San Dámaso I, Papa

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11 de diciembre
San Dámaso I, Papa
XXXVII Pontífice

¡Oh!, San Dámaso, vos sois, el hijo del Dios de la vida y
que, humilde como erais, os sentisteis maravillado
por el obrar de tantos santos y mártires, que sus vidas
dieron por la causa de Cristo, Dios y Señor Nuestro;
y que vos mismo, sus epitafios redactasteis en cada
una de sus tumbas, para que sus vidas, conocidas fueran
por la posteridad, en los cientos de miles de hombres
que clamaron y claman hoy y siempre, sus intercesiones.
Para vos, más y mayor manjar, no existió jamás,
que la lectura de la Santa Biblia, de donde bebisteis
sabiduría a manos llenas y, que luego, diseminasteis
en cada palabra que de vuestro humilde corazón salía,
en cada evangelizador sermón. En la cripta de los Papas
de las catacumbas de San Calixto, vos añadisteis: “Aqui,
yo, Dámaso, desearía fueran enterrados mis restos,
pero temo turbar las piadosas cenizas de los mártires”.
San Jerónimo, vuestro amado secretario, dijo que vos, os
marchasteis de éste mundo, casi a los ochenta años y
enterrado en la tumba que vos, mismo os preparasteis,
lejos de las gloriosas cenizas de los mártires, pero,
vuestra prístina alma, voló al cielo, para corona de luz
recibir, com justo premio a vuestra entrega de amor;
¡Oh!, San Dámaso; “vivo defensor de la fe de Cristo Jesús”.

© 2017 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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Por: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

Martirologio Romano: San Dámaso I, papa de origen hispano, que en los difíciles tiempos en que vivió, reunió muchos sínodos para defender la fe de Nicea contra cismas y herejías, procuró que san Jerónimo tradujera al latín los libros sagrados y veneró piadosamente los sepulcros de los mártires, adornándolos con inscripciones († 384).
Breve Biografía

San Dámaso, de origen español, nació hacia el año 305. Su pontificado comprende desde el año 366 al 384. Fue diácono de la Iglesia de Roma durante el pontificado del Papa Liberio.

Su elevación a la cátedra de Pedro no se vio exenta de contrastes debido a los enfrentamientos de los dos partidos contrapuestos. Pero los frutos de su pontificado no se dejaron esperar. Ignorando las amenazas imperiales, depuso a los obispos que se habían adherido al arrianismo y condujo a la Iglesia a la unidad de la doctrina. Estableció el principio de que la comunión con el obispo de Roma es signo de reconocimiento de un católico y de un obispo legítimo.

Durante su pontificado hubo una explosión de ritos, de oraciones, de predicaciones, con nuevas instituciones litúrgicas y catequéticas que alimentaron la vida cristiana. A la iniciativa de este Papa se deben los estudios para la revisión del texto de la Biblia y la nueva traducción al latín (llamada Vulgata) hecha por San Jerónimo, a quien San Dámaso escogió como secretario privado.

En estos años la Iglesia había logrado una nueva dimensión religioso-social, convirtiéndose en un componente de la vida pública. Los obispos escribían, catequizaban, amonestaban y condenaban pública y libremente.

En el año 380, con ocasión del sínodo de Roma, el Papa Dámaso expresó su agradecimiento a los jefes del imperio que habían devuelto a la Iglesia la libertad de administrarse por sí misma. Con esta libertad conquistada, los antiguos lugares de oración como las catacumbas se habrían arruinado si este extraordinario hombre de gobierno no hubiera sido al mismo tiempo un poeta sensible a los antiguos recuerdos y a las gloriosas huellas dejadas por los mártires. Efectivamente, no sólo exaltó a los mártires en sus famosos “títulos” (epigramas grabados en lápidas por el calígrafo Dionisio Filocalo), sino que los honró dedicándose personalmente a la identificación de sus tumbas y a la consolidación de las criptas en donde se guardaban sus reliquias.

En la cripta de los Papas de las catacumbas de San Calixto, él añadió: “Aqui, yo, Dámaso, desearía fueran enterrados mis restos, pero temo turbar las piadosas cenizas de los mártires”. San Jerónimo sostiene que el Papa Dámaso murió casi a los ochenta años. Fue enterrado en la tumba que él mismo se había preparado, humildemente alejada de las gloriosas cenizas de los mártires, sobre la vía Ardeatina. Más tarde sus restos mortales fueron trasladados a la iglesia de San Lorenzo.

(http://es.catholic.net/op/articulos/31796/dmaso-i-santo.html)

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