San Nicolás de Bari

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!Oh!, San Nicolás de Bari, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado Obispo y santo, que, enamorado de los niños les regalabais
juguetes, caramelos y, por ello hasta hoy en el mundo todo
y en la Natividad del Dios Niño, os recuerdan, confundiendo algunos
hombres vuestro amor por Aquél que todo lo ve, haciendo de estas
fiestas un sórdido mundo materialista de comercio, despilfarro
y consumismo de lado dejando al Autor de la Vida toda. De vos,
escribieron San Juan Crisóstomo y San Metodio, resaltando
vuestra increíble especialidad: los milagros, tantos que,
Dios, os los concedía casi a diario. A vos, os pintan rodeado
de niños, porque un criminal hirió a cuchillo a varios y, vos,
empezasteis a rezar por ellos y Dios, los curó en el acto.
También os pintan junto a una señorita, porque en vuestra ciudad
había un anciano pobre con tres hijas y no lograba que se casaran.
Pero, vos, orasteis por tres días seguidos y, cada noche echabais
por la ventana una bolsa con monedas de oro, para que el anciano
las tomara y las casara a todas. Los marineros, os tienen como
patrono, porque en medio de la tempestad ellos decían: “Oh Dios,
por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos”. Y,
al instante os veían aparecer sobre el barco bendiciendo al mar,
que pronto se calmaba. Luchasteis también contra la herejía de Arrio,
y con sabiduría impedisteis que ellos tomaran Mira. Hoy, os rogamos
interceder amado Nicolás, para que, el mundo todo, reflexione
sobre el sentido verdadero de la Natividad y que, sea el Amor,
el que prime sobre la “careta” festiva y falsaria de aquella
“divina noche”, y que, volver nuestros ojos podamos, sobre el
pesebre luminoso del Dios del Amor y de la Vida, como vos, lo
habéis hecho en vuestra terrena vida. Cuando Licono Emperador
os persiguó, encarceló y azotó, así y todo seguisteis enseñando
nuestra santa religión a cuantos trataban con vos. Y, en medio
de todo Constantino emperador apareció y os liberó con justicia,
junto a todos los demás prisioneros cristianos. Y, así, vuestra
santa vida cumplida y gastada en buena lid, catapultó vuestra
alma, para coronada ser con corona de luz y eternidad como justo
premio a vuestra entrega de amor, por todos los niños del orbe de
la tierra. Protector y defensor de los pueblos que aman al Señor,
¡Oh!, Santo Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía ¡Aleluya!
¡Oh!, Santo Patrono, de todos los niños del mundo entero ¡Aleluya!
¡oh!, San Nicolás, “vivo amor por los niños del mundo de Dios”.

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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6 de Diciembre
San Nicolás
Obispo
Año 345

San Nicolás bendito, ruégale a Dios que nos libre de todo peligro del alma y del cuerpo.

Su nombre significa “Protector y defensor de pueblos“. Este santo fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama “San Nikolaus”, lo empezaron a llamar Santa Claus, y lo pintan como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños (entre nosotros lo llamaron Papá Noel).

De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, y de ella sacamos los siguientes datos curiosos.

Nació en Licia, Turquía, de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: “sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”.

Tenía un tío que era obispo y este lo consagró como sacerdote. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue de monje a un monasterio. Después quiso visitar la Tierra Santa donde vivió y murió Jesús, y al volver de allá llegó a la ciudad de Mira (en Turquía) donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior se había muerto. Al fin dijeron: “elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo”. Y en ese momento sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso se le llama San Nicolás de Mira.

La especialidad de este santo fueron los milagros tan numerosos que logró conseguir de Dios. Lo pintaban con unos niños, porque los antiguos contaban que un criminal hirió a cuchillo a varios niñitos, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea. También pintan junto a él a una señorita, porque en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas y no lograba que se casaran por ser en tan extremo pobres. Entonces el santo por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casar a sus hijas muy bien.Es Patrono de los marineros, porque estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: “Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos”. Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció.

Otro día iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes. Y fueron absueltos.

El emperador Licino decretó una persecución contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba, para enseñar la religión a cuantos trataban con él. Más tarde llegó el emperador Constantino y lo liberó a él junto con todos los demás prisioneros cristianos.

