Santa Carolina

¡Oh!, Santa Carolina, vos, sois la hija del Dios de la vida y
su amada santa, que mérito disteis al significado de vuestro
nombre: “magnánima”, en plena revolución francesa,
pues, siendo beata carmelita os llevaron de Compiège a
París, en pleno terror, en compañía de vuestras hermanas.
Vos, en aquél momento erais decana, y teníais setenta y
nueve años de edad. Doscientos años cumplidos hace
poco, de vuestro cruento sacrificio, y claro, vuestra santa
memoria, brillando sigue en el santo cielo, y vuestro amor,
contagió y contagia a todos los creyentes, pues, con vuestra
sangre, regasteis esta tierra y la llenasteis con virtud y
amor al Dios vivo. Vos, y vuestras hermanas, vivíais a la vida
de oración, al trabajo y al apostolado, sin hacer daño alguno
a nadie, pero, las turbas de pronto se lanzaron contra vos,
y vuestras santas vidas, y por increíble que parezca, todas
con vos, a la cabeza, y, con la confianza en Dios puesta,
marchasteis felices al martirio: la cruel guillotina en la plaza
del Trono, para que luego, os dieran cristiana sepultura en el
cementerio de Picpus. Y, así e imitando a Cristo, pues Él,
se abandonó en los brazos de Dios, a la hora de su muerte,
rezasteis: “esto es, en ti pongo toda mi vida”. Y, sí, la vida
os quitaron pero jamás vuestras almas, que, a los brazos
de Dios, volaron, para recibir, corona de luz eterna, como
premio justo a vuestra entrega grande e increíble de amor;
¡oh!, Santa Carolina, “vívido amor y fe en Cristo Jesús “.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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17 de Julio
Santa Carolina
Año 1794

Etimológicamente significa “magnánima”. Viene de la lengua alemana. Cristo se abandonó en Dios a la hora de morir en la cruz. Rezó diciendo: “esto es, en ti pongo toda mi vida”. Esta es una oración de plena confianza. Si alguna vez te encuentras decaído, dila a menudo hasta tanto salgas de tu mal bache.

El mérito de Carolina

Estamos en plena Revolución francesa. Concretamente en el año 1794. Las beatas carmelitas de Compiège son llevadas de este lugar a París, en la época del terror más exacerbado que uno se pueda imaginar. Estas hermanas vivían en su convento entregadas a la vida de oración, al trabajo y al apostolado.

¿Qué daño hacían? Ninguno. Pero las turbas se lanzaron contra ellas y sus inocentes vidas. Siempre se persigue la religión cuando se aleja Dios de la sociedad y de los corazones de los dirigentes.

Con sus caras de felicidad y, con la confianza en Dios – tal como él hizo en la cruz – iban derechas al lugar de los tormentos: la vil guillotina en la plaza del Trono parisina. Después fueron enterradas en el cementerio de Picpus.

La decana de estas hermanas se llamaba carolina. Tenía 79 años. Había nacido en Anne-Marie-Thouret y era originaria de Mouy-sus –Oise. Cuando hace algunos años se cumplieron los 200 años fatídicos de aquellos días, la hermana Carolina resplandece en el cielo y ante la contemplación de todos los creyentes como una flor que, aunque madura por la vida, sigue expandiendo por todas partes el perfume de su virtud y de su entrega a Dios con su propio martirio.

Autor: Padre Felipe Santos Campaña SDB

(http://www.autorescatolicos.org/felipesantossantacarolina.htm)

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