legionarios rebeldes sean diezmados y pasados a espada. Los sobrevivientes se reafirman en su fe y se animan a sufrir todos los tormentos antes que renegar de la verdadera religión.

Maximiano, cruel más que una bestia feroz, ordena diezmar por segunda vez a los soldados cristianos. Mientras se lleva a cabo la orden imperial, el resto de los tebanos se exhortan mutuamente a perseverar, sostenidos por sus jefes: Mauricio, a quien el narrador llama primicerius, o comandante en jefe de la legión, aunque en la terminología castrense romana no designara tal nombre esa función; Exuperio, campidoctor (término equivalente a lo que hoy llamaríamos un oficial de menor graduación) y Cándido, senator militum, también oficial. Encendidos con tales exhortaciones de sus jefes y oficiales, los soldados envían una delegación a Maximiano para exponerle su resolución.

Al describir tales incidentes, Euquero pone en las bocas de los protagonistas largos discursos, a la manera de Tito Livio y los historiadores clásicos. Los legionarios tebanos declaran que no pueden faltar al juramento prestado a Dios. Que obedecerán al emperador siempre que su fe no se lo impida, y que si determina hacerlos perecer, renuncian a defenderse, como tampoco lo hicieran sus camaradas, cuya suerte no temen seguir.

Viéndoles tan obstinados, Maximiano envía a sus tropas contra ellos, que se dejan degollar como mansos corderos, Corren arroyos de sangre como jamás se viera en las más cruentas batallas. Víctor, veterano licenciado de otra legión, pasa casualmente por el lugar del suceso, mientras los verdugos festejaban su crueldad. Inquiere la causa, y al informarse lamenta no haber podido acompañar a sus hermanos en la fe. Entonces los verdugos le sacrifican juntamente con los demás.

Según Euquero, toda la legión Tebea, compuesta de 6.600 soldados, fue pasada por las armas, si bien de entre tantos mártires sólo se conoce el nombre de Mauricio, Exuperio, Cándido y Víctor. “Los restantes nombres, que nosotros ignoramos, están inscritos en el libro de la vida.” De la lectura de la pasión se destaca un dato incontrovertible: En el siglo V y aun en el IV se daba culto en Agauna a unos soldados mártires, y esto representa un testimonio de la mayor importancia.

Las circunstancias del martirio aparecen ya menos claras, y el sincronismo establecido por Euquero no concuerda con la historia general que conocemos. Sitúa el suceso durante la gran persecución de Maximiano, cuando ya la Galia estaba gobernada por Constancio Cloro, que no aplicó los decretos persecutorios. Además, resulta improbable que los soldados martirizados fuesen 6.600, pues ésta era la cifra teórica de los hombres de una legión, que por aquellas fechas se reducía en la práctica al millar de combatientes.

Sea lo que fuere de estos detalles, lo que no cabe dudar es que a finales del siglo III ocurrió en Agauna un martirio colectivo de soldados cristianos, hecatombe de la que existen casos parecidos, como los cuarenta mártires de Sebaste. ¿Procedían aquellos soldados de la Tebaida egipcia? Bien pudiera ser, aunque los legionarios tebanos no estuvieran normalmente de guarnición en la región del Valais. No veamos en ellos un puro simbolismo, como si hubieran sido calificados de tebanos por ser la Tebaida la tierra clásica de santos y ermitaños del primitivo cristianismo.

Acerca de los nombres de los oficiales que nos ha transmitido Euquero, corresponden perfectamente a soldados de entonces, y no hay por qué dudar de su autenticidad. Mauricio significa “negro” (moro), Cándido, “blanco”; Exuperio, “levantado en alto “, y Víctor, “victorioso”.

Ya en el siglo IX la fiesta de San Mauricio y de sus compañeros mártires de la legión felix Agaunensis era celebrada en Roma y en toda la cristiandad. Merece destacarse el hecho de que el ceremonial de la coronación de los emperadores, compuesto hacia el siglo XI, determina que el Papa corone al emperador en la basílica de San Pedro, en el altar de San Mauricio, invocando su protección sobre el ejército “romano y teutónico”.

Según refiere el citado Euquero, fue San Teodoro, obispo del Valais, quien hizo exhumar los restos de los mártires tebanos, levantando en su honor una pequeña basílica, de la cual se han encontrado huellas en excavaciones efectuadas en el pasado siglo, corno también de otros santuarios levantados en aquellos parajes.

El 22 de septiembre del 515 pronunció San Avito, obispo de Viena, una homilía para la inauguración de la abadía de Agauna, fundada por el piadoso rey Segismundo. El abad Alteo, pariente de Carlomagno, hizo levantar una iglesia mayor a fines del siglo VIII, conservada cuando se construyó otra nueva basílica en el siglo XI.

Los canónigos regulares se establecieron en Agauna el año 1128, y allí han perdurado siempre. La actual abadía fue reconstruida en el siglo XVII. Los mártires de la legión Tebea fueron venerados por todas partes, y de ellos hay reliquias en infinidad de iglesias, como Viena del Delfinado, San Cugat del Valles, El Escorial, catedral de Toledo, etc. En Francia sesenta y dos municipios llevan el nombre de Saint-Maurice.

Hasta las armas de este Santo fueron objeto de veneración. Carlos Martel quiso servirse de la lanza de San Mauricio y de su morrión cuando presentó batalla a los sarracenos en Poitiers. Los duques de Saboya, en cuyo territorio está comprendido el lugar de su martirio, llevaron siempre el anillo de este Santo como una de las más preciosas señales de su soberanía.

También hay una orden militar, fundada en 1434 por Amadeo VIII, primer duque de Saboya, que está encomendada a San Mauricio, gran protector de esta casa. Carlos Manuel la fundió posteriormente con la Orden de San Lázaro. La Orden del Toisón de Oro le tiene igualmente por patrono, lo que explicaría la devoción que le profesaba Felipe II. Estos mártires gozaron de oficio con antífonas propias, de gran belleza musical literaria. He aquí algunas, aunque pierdan mucho color al ser traducidas:

“La santa legión de los mártires agaunenses, mientras resistía a los adversarios, merced a la intervención de San Mauricio, su general, alcanzó el premio de la inmortalidad.”

“He aquí cómo por la intervención de estos santos se ha convertido Agauna en lugar sagrado que sirve de salud a los presentes y de defensa a los venideros.”

En efecto, parece que la historia ha confirmado el voto de la liturgia, pues en la alta Edad Media la abadía de Agauna se hizo famosa por la santidad de sus monjes.

CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA

(http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/09/09-22_S_Mauricio.htm)