Luego apareció la herejía de Arrio que decía que Jesucristo no es Dios. San Nicolás se opuso con toda su sabiduría y con su gran ascendiente y no permitió que los arrianos entraran a su ciudad de Mira.

Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del año 345.

En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. En esa ciudad se obtuvieron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Nicolás.htm)

Santa Ada

 

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¡Oh!, Santa Ada, vos, sois la hija del Dios de la Vida
y su amada santa, y que, honor disteis al significado
de vuestro nombre: “Aquella que lleva adorno y es bella”.
Y, vuestro adorno y belleza: ¡Vuestro espíritu de santidad!
que demostrado fue, como fiel monja primero y abadesa
luego del Monasterio de Santa María, donde os consagrasteis
virgen, para admiración de propios y extraños. Erais sobrina
de San Engelbert, quien fue asesinado por su propio primo.
Y, así,luego de haber gastado vuestra santa vida en buena
lid, voló al cielo vuestra alma, para coronada ser de luz
y de eternidad como premio justo a vuestra entrega de amor
a Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro. “Santa Patrona
de todas las mujeres religiosas y monjas de Francia”;
¡oh!, Santa Ada, “vivo adorno del Dios de la Vida”.

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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5 de Diciembre
Santa Ada (Adrehildis) de Le Mans
Abadesa

Martirologio Romano: En Cenómano (hoy Le Mans), de Neustria, santa Adrehildis o Ada, abadesa del monasterio de Santa María (c. 692).

Etimología: Ada = “Aquella que lleva adorno y es bella”, es de origen hebreo
Fue monja, abadesa, y virgen consagrada. Vivió en el siglo VII. Ella era sobrina de San Engelbert quien fue asesinado por su propio primo. Ella y su familia eran muy devotos.

Fue monja en Soissons, Francia, y posteriormente abadesa de San Julien de Prés, Le Mans, Francia.

Es la santa patrona de las mujeres religiosas y monjas en Francia.

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=34166)

San Juan Damasceno

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¡Oh! San Juan Damasceno, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado santo, lumbrera de la patrología griega y equivalente
oriental de San Isidoro de Sevilla. Pasasteis de la poesía a la
liturgia, de la elocuencia a la filosofía y a la apologética. La
amistad del príncipe Yazid, os promovió al mismo puesto que
vuestro padre, y además representante de la comunidad cristiana
ante las autoridades árabes. Habiendo a la corte renunciado

y a ser el representante de los cristianos ante el anticristiano califa,
junto con vuestro hermano Cosme, os retirasteis al monasterio
de San Sabas, en Jerusalén, donde os ordenaron como sacerdote
y bastó ello, para que os adentrarais en el mundo de Dios, para luego,
predicador ser de la basílica del Santo Sepulcro. León III Isáurico,
el iconoclasta, desterró las imágenes sagradas de culto,
considerando que era idolatría. Pero, San Germán, Patriarca,
las defendió y explicó la naturaleza de su homenaje, siendo
por ello, desterrado. Desde Jerusalén, llegó vuestra voz con tres
discursos en favor de las sagradas imágenes imponiéndoos al fin.
Y, “el mal”, cuerpo tomó del emperador y, no pudiéndoos atacar,
os calumnió con vileza, falsificando una carta vuestra, en la que,
vos, habríais apoyado el restituir la ciudad de Jerusalén al impío
emperador. Pero Dios, estuvo siempre con vos, pues en el segundo
concilio de Nicea, y en reparación de las injurias, os proclamó
no sólo vuestra ciencia, sino también vuestra santidad. ¡Aleluya!
Y, así, un día os llamó el “Amo de la Vida”, y, luego de haber gastado
la vuestra en buena lid, coronó vuestra alma con corona de luz,
como justo premio a vuestra entrega de amor. León XIII Papa,
más tarde, os proclamó con justicia “Preclaro Doctor de la Iglesia”;
¡Oh! San Juan Damasceno, “vivo testimonio de la Verdad de Cristo”.

