Santa Lidia

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¡Oh!, Santa Lidia, vos, sois, la hija del Dios de la vida y
su amada santa. Vuestra familia, por increíble que parezca
la primera fue en convertirse al cristianismo, para luego
ser bautizada. Vos, erais una comerciante de púrpuras muy
rica y famosa y que, vuestra fortuna, la usasteis con mucha
sabiduría, compartiéndola con los necesitados y con quienes
trabajabais, entendiendo que, el valor real de la riqueza,
en la forma en que la usasteis reside, no, en cuánto uno posee
sino, con quien se la comparte. A vos, os llevó a la gloria
el encuentro con San Pablo Apóstol y San Lucas “el evangelista”,
pues, por su certera y luminosa prédica, os convertisteis. A
ellos, también los invitasteis a que vivieran en vuestra casa,
mientras durara su santa predicación en aquél lugar. Por ello
y vuestro amor obra hecho, el cielo ganasteis y vuestra alma,
cuando alzó vuelo, fue coronada con corona de luz, como justo
premio a vuestra entrega de amor y fe. ¡Aleluya! Aleluya!
¡oh!, santa Lidia, “vivo amor por el Dios de la Misericordia”.

© 2017 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Agosto
Santa Lidia

Martirologio Romano: Conmemoración de santa Lidia de Tiatira, vendedora de púrpura, que fue la primera que creyó en el Evangelio en Filipos, en Macedonia, cuando lo predicó el apóstol san Pablo (s. I)

Era natural de Tiatira, ciudad de Ásia, pero vivía en Filipos (Macedonia). Su familia fue la primera en Europa en convertirse al cristianismo y ser bautizada. Lidia era una comerciante de púrpuras. Eso podría no significar mucho para nosotros hoy en día, pero en el siglo primero eso significaba que era una mujer muy rica. Dado que el tinte de la púrpura se extraía con muchas dificultades de cierto molusco, sólo una elite podía permitirse tener telas teñidas de ese color.

Una mercader que vendiera ese tinte tan extremadamente costoso era rica, se mirase como se mirase. No hay indicaciones de que Lidia abandonara su negocio tras convertirse al cristianismo. Pero hay muchas pruebas de que utilizó su fortuna sabiamente, compartiéndolas con los necesitados y con quienes trabajaban con ella. Entendió que el valor real de la riqueza reside en el modo en que la usas, no en cuánto tienes.

Se sabe que llegó en un barco de los de entonces de la Grecia de Asia y se instaló en Filipos. La razón no fue otra que ser un buen puerto en el mar Egeo, ya que era muy conocido en aquellos años por su magnífico comercio en tejidos y en púrpura. Pero no fue la abundancia de piezas, ni la facilidad de transporte lo que a Lydia le engrandeció y le devolvió aún más la alegría que llevaba en su corazón de joven guapa.

Lo que verdaderamente le llevó a la gloria de su triunfo personal fue el encuentro con el apóstol San Pablo y el evangelista San Lucas, y por la predicación de ellos se convirtió esta mujer. Tanta fue la amistad que les unió que ella misma los invitó a que vivieran en su casa mientras que duró su predicación en aquella ciudad.

(http://es.catholic.net/op/articulos/37305/lidia-de-tiatira-santa.html)

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