San Ignacio de Loyola

¡Oh!, San Ignacio de Loyola, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, y que, Pamplona, vuestra
tierra defendisteis, hasta herido caer, y convaleciente,
obró la divina providencia en vos, y así, en amante
de la teología os convertisteis de un momento a otro,
tanto, que gustabais de las lecturas de piadosos
libros. Y, allí, descubristeis, en la vida de Jesús, y
en la lectura de la vida de los Santos, vuestra vocación
verdadera. Interiores y constantes luchas os acosaron,
entre piadosos deseos y los del mundo, hasta que, a los
primeros venciendo, escogisteis, poneros al servicio
de la fe, en un apostolado prístino. Así, nuevamente la
providencia divina, hizo carne y os dirigió al Santuario
de Nuestra Señora de Montserrat, y, haciendo confesión
sincera, vuestra espada y vuestras ropas de combatiente
a sus pies santos dejasteis, haciendo votos de pobreza,
una vida comenzasteis, de oración y penitencia llenas,
dedicándoos en cuerpo y alma, a amar a Dios, sobre todas
las cosas. Con vuestros santos escritos y con vuestros
discípulos Pedro Fabro, Francisco Javier, Laínez, Salnerón,
Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla, y, con vos, a la cabeza,
la “Compañía de Jesús”, fundasteis, en especial día: el
de de la Asunción de María, y con la cual, intensamente
trabajasteis por la reforma de Nuestra Santa Madre Iglesia.
Vuestro libro “Ejercicios Espirituales”, preciosa joya es,
para domar el alma y alejar los sentidos del mundo. Vuestra
obra, llena de portentos, continúa hoy, y poderosa se yergue
y expande, por todo el orbe de la tierra, tal y conforme,
lo había ya, sentenciado Jesús, Dios y Señor Nuestro. Y,
vos, que vuestra santa vida la gastasteis hasta el fin, y
entregasteis vuestra alma al cielo, recibisteis corona
de gloria, como premio a vuestra entrega de amor y fe;
“Santo Patrono de los ejercicios espirituales del mundo”;
¡oh!, San Ignacio de Loyola, “amor, pluma y luz de Cristo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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31 de Julio
San Ignacio de Loyola
Fundador de los Jesuitas
Año 1556

San Ignacio: ruégale a Dios por todos los que como tí deseamos extender el Reino de Cristo, y hacer amar más a nuestro Divino Salvador.
“Todo para mayor Gloria de Dios” (San Ignacio)

San Ignacio nació en 1491 en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa, norte de España, cerca de los montes Pirineos que están en el límite con Francia. Su padre Bertrán De Loyola y su madre Marina Sáenz, de familias muy distinguidas, tuvieron once hijos: ocho varones y tres mujeres. El más joven de todos fue Ignacio. El nombre que le pusieron en el bautismo fue Iñigo.

Entró a la carrera militar, pero en 1521, a la edad de 30 años, siendo ya capitán, fue gravemente herido mientras defendía el Castillo de Pamplona. Al ser herido su jefe, la guarnición del castillo capituló ante el ejército francés. Los vencedores lo enviaron a su Castillo de Loyola a que fuera tratado de su herida. Le hicieron tres operaciones en la rodilla, dolorosísimas, y sin anestesia; pero no permitió que lo atasen ni que nadie lo sostuviera. Durante las operaciones no prorrumpió ni una queja. Los médicos se admiraban. Para que la pierna operada no le quedara más corta le amarraron unas pesas al pie y así estuvo por semanas con el pie en alto, soportando semejante peso. Sin embargo quedó cojo para toda la vida.

A pesar de esto Ignacio tuvo durante toda su vida un modo muy elegante y fino para tratar a toda clase de personas. Lo había aprendido en la Corte en su niñez. Mientras estaba en convalecencia pidió que le llevaran novelas de caballería, llenas de narraciones inventadas e imaginarias. Pero su hermana le dijo que no tenía más libros que “La vida de Cristo” y el “Año Cristiano”, o sea la historia del santo de cada día. Y le sucedió un caso muy especial. Antes, mientras leía novelas y narraciones inventadas, en el momento sentía satisfacción pero después quedaba con un sentimiento horrible de tristeza y frustración . En cambio ahora al leer la vida de Cristo y las Vidas de los santos sentía una alegría inmensa que le duraba por días y días. Esto lo fue impresionando profundamente.

Y mientras leía las historias de los grandes santos pensaba: “¿Y por qué no tratar de imitarlos? Si ellos pudieron llegar a ese grado de espiritualidad, ¿por qué no lo voy a lograr yo? ¿Por qué no tratar de ser como San Francisco, Santo Domingo, etc.? Estos hombres estaban hechos del mismo barro que yo. ¿Por qué no esforzarme por llegar al grado que ellos alcanzaron?”. Y después se iba a cumplir en él aquello que decía Jesús: “Dichosos los que tienen un gran deseo de ser santos, porque su deseo se cumplirá” (Mt. 5,6), y aquella sentencia de los psicólogos: “Cuidado con lo que deseas, porque lo conseguirás”.

Mientras se proponía seriamente convertirse, una noche se le apareció Nuestra Señora con su Hijo Santísimo. La visión lo consoló inmensamente. Desde entonces se propuso no dedicarse a servir a gobernantes de la tierra sino al Rey del cielo. Apenas terminó su convalecencia se fue en peregrinación al famoso Santuario de la Virgen de Monserrat. Allí tomó el serio propósito de dedicarse a hacer penitencia por sus pecados. Cambió sus lujosos vestidos por los de un pordiosero, se consagró a la Virgen Santísima e hizo confesión general de toda su vida.

Y se fue a un pueblecito llamado Manresa, a 15 kilómetros de Monserrat a orar y hacer penitencia, allí estuvo un año. Cerca de Manresa había una cueva y en ella se encerraba a dedicarse a la oración y a la meditación. Allá se le ocurrió la idea de los Ejercicios Espirituales, que tanto bien iban a hacer a la humanidad. Después de unos días en los cuales sentía mucho gozo y consuelo en la oración, empezó a sentir aburrimiento y cansancio por todo lo que fuera espiritual. A esta crisis de desgano la llaman los sabios “la noche oscura del alma”. Es un estado dificultoso que cada uno tiene que pasar para que se convenza de que los consuelos que siente en la oración no se los merece, sino que son un regalo gratuito de Dios.

Luego le llegó otra enfermedad espiritual muy fastidiosa: los escrúpulos. O sea el imaginarse que todo es pecado. Esto casi lo lleva a la desesperación. Pero iba anotando lo que le sucedía y lo que sentía y estos datos le proporcionaron después mucha habilidad para poder dirigir espiritualmente a otros convertidos y según sus propias experiencias poderles enseñar el camino de la santidad. Allí orando en Manresa adquirió lo que se llama “Discreción de espíritus”, que consiste en saber determinar qué es lo que le sucede a cada alma y cuáles son los consejos que más necesita, y saber distinguir lo bueno de lo malo. A un amigo suyo le decía después: “En una hora de oración en Manresa aprendí más a dirigir almas, que todo lo que hubiera podido aprender asistiendo a universidades”.

En 1523 se fue en peregrinación a Jerusalén, pidiendo limosna por el camino. Todavía era muy impulsivo y un día casi ataca a espada a uno que hablaba mal de la religión. Por eso le aconsejaron que no se quedara en Tierra Santa donde había muchos enemigos del catolicismo. Después fue adquiriendo gran bondad y paciencia. A los 33 años empezó como estudiante de colegio en Barcelona, España. Sus compañeros de estudio eran mucho más jóvenes que él y se burlaban mucho. El toleraba todo con admirable paciencia. De todo lo que estudiaba tomaba pretexto para elevar su alma a Dios y adorarlo.

Después pasó a la Universidad de Alcalá. Vestía muy pobremente y vivía de limosna. Reunía niños para enseñarles religión; hacía reuniones de gente sencilla para tratar temas de espiritualidad, y convertía pecadores hablándoles amablemente de lo importante que es salvar el alma. Lo acusaron injustamente ante la autoridad religiosa y estuvo dos meses en la cárcel. Después lo declararon inocente, pero había gente que lo perseguía. El consideraba todos estos sufrimientos como un medio que Dios le proporcionaba para que fuera pagando sus pecados. Y exclamaba: “No hay en la ciudad tantas cárceles ni tantos tormentos como los que yo deseo sufrir por amor a Jesucristo”.

Se fue a Paris a estudiar en su famosa Universidad de La Sorbona. Allá formó un grupo con seis compañeros que se han hecho famosos porque con ellos fundó la Compañía de Jesús. Ellos son: Pedro Fabro, Francisco Javier, Laínez, Salnerón, Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla. Recibieron doctorado en aquella universidad y daban muy buen ejemplo a todos. Los siete hicieron votos o juramentos de ser puros, obedientes y pobres, el día 15 de Agosto de 1534, fiesta de la Asunción de María. Se comprometieron a estar siempre a las órdenes del Sumo Pontífice para que él los emplease en lo que mejor le pareciera para la gloria de Dios.

Se fueron a Roma y el Papa Pablo III les recibió muy bien y les dio permiso de ser ordenados sacerdotes. Ignacio, que se había cambiado por ese nombre su nombre antiguo de Íñigo, esperó un año desde el día de su ordenación hasta el día de la celebración de su primera misa, para prepararse lo mejor posible a celebrarla con todo fervor. San Ignacio se dedicó en Roma a predicar Ejercicios Espirituales y a catequizar al pueblo. Sus compañeros se dedicaron a dictar clases en universidades y colegios y a dar conferencias espirituales a toda clase de personas. Se propusieron como principal oficio enseñar la religión a la gente.