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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4 de Diciembre
San Juan Damasceno
Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia, célebre por su santidad y por su doctrina, que luchó valerosamente de palabra y por escrito contra el emperador León Isáurico para defender el culto de las sagradas imágenes, y hecho monje en la laura de San Sabas, cerca de Jerusalén, compuso himnos sagrados y allí murió. Su cuerpo fue enterrado en este día (c. 750).

Etimológicamente: Juan = Dios es misericordia, es de origen hebreo.

Breve Biografía

Juan Damasceno (Yahia ibn Sargun ibn Mansur, nacido a mediados del siglo VII de una familia árabe cristiana y muerto en el 749) es considerado el último representante de la patrología griega y el equivalente oriental de San Isidoro de Sevilla por sus obras monumentales como la Fuente del conocimiento. Su actividad literaria es multiforme: pasa con autoridad de la poesía a la liturgia, de la elocuencia a la filosofía y a la apologética. Hijo de un alto funcionario del califa de Damasco, Juan fue compañero de juegos del príncipe Yazid, que más tarde lo promovió al mismo puesto del padre, que corresponde en cierto modo al de ministro de Hacienda. En calidad de “Logothete”, fue representante civil de la comunidad cristiana ante las autoridades árabes.

A un cierto punto Juan renunció a la corte y a su alto cargo, probablemente por las tendencias anticristianas del califa. En compañía del hermano Cosme, futuro obispo de Maiouma, se retiró al monasterio de San Sabas cerca de Jerusalén, en donde, ordenado sacerdote, profundizó su formación teológica, preparándose para el cargo de predicador titular de la basílica del Santo Sepulcro.

Era el período en el cual el emperador de Bizancio, León III Isáurico, inauguraba la política iconoclasta, es decir, desterraba todas las imágenes sagradas, cuyo culto era considerado como un acto de idolatría. El anciano patriarca de Constantinopla, San Germán, defendió el culto tradicional explicando la verdadera naturaleza del homenaje que se les rendía a las imágenes, pero pagó con la destitución su acto de valentía. Desde Jerusalén, bajo el dominio árabe, se hizo oír otra voz en favor del culto de las imágenes, la del entonces desconocido monje Juan Damasceno o de Damasco, que con sus Tres discursos en favor de las sagradas imágenes se impuso inmediatamente a la atención del mundo cristiano. El emperador, no pudiendo atacar directamente al monje, recurrió vilmente a la calumnia, haciendo falsificar una carta de Juan, en la que éste habría tramado una conjuración para restituir el dominio de la ciudad de Jerusalén al emperador bizantino.

En esta disputa teológica, hecha de sutiles distinciones, Juan pudo demostrar toda su preparación teológica, puesta al servicio no sólo del patriarca de Jerusalén, sino de toda la Iglesia. En efecto, el segundo concilio de Nicea, en reparación de las injurias recibidas por el defensor de la ortodoxia, proclamó no sólo su ciencia, sino también su santidad. León XIII lo proclamó doctor de la Iglesia en el año 1890.

La Iglesia lo recuerda el 4 de Diciembre, aunque en muchos sitios se mantiene la fecha tradicional antigua de festejarlo el 27 de Marzo.
Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31853/juan-damasceno-santo.html)

