San Lucio

¡Oh!; San Lucio, vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo, y el primero de los reyes Ingleses
que abrazasteis el cristianismo, en tiempos de Eleuterio
Papa, gracias a los santos Fugacio y Damián, misioneros
apostólicos, que la fe de Cristo os hicieron conocer y os
convirtieron. Además, fue la causa de vuestra conversión
el milagro de la legión fulminante, donde la Melitina
legión, toda de cristianos, salvó a vuestro ejército de morir
de sed, atrayendo sobre vosotros una providencial lluvia,
al mismo tiempo que, sobre vuestros enemigos una granizada
caía y una tormenta de rayos que los derrotó. Lograsteis
buenas relaciones con el romano imperio, a quien debíais
el poder. Y, así, os dirigisteis a Roma, para conocer
la iglesia del Dios de la vida. Más tarde, os encontramos
en Coira, en un monte y en una cueva que vuestro nombre
lleva, pues vos, vivisteis retirado del mundanal ruido
antes de ofrendar vuestra santa vida, con vuestro martirio,
luego de estar preso y ser decapitado en la fortaleza
de Martiola. Desde allí, voló vuestra alma al cielo, para
coronada ser con corona de luz, como justo premio a
vuestra entrega de amor, fe y esperanza. Vuestras
reliquias, se conservan en Augsburgo, para plena alegría
de quienes intentamos seguiros desde este valle de lágrimas;
¡oh!, San Lucio, “viva esperanza de Cristo, hecha fe y luz”.

© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Abril
San Lucio
Rey

San Lucio es, según una antiquísima tradición, el primero de los reyes de Inglaterra que abrazó el cristianismo, en tiempos del papa Eleuterio (170-185). El martirologio romano y el Liber Pontificalis concuerdan en ello y designan a los santos Fugacio y Damián como los misioneros apostólicos que llevaron la fe de Cristo a Inglaterra y convirtieron a Lucio. La versión histórica nos dice que Lucio era el jefe militar de uno de los pequeños Estados en que estaba dividida entonces Gran Bretaña.

La tradición señala como causa de su conversión, el milagro de la legión fulminante, la misma que relata que la legión Melitina, en tiempo de Marco Aurelio, compuesta toda ella de cristianos, en su expedición contra los sármatas salvó al ejército de morir de sed, atrayendo sobre ellos una lluvia providencial, al tiempo que caía sobre los enemigos una granizada y una tormenta de rayos que los derrotó.

Aprovechando Lucio las relaciones políticas con el imperio romano, al que debía su familia el poder, se dirigió a Roma para conocer la floreciente iglesia cristiana de la capital. Vuelve la tradición a completar su vida,situándolo en Coira (Suiza), donde hay un monte y una cueva dedicados a su nombre porque se cree que allí vivió retirado algún tiempo. Su vida terminó con el martirio: fue preso y decapitado en la fortaleza de Martiola. Sus reliquias se conservan en Augsburgo.

(http://www.elalmanaque.com/santoral/abril/22-4-lucio.htm)

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