En 1540 el Papa Pablo III aprobó su comunidad llamada “Compañía de Jesús” o “Jesuitas”. El Superior General de la nueva comunidad fue San Ignacio hasta su muerte. En Roma pasó todo el resto de su vida. Era tanto el deseo que tenía de salvar almas que exclamaba: “Estaría dispuesto a perder todo lo que tengo, y hasta que se acabara mi comunidad, con tal de salvar el alma de un pecador”. Fundó casas de su congregación en España y Portugal. Envió a San Francisco Javier a evangelizar el Asia. De los jesuitas que envió a Inglaterra, 22 murieron martirizados por los protestantes. Sus dos grandes amigos Laínez y Salmerón fueron famosos sabios que dirigieron el Concilio de Trento. A San Pedro Canisio lo envió a Alemania y este santo llegó a ser el más célebre catequista de aquél país. Recibió como religioso jesuita a San Francisco de Borja que era rico político, gobernador, en España. San Ignacio escribió más de 6 mil cartas dando consejos espirituales.

El Colegio que San Ignacio fundó en Roma llegó a ser modelo en el cual se inspiraron muchísimos colegios más y ahora se ha convertido en la célebre Universidad Gregoriana. Los jesuitas fundados por San Ignacio llegaron a ser los más sabios adversarios de los protestantes y combatieron y detuvieron en todas partes al protestantismo. Les recomendaba que tuvieran mansedumbre y gran respeto hacia el adversario pero que se presentaran muy instruidos para combatirlos. El deseaba que el apóstol católico fuera muy instruido.

El libro más famoso de San Ignacio se titula: “Ejercicios Espirituales” y es lo mejor que se ha escrito acerca de como hacer bien los santos ejercicios. En todo el mundo es leído y practicado este maravilloso libro. Duró 15 años escribiéndolo. Su lema era: “Todo para mayor gloria de Dios”. Y a ello dirigía todas sus acciones, palabras y pensamientos: A que Dios fuera más conocido, más amado y mejor obedecido. En los 15 años que San Ignacio dirigió a la Compañía de Jesús, esta pasó de siete socios a más de mil. A todos y cada uno trataba de formarlos muy bien espiritualmente.

Como casi cada año se enfermaba y después volvía a obtener la curación, cuando le vino la última enfermedad nadie se imaginó que se iba a morir, y murió súbitamente el 31 de julio de 1556 a la edad de 65 años. En 1622 el Papa lo declaró Santo y después Pío XI lo declaró Patrono de los Ejercicios Espirituales en todo el mundo. Su comunidad de Jesuitas es la más numerosa en la Iglesia Católica.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/ignacio_de_loyola.htm)

San Pedro Crisólogo

¡Oh!, San Pedro Crisólogo; vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, aquél que, honor hizo,
al significado de vuestro nombre: “el que habla muy
bien”. Y, sí, pues, a convertiros llegasteis en uno
de los más famosos oradores de vuestro tiempo, tanto
que, los paganos de entonces, convertidos fueron
por vuestro hablar dulce, conciso, sencillo y práctico,
pues, explicabais claramente sobre la fe y la verdad,
que en el Dios único y verdadero reposa por siempre.
Y, por ello, la gente, os admiraba, por vuestro mensaje
breve y directo que llegaba al corazón. La comunión
frecuente, recomendabais y los exhortabais a hacer
de la Eucaristía Sagrada, su alimento semanal. En los
dos meses más calurosos del verano de predicar dejabais
y los explicabais así: “en este tiempo de calores tan
bochornosos no les predico, porque ustedes se apretujan
mucho para escucharme y con estas temperaturas tan altas
llegan los ahogos y trastornos, y después le echan toda
la culpa de ello a mis sermones”. Hasta hoy, vuestra escencia
acompaña en vuestros sermones que guardamos, como
prueba de vuestro amor a nuestra Santa Madre Iglesia
Católica. Y, así, y luego de haberos gastado por el reino
de los cielos, entregando vuestra santa vida, partisteis a
la morada del Padre eterno, para justo premio recibir y
coronado ser con corona de luz, como justo premio a vuestra
entrega increible de amor, santísimo predicador de Dios;
¡oh!, Pedro Crisólogo, “vivo predicador de la luz y la verdad”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de Julio
San Pedro Crisólogo
Doctor
Año 451

Crisólogo significa: el que habla muy bien. Este santo ha sido uno de los oradores más famosos de la Iglesia Católica. Nació en Imola (Italia) y fue formado por Cornelio obispo de esa ciudad, por el cual conservó siempre una gran veneración. Este santo prelado lo convenció de que en el dominio de las propias pasiones y en el rechazar los malos deseos reside la verdadera grandeza, y que este es un medio seguro para conseguir las bendiciones de Dios. Pedro gozó de la amistad del emperador Valentiniano y de la madre de este, Plácida, y por recomendación de ellos los dos, fue nombrado Arzobispo de Ravena (la ciudad donde vivía el emperador). También gozó de la amistad del Papa San León Magno.

Cuando empezó a ser arzobispo de Ravena, había en esta ciudad un gran número de paganos. Y trabajó con tanto entusiasmo por convertirlos, que cuando él murió ya eran poquísimos los paganos o no creyentes en esta capital. A la gente le agradaban mucho sus sermones (y por eso le pusieron el sobrenombre de crisólogo, o sea: el que habla muy bien). Su modo de hablar era conciso, sencillo y práctico. Sabía explicar muy claramente las principales verdades de la fe. A ratos se entusiasmaba tanto mientras predicaba, que la misma emoción le impedía seguir hablando, y el público se contagiaba de su entusiasmo y empezaban muchos a llorar. En los dos meses más calurosos del verano dejaba de predicar y explicaba así jocosamente a sus oyentes el porqué de esta determinación: “en este tiempo de calores tan bochornosos no les predico, porque ustedes se apretujan mucho para escucharme y con estas temperaturas tan altas llegan los ahogos y trastornos, y después le echan toda la culpa de ello a mis sermones”. La gente se admiraba de que en predicaciones bastante breves, era capaz de resumir las doctrinas más importantes de la fe. Se conservan de él, 176 sermones, muy bien preparados y cuidadosamente redactados.

Por su gran sabiduría al predicar y escribir, fue nombrado Doctor de la Iglesia, por el Papa Benedicto XIII.

Recomendaba mucho la comunión frecuente y exhortaba a sus oyentes a convertir la Sagrada Eucaristía en su alimento de todas las semanas. Murió el 30 de julio del año 451. Quiera nuestro buen Dios concedernos que muchos predicadores y catequistas de nuestro tiempo merezcan también el apelativo de Crisólogos: los que hablan muy bien.

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. (Lc, 8, 21)

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Pedro_Crisólogo.htm)

Santa Marta de Betania

¡Oh!, Santa Marta, vos, sois la hija del Dios de la vida
y su amada santa, la misma que, habéis hecho honor
al significado de vuestro nombre: “señora y jefe de hogar”.
Los escritos sobre vos, en el Sagrado Libro, dicen que
Jesús, os amaba, junto a María y a Lázaro, vuestros
hermanos, porque sus amigos erais de verdad. Y, vos,
recordareis, cuando preguntasteis a Jesús: “Señor, ¿cómo
os parece que mi hermana, me haya dejado a mí sola con
todo el oficio de la casa? Por qué no le dices que me
ayude un poco en esta tarea?”. Y, Él os dijo: “Marta,
Marta, os afanáis y os preocupáis por muchas cosas.
Sólo una cosa necesaria es. María ha escogido la mejor
parte, la que no le será quitada”. Y, vos, entendiendo,
también lo escuchasteis. Cuando Lázaro, murió, vos,
presta, a Él, recurristeis y Él, os dijo: “Tu hermano
resucitará”. Y, creísteis que seria al final de los
tiempos. Pero, Jesús, os dijo: “Yo soy la vida y la
resurrección. Todo el que cree en mí, aunque haya muerto
vivirá”. ¿Crees esto?. Y, respondisteis: ¡Sí Señor, yo
creo!. Y, os dijo Jesús: “¿Dónde lo han colocado?” Y,
viéndoos llorar a vos, y a vuestros sus acompañantes,
Él, lloró también y las gentes decían: “Mirad cómo lo
amaba”. La piedra quitaron y dijisteis vos: “Señor
ya huele mal porque hace cuatro días que está enterrado”.
Y, Jesús os dijo: “¿No os he dicho que si creéis veréis
la gloria de Dios?”. Y, Jesús Dijo: “¡Lázaro, ven afuera!”.
Y, el muerto salió, llevando el sudario y las vendas
de sus manos. Santa Marta, Interceded pues, para que
los “lázaros” de este tiempo, que, por el pecado “muertos”,
por el mundo deambulan, al llamado de Jesús, resuciten
y mañana más tarde, como vos, brillen, en el cielo eterno,
¡oh!, Santa Marta de Betania, “vivos oídos para Jesucristo” .

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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29 de Julio
Santa Marta de Betania
Hermana de Lázaro y María

Martirologio Romano: Memoria de santa Marta, que recibió en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, a Jesús, el Señor, y muerto su hermano Lázaro, proclamó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo» (s. I).

Etimoligía: Marta = ama de casa, señorial, atractiva. Viene de la lengua hebrea.

Marta es hermana de María y de Lázaro y vivía en Betania, pequeña población distante unos cuatro kilómetros de Jerusalén, en las cercanías del Monte de los Olivos.

Jesús Nuestro Señor vivía en Galilea pero cuando visitaba Jerusalén acostumbraba hospedarse en la casa de estos tres discípulos en Betania, que, tal vez, habían cambiado también su morada de Galilea por la de Judea. Marta se esforzó en servirle lo mejor que pudo y, más tarde, con sus oraciones impetró la resurrección de su hermano.

San Juan nos dice que “Jesús amaba a Marta y a su hermana María y Lázaro” (Jn 11:5).

Lucas añade: “Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» -Lucas 10:38-40

No podemos estar seguros de la motivación de Marta al hacer su petición al Señor pero todo parece indicar que se quejaba contra su hermana. Nuestro Señor aprecia el servicio de Marta, pero al mismo tiempo sabía que era imperfecto. Muchas veces nuestro servicio, aunque sea con buena intención, esta mezclado con el afán de sobresalir, la compulsión por ser protagonistas, la competencia para sentirnos que somos los mejores. Es entonces que salen las comparaciones. ¿Por que la otra no hace nada y soy la que trabajo?