San Francisco Javier

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¡Oh!, San Francisco Javier, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo, y con justicia llamado
“El gigante de la historia de las misiones”. “Señor,
Tú, has querido que varias naciones llegaran al
conocimiento de la verdadera religión por medio de la
predicación de San Francisco Javier”. Reza así, una
oración por vuestro día. “Si no consigo barco, iré
nadando”. Dijisteis, cuando ansiabais viajar al Japón
y viajasteis, con la ayuda de la divina providencia.
“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero,
si se pierde a sí mismo?”. Os repetía San Ignacio,
 y ello, os liberó de vuestra mundanidad y os encaminasteis
hacia la vida espiritual. La India, Indostán, Japón
y otras naciones, a pie recorristeis con el libro de
oraciones como único equipaje, enseñando, enfermos
atendiendo, obrando curaciones admirables, gentes
bautizando por miles de miles y a la vez, aprendiendo
idiomas extraños, y parecíais, cansancio no sentir.
“¡Basta Señor!: si me mandas tantos consuelos me vas
a hacer morir de amor”. Decíais vos, con mucho amor
y humildad. “Hágase amar y así logrará influir en ellos.
Si emplea la amabilidad y el buen trato verá que consigue
efectos admirables”. Recomendabais a todos vuestros
amigos. Y, así era. Popularizasteis, la costumbre
de confesarse y comulgar. Os asemejabais a la vida
pobre de las gentes que os escuchaban. Comíais sólo
arroz y bebiais agua. Durmiendo en una pobre choza
en el suelo. Ganabais la simpatía de los niños
y a ellos os enseñabais historias bíblicas. “En medio
de todas estas penalidades e incomodidades, siento
una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los
consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de
las duras condiciones materiales y de la guerra que
me hacen los enemigos de la religión”. Escribisteis.
Y, en San Cian, lejos de Hong Kong y más lejos de vuestra
patria; solo, abandonado, enfermo y con fiebre, voló
vuestra preciosa alma al cielo, pronunciando el dulce
nombre de Jesús, Vuestro amadísimo Maestro. Os dieron
cristiana sepultura, un catequista que os asistía, un
portugués y dos hermanos negros. Y, allá estáis hoy,
al lado de Santa Teresa, San Ignacio, San Felipe y San
Isidro, coronado de luz y de gloria, como justo premio
a vuestra increíble y grande entrega de amor y fe;
“¡Oh!, Santo Patrono de todos los Misioneros del mundo”
¡oh!, San Francisco Javier, “vivo Camino, Verdad y Vida”.

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Diciembre
San Francisco Javier
Misionero
Año 1552

Francisco Javier: maravilloso misionero; pídele a Dios que conceda un espíritu como el tuyo a todos los misioneros del mundo. Piensa en el final de tu vida y evitarás muchos pecados (S. Biblia Ecl. 7, 36).

El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue si duda uno de los misioneros más grandes que han existido. Ha sido llamado: “El gigante de la historia de las misiones”. La oración del día de su fiesta dice así: “Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier…”. Esto es un gran elogio.

Empezó a ser misionero a los 35 años y murió de sólo 46. En once años recorrió la India (país inmenso), el Japón y varios países más. Su deseo de ir a Japón era tan grande que exclamaba: “si no consigo barco, iré nadando”. Fue un verdadero héroe misional.

Francisco nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año 1506. Era de familia que había sido rica, pero que a causa de las guerras había venido a menos. Desde muy joven tenía grandes deseos de sobresalir y de triunfar en la vida, y era despierto y de excelentes cualidades para los estudios. Dios lo hará sobresalir pero en santidad.

Fue enviado a estudiar a la Universidad de París, y allá se encontró con San Ignacio de Loyola, el cual se le hizo muy amigo y empezó a repetirle la famosa frase de Jesucristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?” Este pensamiento lo fue liberando de sus ambiciones mundanas y de sus deseos de orgullo y vanidad, y lo fue encaminando hacia la vida espiritual. Aquí se cumplió a la letra la frase del Libro del Eclesiástico: “Encontrar un buen amigo es como encontrarse un gran tesoro”. La amistad con San Ignacio transformó por completo a Javier.

Francisco fue uno de los siete primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús o Comunidad de Padres Jesuitas. Ordenado Sacerdote colaboró con San Ignacio y sus compañeros en enseñar catecismo y predicar en Roma y otras ciudades.

El Sumo Pontífice pidió a San Ignacio que enviara algunos jesuitas a misionar en la India. Fueron destinados otros dos, pero la enfermedad les impidió marchar, y entonces el santo le pidió a Javier que se quisiera embarcar para tan remotas tierras. Él obedeció inmediatamente y emprendió el larguísimo viaje por el mar. En el barco aprovechó esas interminables semanas, para catequizar lo más posible a los marineros y viajeros. Con San Javier empezaron las misiones de los jesuitas.

Son impresionantes las distancias que Francisco Javier recorrió en la India, Indostán, Japón y otras naciones. A pie, solamente con el libro de oraciones, como único equipaje, enseñando, atendiendo enfermos, obrando curaciones admirables, bautizando gentes por centenares y millares, aprendiendo idiomas extraños, parecía no sentir cansancio.

