Santa Matilde

¡Oh!; Santa Matilde, vos sois la hija de Dios de la vida,
y su amada santa, que honor hicisteis al significado de
vuestro nombre: “valiente en la batalla”. Desde niña
educada fuisteis por monjas y adquiristeis la piedad e
inclinación hacia la caridad para con los pobres. Os
casasteis joven con Enrique, de Sajonia duque y vuestro
matrimonio fue feliz. Vuestro esposo, muchos triunfos
obtuvo en la lucha por defender Alemania, de las invasiones
de los extranjeros, atribuyendo estos, a las oraciones de
vos. Cuando vuestro esposo nombrado fue rey, vos, como
reina, no dejasteis vuestros modos humildes y piadosos
de vivir. En vuestro palacio, parecíais más, una buena mamá
que una reina, y vuestra piedad se asemejaba más a una
religiosa que a una mujer de mundo, siendo muy generosa
al repartir limosnas entre los pobres. Vuestro marido
nunca os pedía cuentas de los gastos que vos hacíais,
porque convencido estaba de que todo lo repartíais a
los más necesitados. Vos, al viuda quedar ofrecisteis
una misa por el descanso de su alma, y arrodillándoos
ante el Santísimo Sacramento, al final de ella, os quitasteis
todas vuestras joyas y las dejasteis como ofrenda ante
el altar, ofreciendo a Dios el sacrificio de no volver a usar
joyas nunca más. Otón y Enrique, vuestros hijos, luego
de disputar el poder entre ellos, hicieron las paces, gracias
a vos, pero entonces a los dos se les ocurrió que todo
el dinero que vos afirmabais que habíais dado a los pobres,
lo teníais guardado y os sometieron a humillaciones y
vejámenes, pero no encontraron ningún dinero. Vos, decías
con fino humor: “Es verdad que se unieron contra mí,
pero por lo menos se unieron”. Luego os pidieron perdón,
os trajeron a palacio, permitiéndoos seguir repartiendo
limosnas a cuantos os lo pidieran. Otón, os amaba y veneraba
tanto que, cuando lo coronaron en Roma, os dejó encargada
del gobierno de Alemania. Cuando cumplisteis setenta años,
os dispusisteis a pasar a la eternidad repartisteis entre los más
pobres todas vuestras posesiones y rodeada de vuestros hijos
y nietos, voló vuestra alma al cielo para coronada ser con
corona de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor;
¡Oh!; Santa Matilde, “vivo amor y paz de Dios, en la tierra”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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14 de Marzo
Santa Matilde
Reina

Matilde significa: “valiente en la batalla”. Era descendiente del famoso guerrero Widukind e hija del duque de Westfalia. Desde niña fue educada por las monjas del convento de Erfurt y adquirió una gran piedad y una fortísima inclinación hacia la caridad para con los pobres.

Muy jóven se casó con Enrique, duque de Sajonia (Alemania). Su matrimonio fue excepcionalmente feliz. Sus hijos fueron: Otón primero, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; San Bruno, Arzobispo de Baviera; Gernerga, esposa de un gobernante; y Eduvigis, madre del famoso rey francés, Hugo Capeto.

Su esposo Enrique obtuvo resonantes triunfos en la lucha por defender su patria, Alemania, de las invasiones de feroces extranjeros. Y él atribuía gran parte de sus victorias a las oraciones de su santa esposa Matilde.

Enrique fue nombrado rey, y Matilde al convertirse en reina no dejó sus modos humildes y piadosos de vivir. En el palacio real más parecía una buena mamá que una reina, y en su piedad se asemejaba más a una religiosa que a una mujer de mundo. Ninguno de los que acudían a ella en busca de ayuda se iba sin ser atendido.

Era extraordinariamente generosa en repartir limosnas a los pobres. Su esposo casi nunca le pedía cuentas de los gastos que ella hacía, porque estaba convencido de que todo lo repartía a los más necesitados. Tampoco se disgustaba por las frecuentes prácticas de piedad a que ella se dedicaba, la veía tan bondadosa y tan fiel que estaba convencido de que Dios estaba contento de su santo comportamiento.

Después de 23 años de matrimonio quedó viuda, al morir su esposo Enrique. Cuando supo la noticia de que él había muerto repentinamente de un derrame cerebral, ella estaba en el templo orando. Inmediatamente se arrodilló ante el Santísimo Sacramento y ofreció a Dios su inmensa pena y mandó llamar a un sacerdote para que celebrara una misa por el descanso eterno del difunto. Terminada la misa, se quitó todas sus joyas y las dejó como un obsequio ante el altar, ofreciendo a Dios el sacrificio de no volver a emplear joyas nunca más.

Su hijo Otón primero fue elegido emperador, pero el otro hermano Enrique, deseaba también ser jefe y se declaró en revolución. Otón creyó que Matilde estaba de parte de Enrique y la expulsó del palacio. Ella se fue a un convento a orar para que sus dos hijos hicieran las paces. Y lo consiguió. Enrique fue nombrado Duque de Baviera y firmó la paz con Otón. Pero entonces a los dos se les ocurrió que todo ese dinero que Matilde afirmaba que había gastado en los pobres, lo tenía guardado. Y la sometieron a pesquisas humillantes. Pero no lograron encontrar ningún dinero. Ella decía con humor: “Es verdad que se unieron contra mí, pero por lo menos se unieron”.

Y sucedió que a Enrique y a Otón empezó a irles muy mal y comenzaron a sucederles cosas muy desagradables. Entonces se dieron cuenta de que su gran error había sido tratar tan mal a su santa madre. Y fueron y le pidieron humildemente perdón y la llevaron otra vez a palacio y le concedieron amplia libertad para que siguiera repartiendo limosnas a cuantos le pidieran.

Ella los perdonó gustosamente. Y le avisó a Enrique que se preparara a bien morir porque le quedaba poco tiempo de vida. Y así le sucedió.

Otón adquirió tan grande veneración y tan plena confianza con su santa madre, que cuando se fue a Roma a que el Sumo Pontífice lo coronara emperador, la dejó a ella encargada del gobierno de Alemania.

Sus últimos años los pasó Matilde dedicada a fundar conventos y a repartir limosnas a los pobres. Otón, que al principio la criticaba diciendo que era demasiado repartidora de limosnas, después al darse cuenta de la gran cantidad de bendiciones que se conseguían con las limosnas, le dio amplia libertad para dar sin medida. Dios devolvía siempre cien veces más.

Cuando Matilde cumplió sus 70 años se dispuso a pasar a la eternidad y repartió entre los más necesitados todo lo que tenía en sus habitaciones, y rodeada de sus hijos y de sus nietos, murió santamente el 14 de marzo del año 968.

Petición

Matilde; reina santa y generosa: haz que todas las mujeres del mundo que tienen altos puestos o bienes de fortuna, sepan compartir sus bienes con los pobres con toda la generosidad posible, para que así se ganen los premios del cielo con sus limosnas en la tierra.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Matilde.htm)

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