El Señor corrige a Marta, penetra en su corazón afanado y dividido y establece prioridades:

«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.» -Lucas 10: 41-42

Esa única cosa de la que hay necesidad es de poner todo el corazón en amar a Dios, atender a Jesús que nos habla, que quiere levantarnos de nuestra miseria.

Toda vida activa debe surgir de la contemplación. La vida activa sin contemplación lleva al alma a dispersarse perder de vista el fin. La vida contemplativa se concentra en Dios y se une a El por la adoración y el amor. La vida contemplativa es una especie de noviciado del cielo, pues la contemplación es la ocupación de los bienaventurados del paraíso. Por ello, Cristo alabó la elección de María y afirmó: “sólo una cosa es necesaria”. Eso significa que la salvación eterna debe ser nuestra única preocupación.

Si contemplamos como van las cosas en cualquier Iglesias podremos ver muchas actividades, programas, ideas… Es relativamente fácil hacer cosas por Jesús, pero cuanto nos cuesta estar en silencio ante su Presencia. En seguida pensamos en cosas que hacer. No comprendemos que lo primero y mas importante es atenderlo a El directamente por medio de la oración.

Jesús encontró más digna de alabanza la actitud contemplativa de María. Cuanto quisiera El Señor que todos, como María, nos sentáramos ante el para escucharle. Ella se consagraba a la única cosa realmente importante, que es la atención del alma en Dios. También el Padre nos pide que, ante todo, escuchemos a Su Hijo (Mt 17-5).

Entonces, ¿no es necesario trabajar? Claro que sí lo es. Pero para que el trabajo de fruto debe hacerse después de haber orado. El servicio de Marta es necesario, pero debe estar subordinado al tiempo del Señor. Hay que saber el momento de dejar las cosas, por importantes que parezcan, y sentarse a escuchar al Señor. Esto requiere aceptar que somos criaturas limitadas. No podemos hacerlo todo. No podemos siquiera hacer nada bien sin el Señor

San Agustín escribe: “Marta, tú no has escogido el mal; pero María ha escogido mejor que tú”. San Basilio y San Gregorio Magno consideran a la hermana María modelo evangélico de las almas contemplativas y su santidad no está en duda, sin embargo, es curioso que, de los tres hermanos, solo Marta aparece en el santoral universal.

La resurrección de Lázaro

El capítulo 11 de San Juan narra el gran milagro de la resurrección de Lázaro. En aquella ocasión vuelve a hablarse de Marta. Lázaro se agravó de muerte mientras Jesús estaba lejos. Las dos hermanas le enviaron un empleado con este sencillo mensaje: “Señor aquel que tú amas, está enfermo”. En un mensaje de confianza en que Jesús va actuar a su favor.

Pero Jesús, que estaba al otro lado del Jordán, continuó su trabajo sin moverse de donde estaba. A los apóstoles les dice: “Esta enfermedad será para gloria de Dios”. Y luego les añade: “Lázaro nuestro amigo ha muerto. Y me alegro de que esto haya sucedido sin que yo hubiera estado allí, porque ahora vais a creer”.

A los cuatro días de muerto Lázaro, dispuso Jesús dirigirse hacia Betania, la casa estaba llena de amigos y conocidos que habían llegado a dar el pésame a las dos hermanas. Tan pronto Marta supo que Jesús venía, salió a su encuentro y le dijo: “Oh Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; pero aún ahora yo sé que cuánto pidas a Dios te lo concederá”

Jesús le dice: “Tu hermano resucitará”.

Marta le contesta: “Ya sé que resucitará el último día en la resurrección de los muertos”.

Jesús añadió: “Yo soy la resurrección y la vida. Todo el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. ¿Crees esto?”

Marta respondió: “Sí Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.”
Jesús dijo: “¿Dónde lo han colocado?”. Y viendo llorar a Marta y a sus acompañantes, Jesús también empezó a llorar. Y las gentes comentaban: “Mirad cómo lo amaba”.

Y fue al sepulcro que era una cueva con una piedra en la entrada. Dijo Jesús: “Quiten la piedra”. Le responde Marta:“Señor ya huele mal porque hace cuatro días que está enterrado”. Le dice Jesús: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”. Quitaron la piedra y Jesús dijo en voz alta: “Lázaro ven afuera”. Y el muerto salió, llevando el sudario y las vendas de sus manos.

El Banquete

Marta aparece también en un banquete en el que participa también Lázaro, poco después
Marta de Betania, Santa
de su resurrección: también esta vez aparece Marta como la mujer ocupada en el servicio, pero puede ser que para entonces ya lo sabía someter al Señor con mas amor, sin quejarse ni compararse.

De los años siguientes de la santa no tenemos ningún dato históricamente seguro, aunque según la leyenda de la Provenza, Marta fue con su hermana a Francia y evangelizó Tarascón donde según cuenta la leyenda Santa Marta derroto a la Tarasca, un dragón que amenazaba a la ciudad. Ahí se dice que encontraron, en 1187, sus pretendidas reliquias, que todavía se veneran en su santuario.

Los primeros en dedicar una celebración litúrgica a santa Marta fueron los franciscanos en 1262, el 29 de julio, es decir, ocho días después de la fiesta de santa María Magdalena, identificada por algunos como su hermana María.

S. Marta es la patrona de los hoteleros, porque sabía atender muy bien.

ORACIÓN DE LAS MADRES DE FAMILIA A SANTA MARTA

Oh Santa Marta dichosa,
que tantas veces tuviste el honor
y la alegría de hospedar a Jesús
en el seno de tu familia,
de prestarle personalmente tus servicios domésticos,
y que juntamente con tus santos hermanos Lázaro y María Magdalena,
gozaste de su divina conversación y doctrina,
ruega por mí y por mi familia,
para que en ella se conserve la paz
y el mutuo amor,
para que todos sus miembros
vivan en la observancia de la Ley de Dios,
y para que sólo Dios,
y no el mundo ni el pecado,
reine en nuestro hogar.
Libra a mi familia de toda desgracia espiritual y temporal,
ayúdame en el cuidado de mis hijos y subordinados,
y concédeme la dicha de verlos unidos bajo
la mirada paternal de Dios en la tierra,
para volver a verles reunidos en las moradas del cielo.

Amén.

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=611)

Nuestra Señora de la Paz

¡Oh! Nuestra Señora de la Paz, Vos, sois
la Madre del Dios de la vida, y que, desde
siempre, designios superiores cumplisteis
desde el día aquél, en que, mercaderes sin
alma, os dejaron al veros, por vez primera
en aquella playa. Pero, más tarde otros,
de amor llenos os trasladaron en borrico y
frente a la Parroquia San Miguel, el animal
se echó al suelo y allí, ¡oh, sorpresa!
Vos, María, estabais en la caja, con el Niño
Jesús en brazos. Buscaron las autoridades
civiles y religiosas al posible dueño, pero
nadie hasta hoy, os reclamó. Más tarde,
erupcionó el Chaparrastique, y el clero y
la feligresía, os sacaron y os colocaron a
la entrada, e implorando vuestra protección,
la lava de milagro, otro rumbo tomó, todos
salvándoos. En ese instante, las nubes sobre
el volcán, una hoja de palma formaron, que
más tarde, fue de oro, como gratitud en la
mano de Nuestra Señora. Más adelante, por
las luchas fratricidas todos a Vos, recurrieron y
os sacaron al atrio de la iglesia, y, a vuestros
pies, se comprometieron a dejar de lado toda
venganza y buscar la reconciliación. Y, así, os
comenzaron a llamar “Nuestra Señora de la Paz”,
pues Vos, amáis la Paz, porque sois toda de Paz;
¡oh! Nuestra Señora de la Paz, “viva luz de Cristo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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28 de Julio
Nuestra Señora de la Paz
Patrona de El Salvador

Cuando dejamos de preocuparnos exclusivamente por nuestros intereses y pasamos a prestar atención en cosas más elevadas, podemos recibir grandes gracias e inesperadas dádivas.

Valdis Grinsteins

¿Es común encontrar una gran caja cerrada extraviada en la playa? Ciertamente no. Si ello resulta extraño hoy, tanto más lo sería a fines del siglo XVII, cuando comienza la parte conocida de la historia de Nuestra Señora de la Paz.

Pasaban unos comerciantes por una playa a orillas del Océano Pacífico, en América Central, donde está localizado actualmente El Salvador, y divisaron a lo lejos una gran caja cerrada. Sorprendidos, se acercaron e intentaron abrirla, pero no lo consiguieron. Conjeturaron, probablemente, que como la caja era pesada sería difícil transportarla —en aquellos tiempos sin pistas ni camiones— por trochas en que muchas veces abundaban los ladrones. Concluyeron, pues, que era mejor dejarla abandonada donde estaba. Además, la justicia exigía que se comunicara el hecho a las autoridades, para que ellas verifiquen si lo encontrado pertenecía a la víctima de algún naufragio. Tanto trabajo redundaría en beneficio de un tercero, y no para ellos mismos… Decidieron entonces dar más importancia a sus propios intereses, y perdieron una oportunidad de oro.

Poco después, pasaron por allí otros mercaderes. Vieron la misma caja tirada en la arena, y también intentaron abrirla, sin éxito. Viendo que la caja era pesada, que estaba bien cerrada, y nada indicaba su procedencia o a quien era dirigida, llegaron a la conclusión de que podría contener algo valioso, que debía ser transportado con mucho cuidado y diligencia. Ciertamente alguien se perjudicaría si la dejasen allí —tal vez la pobre víctima de algún naufragio, tal vez algún comerciante que la habría abandonado perseguido por piratas ingleses… ¿Quién lo sabe? Pensando en el bien del prójimo, consiguieron prestado un burro y sobre él colocaron la caja, con rumbo a la villa de San Miguel, donde llegaron el día 21 de noviembre de 1682.