Por las noches, después de pasar todo el día evangelizando y atendiendo a cuanta persona le pedía su ayuda, llegaba junto al altar y de rodillas encomendaba a Dios la salvación de esas almas que le había encomendado. Si el sueño lo rendía, se acostaba un rato en el suelo junto al sagrario, y después de dormir unas horas, seguía su oración. De vez en cuando exclamaba: “Basta Señor: si me mandas tantos consuelos me vas a hacer morir de amor”. Con razón su palabra tenía efectos fulminantes para convertir. Era que llegaba precedida de muchas oraciones y acompañada de costosos sacrificios. Algunas noches no era capaz de levantar su mano derecha. Tan cansada estaba de tanto bautizar a los que se habían convertido con sus predicaciones.

La gente lo consideraba un verdadero santo y le llevaban sus enfermos para que los bendijera. Cuando se conseguían curaciones milagrosas, él consideraba que esto se debía a otras causas y no a su santidad, o a su poder de intercesión,

Desde 1510 Goa era una ciudad portuguesa en la India. Y allá puso su centro de evangelización nuestro santo (en esa ciudad se conservan ahora sus restos). A los portugueses se les había olvidado que eran cristianos y lo único que les interesaba era enriquecerse y divertirse. Así que tuvo el misionero que dedicarse con todas sus fuerzas y su gran ascendiente a volver fervorosos otra vez a aquellos comerciantes sin conciencia y sin escrúpulos (él decía en una de sus cartas: “estoy aterrado de la variedad tan monstruosa de acciones que tienen estos hombres para poder robar”).

Empezó a ganarse la buena voluntad de las gentes con su gran amabilidad (a uno de sus compañeros le escribía: “hágase amar y así logrará influir en ellos. Si emplea la amabilidad y el buen trato verá que consigue efectos admirables”). Estableció clases de catecismo para niños y adultos. Popularizó la costumbre de confesarse y comulgar. Enseñaba la religión por medio de hermosos cantos que los fieles repetían con verdadero gusto.

Por 13 veces consecutivas hizo larguísimos viajes por la nación enseñando la religión cristiana a esos paganos que nunca habían oído hablar de ella. Los de las clases altas (los brahamanes) no le hicieron caso, pero los de las clases populares se convertían por montones. En cada región dejaba catequistas para que siguieran instruyendo a la gente, y de vez en cuando les enviaba a algún jesuita para enfervorizarlos. Esas gentes nunca habían oído hablar de Jesucristo ni de sus maravillosas enseñanzas.

Francisco se esmeraba por asemejarse lo más posible a la vida pobre de las gentes que le escuchaban. Comía como ellos, simplemente arroz. En vez de bebidas finas sólo tomaba agua. Dormía en una pobre choza, en el suelo. Se ganaba la simpatía de los niños y a ellos les enseñaba las bellas historias de la S. Biblia, recomendándoles que cada uno las contara en su propia casa, y así el mensaje de nuestra religión llegaba a muchos sitios.

Visitó muchas islas y en cada una de ellas enseñó la religión cristiana. Sus viajes eran penosos y sumamente duros, pero escribía: “En medio de todas estas penalidades e incomodidades, siento una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de las duras condiciones materiales y de la guerra que me hacen los enemigos de la religión”. Podría repetir la frase de San Pablo: “Sobreabundo en gozo en medio de mis tribulaciones”.

Dispuso irse a misionar al Japón pero resultó que allá lo despreciaban porque vestía muy pobremente (y en cambio en la India lo veneraban por vestir como los pobres del pueblo). Entonces se dio cuenta de que en Japón era necesario vestir con cierta elegancia. Se vistió de embajador (y en realidad el rey de Portugal le había conferido el título de embajador) y así con toda la pompa y elegancia, acompañado de un buen grupo de servidores muy elegantes y con hermosos regalos se presentó ante el primer mandatario. Al verlo así, lo recibieron muy bien y le dieron permiso para evangelizar. Logró convertir bastantes japoneses, y se quedó maravillado de la buena voluntad de esas gentes.