Frente a la iglesia de la localidad, el burro se echó al suelo. Al trasladar la caja, los mercaderes verificaron con sorpresa que ahora la podían abrir sin dificultad. Una vez abierta, encontraran en ella una imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Las autoridades civiles y religiosas procedieron a la búsqueda de los posibles propietarios de la imagen. Sin embargo, hasta hoy no se consiguió saber con seguridad a quién pertenecía, o a quién estaba dirigida, o si el barco que la transportaba se hundió, o si fue lanzada al mar para evitar que los piratas anglicanos la profanaran. De cualquier modo, no dejó de llamar la atención el hecho —sobrenatural según todo lo indica— de que la caja pudo ser abierta solamente frente a la iglesia, motivo por el cual la imagen fue dejada allí, donde permanece hasta hoy, al interior de la iglesia parroquial de San Miguel.

Gracias a través de la imagen

Un siglo después, exactamente el día 21 de setiembre de 1787, los habitantes de la ciudad observaban consternados la erupción del volcán Chaparrastique. Con una elevación de más de mil metros de altura sobre la ciudad y apenas a unos 50 km de ella, podría ser mortal no sólo por los gases que emitía y las piedras que lanzaba en sus explosiones, sino especialmente por la lava que soltaba, la cual destruía todo lo que encontraba a su paso. En esa trágica situación, no habiendo ningún obstáculo natural que evitara la destrucción de la ciudad ante el avance de la lava, los habitantes y el clero local decidieron sacar la imagen del interior de la iglesia y colocarla en la puerta, pidiendo su protección. En el momento en que lo hicieron, la lava cambió de rumbo. Aunque terminó destruyendo muchas tierras fértiles, la ciudad se salvó. En ese momento, las nubes sobre el volcán formaron una hoja de palma, motivo por el cual los fieles, para agradecer a la Virgen Santísima su protección, mandaron hacer una palma de oro, que colocaron en la mano de la imagen.

¿Pero de dónde proviene el nombre de Nuestra Señora de la Paz en toda esta historia?

En realidad, el nombre le fue dado a la imagen mucho tiempo después de los acontecimientos arriba descritos.

Después de la independencia de España, comenzaron en todos los países hispanoamericanos luchas intestinas entre conservadores y liberales que, en diversas circunstancias, se transformaron en cruentas guerras civiles. En una de esas ocasiones, en 1833, uno de los partidos tomó cuenta de San Miguel, y todos esperaban una sangrienta revancha contra los perdedores. Sin embargo, los líderes victoriosos juzgaron mejor evitar una tragedia. Y para mostrar que no tenían la intención de promover más muertes entre hermanos, sacaron la imagen de la Santísima Virgen al atrio de la iglesia. A sus pies, se comprometieron a poner de lado todo propósito de venganza y buscar la reconciliación. A partir de aquel momento, la imagen comenzó a ser llamada Nuestra Señora de la Paz.

En 1921, el Papa Benedicto XV autorizó la coronación de la imagen, y finalmente, en 1953, el Papa Pío XII firmó el decreto designando a Nuestra Señora de la Paz patrona de El Salvador.

Los caminos de Dios

Tales hechos nos sugieren una serie de reflexiones. Dios podría hacer solo todo lo que está en sus sapienciales designios, pero desea la colaboración de los hombres en sus planes. Así, planes inmensos, que a veces influyen en la salvación de miles y hasta millones de personas, pasan a depender, al menos en gran medida, de un grupo de individuos o de una sola persona. Basta pensar en la multitud de almas que, a lo largo de la historia, fueron salvadas gracias a la acción de los padres jesuitas, franciscanos, dominicos y otros. Si San Ignacio no hubiese fundado la Compañía de Jesús, si San Francisco no hubiese abandonado la casa paterna para hacer apostolado, si Santo Domingo no fuese fiel a la prédica del rosario propuesta por la Santísima Virgen, ¡la historia del mundo sería diferente!

Del mismo modo, en el caso que nos ocupa, Dios podría haber mandado a un ángel que transportara la imagen de Nuestra Señora de la Paz y la colocara frente a la iglesia de San Miguel; pero prefirió otro camino. Sin embargo, de alguna forma la imagen fue colocada por alguien —hombre o ángel— en una caja, y ésta llegó a la playa desierta, por caminos y circunstancias para nosotros desconocidos. A partir de entonces, todo un plan de gracias, y hasta la devoción de un país entero a la Santísima Virgen, pasó a depender de la correspondencia a la gracia de un grupo de mercaderes. Un primer grupo, más preocupado con sus propios intereses, dejó la caja donde la encontró. Otro grupo, que no se dejó dominar por el egoísmo, pensó en el bien ajeno y llevó la caja hasta la ciudad. Ninguno de los dos grupos tenía la menor idea de todo lo que dependía de esa caja. Es justamente en este punto que conviene focalizar nuestras reflexiones.

Puede ser que un inmenso plan de Dios esté escondido a lo largo de nuestros caminos. No tenemos la menor idea en qué va a depender de nosotros, pero Dios nos pide el desapego de nuestros intereses, y que tengamos una preocupación por su gloria y por el bien del prójimo. ¿Fantasía? Los primeros mercaderes, en el momento en que dejaron la caja tirada en la playa, habrían considerado una fantasía tal reflexión…

Pidamos, pues, a Nuestra Señora de la Paz que eleve nuestros corazones para que nos preocupemos con las cosas celestiales; que nos interesemos por las “cajas” destinadas a ser transportadas por nosotros. Pues así es que cumpliremos los magníficos designios de Dios, que aún no conocemos.

(http://www.fatima.pe/articulo-558-nuestra-senora-de-la-paz)

Beato Raimundo Zanfogni “Palmerio”

27 de Julio
Beato Raimundo Zanfogni “Palmerio”

Nació en Piacenza (Italia) el año 1140. De joven peregrinó a Tierra Santa y luego trabajó de zapatero remendón, manteniendo su espíritu religioso y dando catequesis. Contrajo matrimonio y tuvo seis hijos, cinco de los cuales murieron pronto. Peregrinó a Santiago de Compostela y al regreso se dedicó a obras de caridad. Con las ayudas que le daban y la colaboración de compañeros, fundó un hospicio en el que acogía a pobres y enfermos, peregrinos y niños abandonados, mujeres sin recursos o marginadas. Fomentó la moralidad pública, la paz entre ciudades y la buena convivencia ciudadana. Murió el año 1200.

(http://www.franciscanos.org/agnofranciscano/m07/dia0727.html)

San Santiago el Mayor, Apóstol

25 de Julio
San Santiago el Mayor
Apóstol del Señor

Por: n/a | Fuente: Corazones.org

Martirologio Romano: Solemnidad del apóstol Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de san Juan Evangelista, que con Pedro y Juan fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. Decapitado poco antes de la fiesta de Pascua por Herodes Agripa, fue el primero de los apóstoles que recibió la corona del martirio (s. I).

Etimológicamente: Santiago = Dios, recompensara, es de origen hebreo
Breve Biografía

Santiago es uno de los doce Apóstoles de Jesús; hijo de Zebedeo. El y su hermano Juan fueron llamados por Jesús mientras estaban arreglando sus redes de pescar en el lago Genesaret.

Recibieron de Cristo el nombre “Boanerges”, significando hijos del trueno, por su impetuosidad.

En los evangelios se relata que Santiago tuvo que ver con el milagro de la hija de Jairo. Fue uno de los tres Apóstoles testigos de la Transfiguración y luego Jesús le invitó, también con Pedro y Juan, a compartir mas de cerca Su oración en el Monte de los Olivos.

Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Nueva. Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España. Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana, y luego a la cuidad romana de Cesar Augusto, hoy conocida como Zaragoza. La Leyenda Aurea de Jacobus de Voragine nos cuenta que las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y solo siete personas se convirtieron al Cristianismo. Estos eran conocidos como los “Siete Convertidos de Zaragoza”. Las cosas cambiaron cuando la Virgen Santísima se apareció al Apóstol en esa ciudad, aparición conocida como la Virgen del Pilar. Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.

En los Hechos de los Apóstoles descubrimos fue el primer apóstol martirizado. Murió asesinado por el rey Herodes Agripa I, el 25 de marzo de 41 AD (día en que la liturgia actual celebra La Anunciación). Según una leyenda, su acusador se arrepintió antes que mataran a Santiago por lo que también fue decapitado. Santiago es conocido como “el Mayor”, distinguiéndolo del otro Apóstol, Santiago el Menor.

La tradición también relata que los discípulos de Santiago recogieron su cuerpo y lo trasladaron a Galicia (extremo norte-oeste de España). Su restos mortales están en la basílica edificada en su honor en Santiago de Compostela. En España, Santiago es el mas conocido y querido de todos los santos. En América hay numerosas ciudades dedicadas al Apóstol en Chile, República Dominicana, Ecuador, Cuba y otros países.

(http://es.catholic.net/op/articulos/34641/santiago-el-mayor-santo.html)

 

Beatos Mártires Pasionistas de Daimiel

¡Oh!, Beatos Mártires Pasionistas de Daimiel, vosotros,
sois los hijos del Dios de la vida, sus amados beatos y
mártires, que, al mando de vuestro provincial P. Nicéforo,
escuchasteis unas palabras que no parecían de él, sino,
propias del Espíritu Santo, diciéndoos emocionado:
“Hermanos, esta noche es nuestro “Getsemaní”, con
el Calvario, encima nuestro, al estilo de Jesucristo, y,
nuestra naturaleza, en su parte débil, en su parte flaca,
desfallece, se acobarda, pero Jesús está con nosotros.
Yo os voy a dar al que es la fortaleza de los débiles,
Dice el Señor. A Jesús, le confortó un ángel, a nosotros
es el mismo Jesús, quien lo hace y nos sostiene. Dentro
de pocos momentos, estaremos con Cristo. Moradores
del Calvario, ¡animo a morir por Cristo! A mí me toca
animaros y yo mismo me estimulo con vuestro ejemplo”.
Luego, el P. Nicéforo os dio a todos la absolución general
y él mismo la recibió del P. Germán, su superior. Luego,
os dio a cada religioso la sagrada comunión. Desde
el altar el P. Nicéforo, se dirigió a las puertas de la iglesia,
acompañado de todos vosotros, y las abrió de par en par,
y uno de los revoltosos, arma en mano, se dirigió a todos
vosotros, y les exigió, amenazador, que abandonasen
el convento y la iglesia. El P. Nicéforo le dijo: “Si quieren
matarnos, háganlo aquí, en la iglesia”. Pero, no sucedió
así, el superior repartió el poco dinero de que disponían
y los grupos se despidieron tomando diferentes caminos.
Y, el mal, decía: “Van a pasar por ahí los pasionistas de
Daimiel. ¡Carne fresca! No la dejéis escapar”. Y, así,
uno a uno, rindiendo tributo de sus jóvenes vidas fueron
todos, menos cinco compañeros vuestros. Todos murieron
perdonando, como lo hizo Jesús en la cruz. “Si alguno
nos saca para fusilarnos, decía el P. Juan Pedro. os
pedimos que a nadie tengáis odio ni rencor por mal que
nos hagan “. Y, el P. Nicéforo, después de haber sido
fusilado y ya próximo a morir, levantó sus ojos al cielo,
volvió su rostro hacia sus asesinos y sonrió, desatando
su furia, diciendo: “Cómo, ¿todavía sonríes?” Y le disparó
otro tiro, que acabó con su vida acá en la tierra. Y, así,
vosotros veinte y seis religiosos pasionistas del convento
del Santo Cristo de la Luz, Daimiel, disteis vuestras vidas
por vuestra fidelidad a Cristo y a la Iglesia y sois: Nicéforo
Díez Tejerina, Germán Pérez Jiménez, Juan Pedro Bengoa
Aranguren, Felipe Valcobado Granado, Ildefonso García
Nozal, Pedro Largo Redondo, Justiniano Cuesta Redondo,
Pablo María Leoz Portillo, Benito Solana Ruiz, Anacario
Benito Lozal, Felipe Ruiz Fraile, Eufrasio de Celis Santos,
Maurilio Macho Rodríguez, Tomás Cuartero Gascón, José
María Cuartero Gascón, José Estalayo García, José Osés
Sáinz,  Julio Mediavilla Concejero, Félix Ugalde Irurzun
José María Ruiz Martínez, Fulgencio Calvo Sánchez
Honorino Carracedo Ramos, Laurino Proaño Cuesta
Epifanio Sierra Conde, Abilio Ramos Ramos, y Zacarías
Fernández Crespo. Más tarde, los mismos asesinos dijeron
que los “vencidos” habían sido los “vencedores”, pues,
según confesaron los mismos asesinos, el P. Juan Pedro y
el Hno. Pablo María murieron con el crucifijo en las manos y
gritando: “¡Cristo Rey!” Y, así, todos vosotros entregasteis
vuestras almas, para coronadas ser con coronas de luz, como
justo premio a vuestras grande entrega de amor y fidelidad;
¡oh!, Beatos Pasionistas de Daimiel, “vivos mártires de la fe”

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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24 de julio
Beatos Mártires Pasionistas de Daimiel
Mártires Pasionistas

Por: Pablo García, C.P. | Fuente: Passiochristi.org

Fecha de beatificación: 1 de octubre de 1989 por S.S. Juan Pablo II
Breve Reseña

La noche del 21 al 22 de julio de 1936, el convento pasionista de Daimiel, Ciudad Real, descansaba en la más profunda calma. La oscuridad era como un manto protector, que envolvía la casa e iglesia del Santo Cristo de la Luz. Parecía como si nadie pudiera perturbar ese ambiente de paz y de silencio.

Serían las once y media de la noche. El sonido metálico de la campana de la puerta vino a romper inesperadamente y con insistencia este silencio claustral de la media noche estrenada. Era un sonar agitado y nervioso, que hizo saltar del lecho en que dormía tranquilamente al hermano portero de la comunidad. ¿Quién sería a tan altas horas de la noche? ¿Qué estaría sucediendo?

¿Qué se pediría de ellos?

El buen hermano Pablo María destacaba precisamente por su tranquilidad y su paz. Sin embargo, al oír ese sonar fuerte e insistente de la campaña a horas tan intempestivas, no pudo menos de asustarse y quedar desconcertado y sin saber qué hacer. ¿Acudiría a la puerta? ¿Esperaría un poco más a ver lo que pasaba? De ir, ¿lo haría solo?, ¿o despertaría a algún otro religioso para que le acompañase?

Pronto recobra la calma y, con gran valentía y serenidad, decide ir solo. ¿Cuál no sería su sorpresa. ..y miedo, al abrir la puerta y encontrarse allí nada menos que con una multitud de hombres fuertemente armados, envueltos en la oscuridad? Con ademanes amenazadores y sin más dilación, éstos mandan al hermano que se desaloje inmediatamente el convento.

“GETSEMANÍ, ÉSTE ES NUESTRO GETSEMANÍ… “

Pasos silenciosos, sombras y siluetas moviéndose a lo largo del corredor en penumbra. Cada noche, algo más tarde, solían levantarse para cantar las alabanzas del Señor en el coro. Ahora, estos hombres de Dios querían coronar el canto de alabanza de sus vidas con el “amén” festivo de su fidelidad a Cristo.

Entraron en la iglesia. Delante del altar les estaba ya esperando el provincial, el P. Nicéforo, cuya mirada suave y cariñosa se iba posando sobre cada uno de esos religiosos, en su mayor parte tan jóvenes.

Ya en el presbiterio y de rodillas ante el altar, el Padre les dirigió unas palabras que no parecían de él, sino inspiradas directamente por el Espíritu de Dios. Los pocos que lograron sobrevivir, después de la tragedia de la guerra, todavía las recordaban textualmente. De tal manera se les habían grabado en la memoria y en el corazón:

“Getsemaní”

Les dijo con la mayor emoción-, éste es nuestro Getsemaní. Conturbada ante la fatídica perspectiva del Calvario, como la de Jesucristo, también nuestra naturaleza, en su parte débil, en su parte flaca, desfallece, se acobarda… Pero Jesús está con nosotros. Yo os voy a dar al que es la fortaleza de los débiles… A Jesús le confortó un ángel, a nosotros es el mismo Jesús el que nos conforta y nos sostiene… Dentro de pocos momentos, estaremos con Cristo…

Moradores del Calvario, ¡ánimo!, ¡a morir por Cristo! A mí me toca animaros y yo mismo me estimulo con vuestro ejemplo “.

A continuación, el P. Nicéforo dio a todos la absolución general y él mismo la recibió del P . Germán, el superior de la comunidad. Luego, se revistió el roquete y la estola y dio a cada religioso la sagrada comunión. De esta comunión escribiría, años más tarde, uno de los supervivientes: “¡Qué comunión aquella tan fervorosa!”

Después de unos momentos de acción de gracias, el P. Provincial animó todavía a sus religiosos al martirio, recordándoles que ahora debían probar con su vida que eran seguidores de Cristo Crucificado, que eran ¡pasionistas!

Con solemnidad y misterio, desde el altar el Padre se dirigió a las puertas de la iglesia, acompañado de sus religiosos. Las abrió de par en par. Fuera y envueltos en la oscuridad de la noche, le esperaban unos doscientos milicianos fuertemente armados y apiñados hacia la entrada. Entonces uno de ellos, destacándose de los demás y con el arma en la mano, se dirigió a los religiosos y les exigió, amenazador, que abandonasen el convento y la iglesia.

El P. Nicéforo le contestó sencillamente: “Si quieren matarnos, háganlo aquí, en la iglesia “. El miliciano no había contado con esta actitud tan pacífica y valiente. No poco confuso, se dirigió todavía al P. Nicéforo con estas palabras: “¿Quién ha dicho que queremos mataros? Lo que queremos es que os vayáis de aquí”.

Escoltados como si fueran malhechores, los religiosos pasionistas salieron de la iglesia y se internaron en la oscuridad y en lo desconocido. Ninguno intentó huir ante la muerte. Todos permanecieron fieles al Señor. Después de haber recibido la eucaristía y de la oración, los Pasionistas de Daimiel, a ejemplo de Jesús y de los primeros mártires de la Iglesia, se sintieron ya fuertes y preparados para enfrentarse con su pasión y beber hasta las heces el cáliz que el Padre celestial les preparaba.

Pero, ¿adónde los llevaría ahora su camino, en medio de la oscuridad, tan avanzada la noche y rodeados de enemigos?

CAMINO DEL CEMENTERIO

Primero se les dio orden de dirigirse hacia la estación. Algunos pensaron que allí les dejarían tomar el tren y alejarse. ¡Vana ilusión! La comitiva cambió pronto de rumbo y tomó otra dirección, esta vez la del cementerio cercano. Todos estaban convencidos de que allí serían fusilados.

En filas de dos en dos, escoltados por hombres armados, caminaban envueltos en la oscuridad de la noche. ¡Silencio! Pero cuanto mayor era el silencio, tanto más vivo se hacía en ellos el mundo de sus pensamientos. En aquellos momentos y en la oscuridad de la noche, no podían ser más siniestros. Uno de los cinco supervivientes describiría así, después de terminada la guerra, los sentimientos que les embargaban en aquellos trágicos momentos: “Nuestra excitada fantasía veía ya cavada la tumba. ¿Nos enterrarían vivos?, ¿o muertos? La muerte nos causaba espanto, pero el pensamiento de que nos enterrasen vivos era todavía mucho más terrible “.

Pero no, al llegar al cementerio, los hombres del “frente popular” les dejaron en libertad con la orden de seguir adelante y de no dejarse ver más por Daimiel y sus cercanías. De no hacerlo así, su vida correría el mayor peligro.