Su gran anhelo era poder misionar y convertir a la gran nación china. Pero allá estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa. Al fin consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a 100 kilómetros de Hong – Kong, pero allí lo dejaron abandonado, y se enfermó y consumido por la fiebre, en un rancho tan maltrecho, que el viento entraba por todas partes, murió el tres de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús. Tenía sólo 46 años. A su entierro no asistieron sino un catequista que lo asistía, un portugués y dos negros.

Cuando más tarde quisieron llevar sus restos a Goa, encontraron su cuerpo incorrupto (y así se conserva). Francisco Javier fue declarado santo por el Sumo Pontífice en 1622 (junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Felipe y San Isidro).

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Francisco_Javier.htm)

Santa Bibiana

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¡Oh! Santa Bibiana, vos sois la hija del Dios de la vida
y su amada santa, que víctima fuisteis de la persecución
de Julián el Apóstata y que éste, os obligó a apostatar
de vuestra fe, encerrándoos en la cárcel. Vos, así os
enfrentasteis al gobernador con valor y arrojo, hasta
que os ataron a una columna y os flagelaron y jamás
desististeis de vuestra fe. Así, mataron vuestro cuerpo,
pero vuestra alma, intacta voló a su único Amo: ¡Dios!,
quien os coronó, con corona de luz y de eternidad, como
premio a vuestra entrega de amor, fe, valor y constancia.
Bernini, os representa con los instrumentos de vuestro martirio
y que, os dieron la vida: la columna donde fuisteis flagelada,
los azotes, la corona del martirio y vuestra sonrisa eterna.
Hoy, tenéis una Iglesia, sobre el monte Esquilino cosntruida
por Simplicio Papa  y restaurada por Urbano Papa en cuyo
pórtico se lee: “juxta Licinianum ubi corpus eius requiescit”,
Patrona de los que sufren crisis nerviosa, dolores de cabeza,
epilépticos y enfermos mentales. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh!, Santa Bibiana, “vivo amor por el Dios de la Vida y el Amor”.

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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2 de Diciembre
Santa Bibiana (Viviana)
Mártir

Martirologio Romano: En Roma, santa Bibiana, mártir, a quien el papa san Simplicio dedicó una basílica en el Esquilino (s. inc.).

Santa Bibiana es de las últimas víctimas de la persecución anticristiana de Julián el Apóstata (361-363). En una Passio Sanctae Bibianae, no anterior al siglo VII, se lee que el gobernador Aproniano, después de haber hecho asesinar a Fausto y a Dafrosa, seguro de poderse adueñar de su patrimonio, trató de obligar a la apostasía a las jóvenes hijas de los mártires. Encerradas en la cárcel, Demetria murió antes de la terrible prueba. Bibiana, impávida y resuelta, enfrentó al gobernador, que, para debilitar su resistencia la confió inútilmente a una alcahueta. Entonces ordenó que Bibiana fuera atada a una columna y flagelada.

Llena de llagas por todo el cuerpo, finalmente la joven mártir entregó su alma a Dios. Echaron su cuerpo a los perros, pero unos cristianos lo rescataron y le dieron sepultura junto a la tumba de sus padres y de la hermana, cerca de su casa, en donde pronto construyeron una capilla y más tarde la actual basílica, sobre el monte Esquilino. De esto da cuenta el biógrafo del Papa Simplicio (468-83), atribuyendo a este pontífice la construcción de la basílica en honor de la bienaventurada mártir Bibiana “juxta Licinianum ubi corpus eius requiescit”.

(https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=447)

Domingo I (A) de Adviento

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Día litúrgico: Domingo I (A) de Adviento
Ver 1ª Lectura y Salmo

Texto del Evangelio (Mt 24, 37-44): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.

»Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».

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«Velad (…) porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas
(Chachapoyas, Perú)

Hoy, «como en los días de Noé», la gente come, bebe, toma marido o mujer con el agravante de que el hombre toma hombre, y la mujer, mujer (cf. Mt 24,37-38). Pero hay también, como entonces el patriarca Noé, santos en la misma oficina y en el mismo escritorio que los otros. Uno de ellos será tomado y el otro dejado porque vendrá el Justo Juez.

Se impone vigilar porque «sólo quien está despierto no será tomado por sorpresa» (Benedicto XVI). Debemos estar preparados con el amor encendido en el corazón, como la antorcha de las vírgenes prudentes. Se trata precisamente de eso: llegará el momento en que se oirá: «¡Ya está aquí el esposo!» (Mt 25,6), ¡Jesucristo!