Después de haber visto tan de cerca la muerte, los religiosos dieron un profundo respiro y tuvieron una gran sensación de alivio. Al llegar a la bifurcación de la carretera de Ciudad Real a Bolaños, se detuvieron para deliberar. Como no era posible que treinta y un hombres juntos pasaran desapercibidos las líneas del frente rojo, decidieron dividirse en grupos. El superior repartió el poco dinero de que disponían y los grupos se despidieron tomando diferentes caminos. Si todo salía bien, se encontrarían de nuevo en Madrid; en caso contrario…, en el cielo.

Con palabras consoladoras, con la mayor emoción se abrazaron fuertemente y se despidieron como para un largo viaje, muy probablemente hasta la eternidad, como así les sucedió a todos menos a cinco de esos religiosos.

Aunque dejados en libertad, los religiosos eran seguidos por el “frente popular”, que iba informando de sus posibles itinerarios hacia la capital de España, a veces con consignas como ésta: “Van a pasar por ahí los pasionistas de Daimiel. ¡Carne fresca! No la dejéis escapar…”

Al día siguiente, 23 de julio de 1936, serían ya fusilados en la cercana población de Manzanares los primeros mártires. Cinco, entre ellos el P. Nicéforo, murieron allí, otros siete podrían todavía sobrevivir, pero, tres meses más tarde y después de mucho sufrimiento por las heridas de ese fusilamiento, morirían también fusilados de nuevo. Todos los demás, en distintos lugares y en diferentes fechas, morirían igualmente fusilados en Carabanchel Bajo (Madrid), en Carrión de Calatrava (Ciudad Real) y en Urda (Toledo ).

Todos murieron perdonando, como lo hizo Jesús en la cruz. “Si alguno nos saca para fusilarnos, diría el P. Juan Pedro. os pedimos que a nadie tengáis odio ni rencor por mal que nos hagan “. Testigos presenciales cuentan también que el P. Nicéforo, después de haber sido fusilado y ya próximo a morir, levantó sus ojos al cielo, volvió su rostro hacia sus asesinos y les ofreció una sonrisa, lo que les desconcertó hasta el punto de que uno de ellos, todavía más enfurecido, le recriminó: “Cómo, ¿todavía sonríes?” Y le disparó a bocajarro otro tiro, que acabó con su vida acá en la tierra.

Los 26 religiosos pasionistas del convento del Santo Cristo de la Luz, Daimiel, que dieron su vida por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia son:

Nicéforo Díez Tejerina, superior provincial y que había sufrido ya persecución y destierro en México,
Germán Pérez Jiménez, superior de la comunidad,
Juan Pedro Bengoa Aranguren, que había sufrido también persecución por la fe en México,
Felipe Valcobado Granado,
Ildefonso García Nozal,
Pedro Largo Redondo
Justiniano Cuesta Redondo
Pablo María Leoz Portillo,
Benito Solana Ruiz,
Anacario Benito Lozal
Felipe Ruiz Fraile
Eufrasio de Celis Santos
Maurilio Macho Rodríguez,
Tomás Cuartero Gascón
José María Cuartero Gascón
José Estalayo García
José Osés Sáinz
Julio Mediavilla Concejero
Félix Ugalde Irurzun
José María Ruiz Martínez
Fulgencio Calvo Sánchez
Honorino Carracedo Ramos
Laurino Proaño Cuesta
Epifanio Sierra Conde
Abilio Ramos Ramos, y
Zacarías Fernández Crespo.

Pero los vencidos habían sido los vencedores. Según confesaron más tarde los mismos asesinos, el P. Juan Pedro y el Hno. Pablo María murieron con el crucifijo en las manos y gritando: “¡Cristo Rey!”

Otra cosa que llama la atención es el gran número de religiosos jóvenes. Dieciséis de estos Mártires Pasionistas de Daimiel estaban en edades comprendidas entre los 18 y los 21 años. Ojalá que su ejemplo despierte en nuestros días la conciencia y el entusiasmo de tantos jóvenes todavía indecisos y les lleve a orientar su vida hacia ideales altos y nobles, tal vez incluso a consagrarse como ellos a Dios en la vida religiosa o el sacerdocio.

Estos 26 Mártires Pasionistas de Daimiel fueron beatificados por el papa Juan Pablo II el día 1 de octubre de 1989. Sus reliquias se conservan y veneran en la cripta del convento pasionista de Daimiel, convertido en casa de ejercicios y centro de espiritualidad. La fiesta litúrgica se celebra el día 24 de julio.

(http://es.catholic.net/op/articulos/61480/26-mrtires-pasionistas-de-daimiel-beatos.html)

Santa Brígida

¡Oh!, Santa Brígida, vos, sois la hija del Dios de la vida y
su amada santa, la misma que, honor disteis al significado
de vuestro nombre: “fuerte y brillante”. Os gustaba mucho,
desde niña, oír de labios de vuestra santa madre, las vidas
de los santos, y, como premio, se os apareció Nuestra Señora,
invitándoos a seguir una santa vida. Vuestra gran devoción:
la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Un día que
rezabais devotamente ante el crucifijo, le dijisteis: ¿quién
te puso así? Y, oísteis que Cristo os decía: “los que
desprecian mi amor”. “Los que no le dan importancia al amor
que Yo, les he tenido”. Y, desde ese instante, todos los que
trataban con vos, a Cristo, lo amaron más. En otra visión,
oísteis de Él, mismo decir: “yo en la vida sufrí pobreza,
y, vos tenéis demasiados lujos y comodidades”. Y, bastaron
aquellas palabras, para que, de la pobreza amante, hasta
el final de vuestra santa vida fuerais. Y, por ello, la
“Comunidad de San Salvador” fundasteis. Y, en “Revelaciones”,
vuestro escrito brillante, nos legasteis de cómo, la vida
de Jesús fue. Y, así, gastada vuestra vida en buena lid,
de este mundo partió vuestra alma, para coronada ser de luz,
como premio justo a vuestra entrega grande de amor y fe;
¡oh!, Santa Brígida, “vivo amor de Dios, fuerte y brillante”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 de Julio
Santa Brígida
Viuda y Fundadora
Año 1373

Dios quiera enviar a su Iglesia muchas Brígidas, que con sus oraciones y sus buenos ejemplos y palabras logren enfervorizar por Cristo a muchas personas más.

Cristo murió por mí. ¿Y yo, qué haré por Él?

Brígida significa: Fuerte y brillante.

Esta santa mujer tuvo la dicha de nacer en una familia que tenía como herencia de sus antepasados una gran religiosidad. Sus abuelos y bisabuelos fueron en peregrinación hasta Jerusalén y sus padres se confesaban y comulgaban todos los viernes, y como eran de la familia de los gobernantes de Suecia, y tenían muchas posesiones, empleaban sus riquezas en construir iglesias y conventos y en ayudar a cuanto pobre encontraban. Su padre era gobernador de la principal provincia de Suecia.

Brígida nació en Upsala (Suecia), en 1303. De niña su mayor gusto era oír a la mamá leer las vidas de los Santos. Cuando apenas tenía seis años ya tuvo su primera revelación. Se le apareció la Sma. Virgen a invitarla a llevar una vida santa, totalmente del agrado de Dios. En adelante las apariciones celestiales serán frecuentísimas en su vida, hasta tal punto que ella llegó a creer que se trataba de alucinaciones o falsas imaginaciones. Pero consultó con el sacerdote más sabio y famoso de Suecia, y él, después de estudiar detenidamente su caso, le dijo que podía seguir creyendo en esto, pues eran mensajes celestiales.

Cuando tenía 13 años asistió a un sermón de cuaresma, predicado por un famoso misionero. Y este santo sacerdote habló tan emocionantemente acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que Brígida quedó totalmente entusiasmada por nuestro Redentor. En adelante su devoción preferida será la de Jesucristo Crucificado.

Un día rezando con todo fervor delante de un crucifijo muy chorreante de sangre, le dijo a Nuestro Señor: – ¿Quién te puso así? – y oyó que Cristo le decía: “Los que desprecian mi amor”. “Los que no le dan importancia al amor que yo les he tenido”. Desde ese día se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo.

Su padre la casó con Ulf, hijo de otro gobernante. Tuvieron un matrimonio feliz que duró 28 años. Sus hijos fueron 8, cuatro varones y cuatro mujeres. Una de sus hijas fue Santa Catalina de Suecia. Un hijo fue religioso. Otros dos se portaron muy bien, y Carlos fue un pícaro que la hizo sufrir toda la vida. Sólo a la hora en que él se iba a morir logró la santa con sus oraciones que él se arrepintiera y pidiera perdón de sus pecados a Dios. Dos de sus hijas se hicieron religiosas, y otra fue “la oveja negra de la familia”, que con sus aventuras nada santas martirizó a la buena mamá.

Fue pues una familia como muchas otras: con gente muy buena y gente que hace sufrir. Brígida era la dama principal de las que colaboraban con el rey y la reina de Suecia. Pero en el palacio se dio cuenta de que se gastaba mucho dinero en lujos y comilonas y se explotaba al pueblo. Quiso llamar la atención a los reyes, pero estos no le hicieron caso. Entonces pidió permiso y se fue con su esposo en peregrinación a Santiago de Compostela en España. En el viaje enfermó Ulf gravemente. Brígida oró por él y en un sueño se le apareció San Diosnisio a decirle que se le concedía la curación, con tal de que se dedicara a una vida santa. El marido curó y entró de religioso cisterciense y unos años después murió santamente en el convento.

En una visión oyó que Jesús Crucificado le decía: “Yo en la vida sufrí pobreza, y tú tienes demasiados lujos y comodidades”. Desde ese día Brígida dejó todos sus vestidos elegantes y empezó a vestir como la gente pobre. Ya nunca más durmió en camas muy cómodas, sino siempre sobre duras tablas. Y fue repartiendo todos los bienes entre los pobres de manera que ella llegó a ser también muy pobre.

Con su hija Santa Catalina de Suecia se fue a Roma y en esa ciudad permaneció 14 años, dedicada a la oración, a visitar y ayudar enfermos, a visitar como peregrina orante muchos santuarios, y a dictar sus revelaciones que están contenidas en ocho tomos (Sufrió muy fuertes tentaciones de orgullo y sensualidad).

Desde Roma escribió a muchas autoridades civiles y eclesiásticas y al mismo Sumo Pontífice (que en ese tiempo vivía en Avignon, Francia) corrigiendo muchos errores y repartiendo consejos sumamente provechosos. Sus avisos sirvieron enormemente para mejorar las costumbres y disminuir los vicios.

Por inspiración del cielo fundó la Comunidad de San Salvador. El principal convento estaba en la capital de Suecia y tenía 60 monjas. Ese convento se convirtió en el centro literario más importante de su nación en esos tiempos. Con el tiempo llegó a tener 70 conventos de monjas en toda Europa.

Se fue a visitar los santos lugares donde vivió, predicó y murió Nuestro Señor Jesucristo, y allá recibió continuas revelaciones acerca de cómo fue la vida de Jesús. Las escribió en uno de los tomos de sus revelaciones, y son muy interesantes. En Tierra Santa parecía vivir en éxtasis todos los días.

Al volver de Jerusalén se sintió muy débil y el 23 de juilio de 1373, a la edad de 70 años murió en Roma con gran fama de santidad. A los 18 años de haber muerto, fue declarada santa por el Sumo Pontífice. Sus revelaciones eran tan estimadas en su tiempo, que los sacerdotes las leían a los fieles en las misas.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Brígida_7_23.htm)

Santa María Magdalena

¡Oh!, Santa María Magdalena, vos, sois la hija
del Dios de la vida, su amada santa y discípula,
que, por Nuestro Señor de siete demonios liberada,
os convertisteis en discípula suya, y al Calvario
os seguiteis, y luego de su muerte, la primera
en ver a Nuestro Señor Jesucristo resucitado,
aquella mañana de Pascua y, de felicidad plena,
la comunicasteis a los demás. Ni “pecadora pública”,
ni “adúltera”, ni “prostituta”, sino, de Cristo
seguidora segura, y de su amor contagiada, el gozo
pascual anunciasteis a los mismos Apóstoles. Y,
además, fuisteis, vos, misma, la que en Éfeso,
vivisteis junto a María, Madre de Dios y Señora
Nuestra, y, a San Juan Apóstol, para luego,
vuestra alma al cielo volar, para coronada ser
con corona de luz, como premio justo a vuestro
grande amor a Jesucristo, Dios y Señor Nuestro;
¡oh!, Santa María Magdalena; “viva fe, amor y luz”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Julio
Santa María Magdalena
Discípula del Señor

Martirologio Romano: Memoria de santa María Magdalena, que, liberada por el Señor de siete demonios y convertida en su discípula, le siguió hasta el monte Calvario y mereció ser la primera que vio al Señor resucitado en la mañana de Pascua y la que se lo comunicó a los demás discípulos (s. I).

Hoy celebramos a Santa María Magdalena, debemos referirnos a tres personajes bíblicos, que algunos identifican en una sola persona: María Magdalena, María la hermana de Lázaro y Marta, y la pecadora anónima que unge los pies de Jesús.

Tres personajes para una historia

María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas evangélicas. Ocupa el primer lugar entre las mujeres que acompañan a Jesús (Mt 27, 56; Mc 15, 47; Lc 8, 2); está presente durante la Pasión (Mc 15, 40) y al pie de la cruz con la Madre de Jesús (Jn 19, 25); observa cómo sepultan al Señor (Mc 15, 47); llega antes que Pedro y que Juan al sepulcro, en la mañana de la Pascua (Jn 20, 1-2); es la primera a quien se aparece Jesús resucitado (Mt 28, 1-10; Mc 16, 9; Jn 20, 14), aunque no lo reconoce y lo confunde con el hortelano (Jn 20, 15); es enviada a ser apóstol de los apóstoles (Jn 20, 18). Tanto Marcos como Lucas nos informan que Jesús había expulsado de ella «siete demonios». (Lc 8, 2; Mc 16, 9)

María de Betania es la hermana de Marta y de Lázaro; aparece en el episodio de la resurrección de su hermano (Jn 11); derrama perfume sobre el Señor y le seca los pies con sus cabellos (Jn 11, 1; 12, 3); escucha al Señor sentada a sus pies y se lleva «la mejor parte» (Lc 10, 38-42) mientras su hermana trabaja.

Finalmente, hay un tercer personaje, la pecadora anónima que unge los pies de Jesús (Lc 7, 36-50) en casa de Simón el Fariseo.

Dos en una, tres en una

No era difícil, leyendo todos estos fragmentos, establecer una relación entre la unción de la pecadora y la de María de Betania, es decir, suponer que se trata de una misma unción (aunque las circunstancias difieren), y por lo tanto de una misma persona.

Por otra parte, los «siete demonios» de Magdalena podían significar un grave pecado del que Jesús la habría liberado. No hay que olvidar que Lucas presenta a María Magdalena (Lc 8, 1-2) a renglón seguido del relato de la pecadora arrepentida y perdonada (Lc 7, 36-50).

San Juan, al presentar a los tres hermanos de Betania (Marta, María y Lázaro), dice que «María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos». El lector atento piensa: “Conozco a este personaje: es la pecadora de Lucas 7″. Además, en el mismo evangelio de Lucas, inmediatamente después del episodio de la unción, se nos presenta a María Magdalena, de la que habían salido «siete demonios». El lector ratifica su impresión: “María Magdalena es la pecadora que ungió a Jesús”. Y por último, en el mismo evangelio de San Lucas, pocos capítulos después (Lc 10), María, hermana de Marta, aparece escuchando al Señor sentada a sus pies. El lector concluye: “María Magdalena y esta María son una misma persona, la pecadora penitente y perdonada, que Juan también menciona por su nombre aclarándonos que vivía en Betania”.

Pero esta conclusión no es necesaria porque: no hay por qué relacionar a Juan con Lucas; los relatos difieren en varios detalles. Así, por ejemplo, la unción, según Lucas, tiene lugar en casa de Simón el Fariseo; su relato hace explícita referencia a los pecados de la mujer que unge a Jesús. Pero Mateo, Marcos y Juan, por su parte, hablan de la unción en Betania en casa de un tal Simón (Juan no aclara el nombre del dueño de casa, sólo señala que Marta servía y que Lázaro estaba presente), y mencionan el gesto hipócrita de Judas en relación con el precio del perfume, sin sugerir que la mujer fuese una pecadora. Sólo Juan nos ofrece el nombre de la mujer, que los demás no mencionan.

los «siete demonios» no significan un gran número de pecados, sino -como lo aclara allí mismo Lucas- «espíritus malignos y enfermedades»; este significado es más conforme con el uso habitual en los evangelios.

Dos teorías

Los argumentos a favor de la identificación de los tres personajes, como vemos, son débiles. Sin embargo, tal identificación cuenta a su favor con una larga tradición, como se ha mencionado. Hay que decir también que los argumentos a favor de la distinción entre las tres mujeres tampoco son totalmente concluyentes. Es decir que ambas teorías cuentan con razones a favor y en contra, y de hecho, a lo largo de la historia, ambas interpretaciones han sido sostenidas por los exégetas: así, por ejemplo, los latinos estuvieron siempre más de acuerdo en identificar a las tres mujeres, y los griegos en distinguirlas.

Una respuesta “oficial”

A pesar de que ambas posturas cuentan con argumentos, hoy en día la Iglesia Católica se ha inclinado claramente por la distinción entre las tres mujeres. Concretamente, en los textos litúrgicos, ya no se hace ninguna referencia -como sí ocurría antes del Concilio- a los pecados de María Magdalena o a su condición de “penitente”, ni a las demás características que le provendrían de ser también María de Betania, hermana de Lázaro y de Marta. En efecto, la Iglesia ha considerado oportuno atenerse sólo a los datos seguros que ofrece el evangelio.

Por ello, actualmente se considera que la identificación entre Magdalena, la pecadora y María es más bien una confusión “sin ningún fundamento”, como dice la nota al pie en Lc 7, 37 de “El Libro del Pueblo de Dios”. No hay dudas de que la Iglesia, a través de su Liturgia, ha optado por la distinción entre la Magdalena, María de Betania y la pecadora, de modo que hoy podemos asegurar que María Magdalena, por lo que nos cuenta la Escritura y por lo que nos afirma la Liturgia, no fue “pecadora pública”, “adúltera” ni “prostituta”, sino sólo seguidora de Cristo, de cuyo amor ardiente fue contagiada, para anunciar el gozo pascual a los mismos Apóstoles.

La liturgia de su fiesta

Los textos bíblicos que se proclaman en su Memoria (que se celebra el 22 de julio) hablan de la búsqueda del «amado de mi alma» (Cant 3, 1-4a) o de la muerte y resurrección de Jesús como misterio de amor que nos apremia a vivir para «Aquel que murió y resucitó» por nosotros (2 Cor 5, 14-17). Ell evangelio que se proclama en la Misa es Jn 20, 1-2.11-18, es decir, el relato pascual en que Magdalena aparece como primera testigo de la Resurrección de Jesús, lo proclama «¡Maestro!» y va a anunciar a todos que ha visto al Señor. Como se ve, ninguna alusión a sus pecados ni a su supuesta identificación con María de Betania. Sólo pervive de esta supuesta identificación el hecho de que la Memoria litúrgica de Santa Marta se celebra justamente en la Octava de Santa Magdalena, es decir, una semana después, el 29 de julio. Santa María de Betania aun no tiene fiesta propia en el Calendario Litúrgico oficial.