Su llegada es siempre motivo de gozo para quien lleva la antorcha prendida en el corazón. Su venida es algo así como la del padre de familia que vive en un país lejano y escribe a los suyos: —Cuando menos lo esperen, les caigo. Desde aquel día todo es alegría en el hogar: ¡Papá viene! Nuestro modelo, los Santos, vivieron así, “en la espera del Señor”.

El Adviento es para aprender a esperar con paz y con amor, al Señor que viene. Nada de la desesperación o impaciencia que caracteriza al hombre de este tiempo. San Agustín da una buena receta para esperar: «Como sea tu vida, así será tu muerte». Si esperamos con amor, Dios colmará nuestro corazón y nuestra esperanza.

Vigilen porque no saben qué día vendrá el Señor (cf. Mt 24,42). Casa limpia, corazón puro, pensamientos y afectos al estilo de Jesús. Benedicto XVI explica: «Vigilar significa seguir al Señor, elegir lo que Cristo eligió, amar lo que Él amó, conformar la propia vida a la suya». Entonces vendrá el Hijo del hombre… y el Padre nos acogerá entre sus brazos por parecernos a su Hijo.

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«En los días que precedieron al diluvio, comían, bebían (…). Velad, pues, (…) también vosotros estad preparados»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, en este domingo, comenzando el tiempo de Adviento, inauguramos a la vez un nuevo año litúrgico. Esta circunstancia la podemos tomar como una invitación a renovarnos en algún aspecto de nuestra vida (espiritual, familiar, etc.).

De hecho, necesitamos vivir la vida, día a día, mes a mes, con un ritmo y una ilusión renovados. Así alejamos el peligro de la rutina y del tedio. Este sentido de renovación permanente es la mejor manera de estar alerta. Sí, ¡hay que estar alerta!: es uno de los mensajes que el Señor nos transmite a través de las palabras del Evangelio de hoy.

Hay que estar alerta, en primer lugar, porque el sentido de la vida terrenal es el de una preparación para la vida eterna. Este tiempo de preparación es un don y una gracia de Dios: Él no quiere imponernos su amor ni el cielo; nos quiere libres (que es el único modo de amar). Preparación que no sabemos cuándo acabará: «Anunciamos el advenimiento de Cristo, y no solamente uno, sino también otro, el segundo (…), porque este mundo de ahora terminará» (San Cirilo de Jerusalén). Hay que esforzarse por mantener la actitud de renovación y de ilusión.

En segundo lugar, conviene estar alerta porque la rutina y el acomodamiento son incompatibles con el amor. En el Evangelio de hoy el Señor recuerda cómo en tiempos de Noé «comían, bebían» y «no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos» (Mt 24,38-39). Estaban “entretenidos” y —ya hemos dicho— que nuestro paso por la tierra ha de ser un tiempo de “noviazgo” para la maduración de nuestra libertad: el don que nos ha sido otorgado no para librarnos de los demás, sino para darnos a los demás.

«Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre» (Mt 24,37). La venida de Dios es el gran acontecimiento. Dispongámonos a acogerlo con devoción: «¡Ven Señor Jesús».

(http://evangeli.net/evangelio/dia/2019-12-01)

La Teología del Adviento: Esperanza, Conversión, Alegría y Compromiso

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La Teología del Adviento: Esperanza, Conversión, Alegría y Compromiso

Para entender la Teología del Adviento tenemos que mirar el pasado y el futuro, para luego poner manos en el presente

Debemos estudiar la teología del Adviento para comprender lo que es el tiempo de Adviento. La celebración del Adviento es una de las más hermosas tradiciones de la Iglesia y también una de las temporadas más importantes que celebramos los católicos y también algunas otras denominaciones cristianas. El Adviento marca el período de aproximadamente un mes de duración con una observancia especial de recojimiento esperando la llegada del Niño Dios.

La palabra Adviento viene de una palabra en latin (adventus) que siginifica para “arrivo”, “llegada”, es como una especie de cuenta regresiva en la que todos los cristianos practicamos la piedad y el silenciamiento del alma para recibir la Navidad con un espíritu de verdadera adoración.