Los textos eucológicos de la Misa de la Memoria de Santa María Magdalena nos dicen, por su parte, que a ella el Hijo de Dios le «confió, antes que a nadie… la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual» (Oración Colecta). Magdalena es aquella «cuya ofrenda de amor aceptó con tanta misericordia tu Hijo Jesucristo» (Oración sobre las Ofrendas) y es modelo de «aquel amor que [la] impulsó a entregarse por siempre a Cristo» (Oración Postcomunión).

En la Liturgia de las Horas ocurre otro tanto, ya que los nuevos himnos compuestos después de la reforma litúrgica (Aurora surgit lúcida para Laudes y Mágdalæ sidus para Vísperas) hacen hincapié en los mismos aspectos: María Magdalena como testigo privilegiado de la Resurrección, primera en anunciar a Cristo resucitado, y fiel e intrépida seguidora de su Maestro. Algo similar se verifica en los demás elementos del Oficio Divino, en los que -nuevamente- no hay alusión ninguna a los supuestos pecados de la Magdalena ni a su condición de hermana de Marta y Lázaro.

Como claro contraste, cabe señalar que en la liturgia previa al Concilio, la Memoria del 22 de julio se llamaba «Santa María Magdalena, penitente», y abundaban las referencias a su pecado perdonado por Jesús y a su condición de hermana de Lázaro. El evangelio que se proclamaba era justamente Lc 7, 36-50, es decir, la unción de Jesús a cargo de «una mujer pecadora que había en la ciudad»: “in civitate peccatrix”.

Finalmente, mencionemos que el culto a Santa María Magdalena es muy antiguo, ya que la Iglesia siempre veneró de modo especial a los personajes evangélicos más cercanos a Jesús. La fecha del 22 de julio como su fiesta ya existía antes del siglo X en Oriente, pero en Occidente su culto no se difundió hasta el siglo XII, reuniendo en una sola persona a las tres mujeres que los Orientales consideraban distintas y veneraban en diversas fechas. A partir de la Contrarreforma, el culto a María Magdalena, “pecadora perdonada”, adquiere aun más fuerza.

La leyenda oriental señala que después de la Ascensión habría vivido en Éfeso, con María y San Juan; allí habría muerto y sus reliquias habrían sido trasladadas a Constantinopla a fines del siglo IX y depositadas en el monasterio de San Lázaro.

Otra tradición -que prevalece en Occidente- cuenta que los tres “hermanos” (Marta, María “Magdalena” y Lázaro) viajaron a Marsella (en un barco sin velas y sin timón). Allí, en la Provenza, los tres convirtieron a una multitud; luego Magdalena se retiró por treinta años a una gruta (del “Santo Bálsamo”) a hacer penitencia. Magdalena muere en Aix-en-Provence, adonde los ángeles la habían llevado para su última comunión, que le da San Máximo. Diversos avatares sufren sus reliquias y su sepulcro a lo largo de los siglos.

Estas leyendas, naturalmente, no tienen ningún fundamento histórico y, como otras tantas, fueron forjadas en la Edad Media para explicar y autentificar la presencia, en una iglesia del lugar, de las supuestas reliquias de Magdalena, meta de innumerables peregrinajes.

Finalmente, cabe consignar que el apelativo “Magdalena” significa “de Magdala”, ciudad que ha sido identificada con la actual Taricheai, al norte de Tiberíades, junto al lago de Galilea.

Oración

María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
Amén.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

San Lorenzo de Brindis

¡Oh!, San Lorenzo de Brindisi, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, que, disteis al significado de vuestro nombre honor:
“coronado de laurel”. Y, así fue. Vuestra vida de santo predicador,
hizo de vos, famoso entre los Capuchinos. De memoria asombrosa
dotado, amasteis tanto a Jesús, que, el día que al convento fuisteis
preguntasteis: “Padre, ¿en mi celda habrá un crucifijo?”. “Si, lo
habrá”, respondió vuestro superior, y vos, le dijisteis: “Pues eso me
basta. Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir por
amor a Él, cualquier padecimiento”. Y, cuando un sacerdote quiso
saber, cómo predicabais con tanta facilidad, le respondisteis: “En
buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte a
que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal
es que encomiendo mucho a Dios, mis predicaciones, y cuando
empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a
hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido
del cielo”. ¡Respuesta maravillosa! Fundasteis conventos, contra
los protestantes y herejes predicasteis y trabajasteis por la paz y
la conversión de todos los hombres. La piedad practicabais y durante
durante la Misa Santa, erais a menudo, arrebatado en éxtasis.
Dormíais sobre duras tablas, huíais de cuanto honor se os presentaba
y ayunabais con frecuencia. Vuestra meditación preferida la Pasión
y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo era, a quien amasteis en
vida con mayor “pasión”. Vuestro legado, quince volúmenes de
enseñanzas, y entre ellos, ochocientos sermones, pues en la Sagrada
Escritura erais un verdadero especialista. Y, así, y luego de haber
gastado vuestra vida en buena lid, voló vuestra alma al cielo, para
justo premio recibir, por vuestra entrega constante de amor y fe;
¡oh!, San Lorenzo Brindisi, “pasión viva por el Dios del Amor y la Vida”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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21 de julio
San Lorenzo de Brindisi
Predicador
Año 1619

Lorenzo significa: coronado de laurel. Laureado. Este santo ha sido quizás el más famoso predicador de la comunidad de Padres Capuchinos. Nació en Brindis (Italia) cerca de Nápoles. Desde pequeño demostró tener una memoria asombrosa. Dicen que a los ocho años repitió desde el púlpito de la Catedral un sermón escuchado a un famoso predicador, con gran admiración de la gente.

Cuando pidió ser admitido como religioso en los Padres Capuchinos, el superior le adevirtió que le iba a ser muy difícil soportar aquella vida tan dura y tan austera. El joven le preguntó: “Padre, ¿en mi celda habrá un crucifijo?”. “Si, lo habrá”, respondió el superior. “Pues eso me basta. Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir por amor a El, cuaquier padecimiento”.

La facilidad de Lorenzo para aprender idiomas y para grabarse en la memoria todo lo que leía, dejó atónitos a sus superiores y compañeros. Prácticamente se aprendía de memoria capítulos enteros de la S. Biblia y muchas páginas más de libros piadosos. Hablaba seis idiomas: griego, hebreo, latín, francés, alemán e italiano.

Y su capacidad para predicar era tan excepcional, que siendo simple seminarista, ya le fue encomendado el predicar los 40 días de Cuaresma en la Catedral de Venecia por dos años seguidos. Las gentes vibraban de emoción al oir sus sermones, y muchos se convertían.

Un sacerdote le preguntó: “Fray Lorenzo, ¿a qué se debe su facilidad para predicar? ¿A su formidable memoria?” Y él respondió: “En buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte a que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones, y cuando empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido del cielo”.

Los capuchinos nombraron a Fray Lorenzo superior del convento y luego superior de Italia. Más tarde al constatar las grandes cualidades que tenía para gobernar, lo nombraron superior general de toda su comunidad en el mundo. En sus años de superiorato recorrió muchos países visitando los conventos de sus religiosos para animarlos a ser mejores y a trabajar mucho por el reino de Cristo. Había días que caminaba a pie 50 kilómetros. No le asustaba desgastarse en su salud con tal de conseguir la salvación de las almas y la extensión del reino de Dios. La gente lo amaba porque era sumamente comprensivo y bondadoso, y porque sus consejos hacían un gran bien. Siendo superior, sin embargo servía a la mesa a los demás, y lavaba los platos de todos.

El Santo Padre, el Papa, lo envió a Checoslovaquia y a Alemania a tratar de extender la religión católica en esos países. Se fue con un buen grupo de capuchinos, y empezó a predicar. Pero en esos días un ejército de 60 mil turcos mahometanos invadió el país con el fin de destruir la religión, y el jefe de la nación pidió al Padre Lorenzo que se fuera con sus capuchinos a entusiasmar a los 18 mil católicos que salían a defender la patria y la religión. La batalla fue terriblemente feroz. Pero San Lorenzo y sus religiosos recorrían el campo de batalla con una cruz en alto cada uno, gritando a los católicos: “Ánimo, estamos defendiendo nuestra santa religión”. Y la victoria fue completa. Los soldados victoriosos exclamaban: “La batalla fue ganada por el Padre Lorenzo”.

El Papa Clemente VIII decía que el Padre Lorenzo valía él solo más que un ejército.El Sumo Pontífice lo envió de delegado suyo a varios países, y siempre estuvo muy activo de nación en nación dirigiendo su comunidad y fundando conventos, predicando contra los protestantes y herejes, y trabajando por la paz y la conversión. Pero lo más importante en cada uno de sus días eran las prácticas de piedad. Durante la celebración de la Santa Misa, frecuentemente era arrebatado en éxtasis, y su orar era de todas las horas y en todos los sitios. Por eso es que obtuvo tan grandes frutos apostólicos.

Dormía sobre duras tablas. Se levantaba por la noche a rezar salmos. Ayunaba con frecuencia. Su alimento era casi siempre pan y verduras. Huía de recibir honores, y se esforzaba por mantenerse siempre alegre y de buen humor con todos. La gente lo admiraba como a un gran santo. Su meditación preferida era acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo.

En 1859 fue declarado “Doctor de la Iglesia”, por el Sumo Pontífice Juan XXIII. Y es que dejó escritos 15 volúmenes de enseñanzas, y entre ellos 800 sermones muy sabios. En Sagrada Escritura era un verdadero especialista.

Cuando viajaba a visitar al rey de España enviado por la gente de Nápoles para pedirle que destituyera a un gobernador que estaba haciendo mucho mal, se sintió sin fuerzas y el 22 de julio de 1619, el día que cumplía sus 60 años, murió santamente. Ha sido llamado el “Doctor apostólico”.

Ruega por nosotros, querido San Lorenzo, para que no tengamos miedo a gastarnos y desgastarnos por Cristo y su Santa Iglesia, como lo hiciste tú. Dijo Jesús: “Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto”.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Lorenzo_de_Brindis.htm)