A continuación, extraído de una guía para vivir el Adviento y la navidad, realizada por Antonio Danoz, te mostramos la teología del Adviento que debes tener en cuenta en este tiempo maravilloso que celebramos para recibir al Señor.

La Teología del Adviento

Para entender el Adviento vamos a explicar 3 actitudes fundamentales que necesitamos saber.
1. Dirigir la mirada al futuro.

La espera del retorno glorioso de Jesús. El Llamado es a Mantener viva la esperanza

Este Jesús que nació en Belén volverá al final de los tiempos. El primer Adviento que vivieron los cristianos, como hemos indicado, fue “la espera del retorno glorioso” de Jesús al final de los tiempos.

Esta espera fue la que motivó, entre otras cosas, las primeras cartas de San Pablo a los fieles de Tesalónica, unos veinte años después de la muerte y resurrección de Jesús.

San Pablo les asegura que el Señor vendrá, pero “que nadie en modo alguno les desoriente” (2 Tes 2,3)

Esta tensión entre el “hoy” de nuestra existencia y el “día del Señor” que no ha llegado, convierte la vida cristiana en un “adviento” permanente.

La celebración litúrgica del Adviento durante los primeros siglos, convoca a los cristianos a mantener viva la esperanza.

“El Adviento tiene una doble índole: Es tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo, se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos”.(Calendario Romano)

2. Volver los ojos al pasado.

En la Espera del Nacimiento del Salvador. El Llamado es a la Conversión y a la alegría verdadera.

Hay un hecho que ya aconteció: Jesús nació en “la humildad de nuestra carne” en Belén en los tiempos de Herodes. Este hecho, según los evangelios, sucedió en Belén de Judá

En un segundo momento, el Adviento se orienta hacia la celebración litúrgica de la Navidad. En este caso, el centro del interés es el Nacimiento de Jesús, el Salvador tantos siglos esperado. De hecho, se trata de un tiempo de preparación espiritual especial a la celebración del misterio salvífico del Nacimiento del Salvador

Nos encontramos ante una pequeña “cuaresma”, actualmente de cuatro semanas, en la que se mezcla la invitación a la alegría y el llamado a la conversión.

La alegría aparece en el texto de Isaías del miércoles de la primera semana: “Este es Yahvé en quien esperábamos; alegrémonos, saltemos de gozo por su salvación” (Is 25,9).

El llamado a la conversión resuena en la voz de Juan Bautista: “Conviértanse, que ha llegado el Reino de los Cielos” (Mt 3,2)

3. Situarnos en el presente.

El “hoy” de la salvación. El Llamado es al compromiso de hacer realidad el Reino de Dios entre los hombres aquí y ahora.

El “hoy” forma parte de la teología del Adviento. El Adviento no es un tiempo para la nostalgia de algo que hace tiempo sucedió. Tampoco es el anuncio de una utopía desmotivadora, porque sabe Dios cuándo se cumplirá.

El Adviento es un tiempo para el compromiso de hacer realidad aquí y ahora el Reino de la justicia, de paz, de armonía universal que Isaías anunció para los tiempos mesiánicos (Is 11,6-9)

Adviento es el tiempo de poner manos a la obra para crear esa “nueva tierra”, donde “no habrá más muerte ni luto, ni llanto ni dolor… ; y no habrá más lugar para asesinos, lujuriosos, idólatras, mentirosos” (Ap 21,4.8). Así se está haciendo realidad la esperanza.

El nacimiento de Jesús de la Virgen María y la tensa espera de su retorno, nos exige ser hoy testigos vivientes de la salvación que Dios nos ofrece en Jesús, que nació y vivió entre nosotros. A través de la celebración, se está haciendo ya realidad lo que esperamos

La acción salvadora de Dios que se inicia en la encarnación y nacimiento de Jesús, llega a su plenitud en el misterio pascual

“Al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo, y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la plenitud de su gloria, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar”. (I Prefacio de Adviento)

(https://www.pildorasdefe.net/aprender/fe/La-Teologia-del-Adviento-Esperanza-Conversion-Alegria-y-Compromiso)