San Blas y San Oscar

¡Oh!, San Blas, vos sois el hijo del Dios de la vida,
y su amado santo, y que honor hicisteis al significado
de vuestro nombre: “arma de la divinidad”. Vos,
excelente médico erais, y aprovechabais de ello,
para evangelizar a las gentes de vuestro tiempo.
Por vuestra gran santidad, el pueblo os eligió como
Obispo y cuando la persecución de Diocleciano,
estalló, os fuisteis a la montaña, y desde allí
dirigíais y animabais a todos los cristianos
perseguidos, y por la noche bajabais a escondidas
a la ciudad a ayudarles y, a socorrer y consolar
a los que estaban en las cárceles, y a llevarles
la Sagrada Eucaristía. Curabais a las fieras heridas
y ellas venían en cantidad a visitaros cariñosamente.
Y, ello, más tarde, causa fue de que os tomaran
preso. El gobernador os ofreció muchos premios,
que vos, rechazasteis, pues rspndisteis que amigo
de Jesús y de su santa religión seríais hasta el fin.
A ésto, os sometieron a torturas y sin proferir
queja alguna y sin dejar de proclamar vuestra amor
a Dios, os cortaron la cabeza. Hasta hoy se escuchan
decir: “Por intercesión de San Blas, te libre Dios
de los males de garganta”, y,cuando los niños se
enfermaban de la garganta, las mamás repiten: “San
Blas bendito, que se ahoga el angelito”. Hoy, estáis
en el cielo, coronado de luz, como justo premio a
vuestra grande entrega e increíble de amor y fe;
¡oh!, San Blas, “Arma de la Divinidad de Jesucristo”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Febrero
San Blas y San Oscar

San Blas
(año 316)

Blas significa: “arma de la divinidad”.(año 316)
San Blas fue obispo de Sebaste, Armenia (al sur de Rusia).

Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba de la gran influencia que le daba su calidad de excelente médico, para hablarles a sus pacientes en favor de Jesucristo y de su santa religión, y conseguir así muchos adeptos para el cristianismo.

Al conocer su gran santidad, el pueblo lo eligió obispo. Cuando estalló la persecución de Diocleciano, se fue San Blas a esconderse en una cueva de la montaña, y desde allí dirigía y animaba a los cristianos perseguidos y por la noche bajaba a escondidas a la ciudad a ayudarles y a socorrer y consolar a los que estaban en las cárceles, y a llevarles la Sagrada Eucaristía.

Cuenta la tradición que a la cueva donde estaba escondido el santo, llegaban las fieras heridas o enfermas y él las curaba. Y que estos animales venían en gran cantidad a visitarlo cariñosamente. Pero un día él vio que por la cuesta arriba llegaban los cazadores del gobierno y entonces espantó a las fieras y las alejó y así las libró de ser víctimas de la cacería.

Entonces los cazadores, en venganza, se lo llevaron preso. Su llegada a la ciudad fue una verdadera apoteosis, o paseo triunfal, pues todas las gentes, aun las que no pertenecían a nuestra religión, salieron a aclamarlo como un verdadero santo y un gran benefactor y amigo de todos.

El gobernador le ofreció muchos regalos y ventajas temporales si dejaba la religión de Jesucristo y si se pasaba a la religión pagana, pero San Blas proclamó que él sería amigo de Jesús y de su santa religión hasta el último momento de su vida.

Entonces fue apaleado brutalmente y le desgarraron con garfios su espalda. Pero durante todo este feroz martirio, el santo no profirió ni una sola queja. El rezaba por sus verdugos y para que todos los cristianos perseveraran en la fe.

El gobernador, al ver que el santo no dejaba de proclamar su fe en Dios, decretó que le cortaran la cabeza. Y cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio iba bendiciendo por el camino a la inmensa multitud que lo miraba llena de admiración y su bendición obtenía la curación de muchos.

Pero hubo una curación que entusiasmó mucho a todos. Una pobre mujer tenía a su hijito agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta. Corrió hacia un sitio por donde debía pasar el santo. Se arrodilló y le presentó al enfermito que se ahogaba. San Blas le colocó sus manos sobre la cabeza al niño y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niñito recobró su salud. El pueblo lo aclamó entusiasmado.

Le cortaron la cabeza (era el año 316). Y después de su muerte empezó a obtener muchos milagros de Dios en favor de los que le rezaban. Se hizo tan popular que en sólo Italia llegó a tener 35 templos dedicados a él. Su país, Armenia, se hizo cristiano pocos años después de su martirio.

En la Edad Antigua era invocado como Patrono de los cazadores, y las gentes le tenían gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta. El 3 de febrero bendecían dos velas en honor de San Blas y las colocaban en la garganta de las personas diciendo: “Por intercesión de San Blas, te libre Dios de los males de garganta”. Cuando los niños se enfermaban de la garganta, las mamás repetían: “San Blas bendito, que se ahoga el angelito”.

A San Blas, tan amable y generoso, pidámosle que nos consiga de Dios la curación de las enfermedades corporales de la garganta, pero sobre todo que nos cure de aquella enfermedad espiritual de la garganta que consiste en hablar de todo lo que no se debe de hablar y en sentir miedo de hablar de nuestra santa religión y de nuestro amable Redentor, Jesucristo.

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¡Oh!, San Oscar, vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo, llamado con divina justicia “el
evangelizador de las tierras gélidas”: Dinamarca,
Suecia y Noruega, porque, a los habitantes de aquél
tiempo, hombres, mujeres, ancianos y niños, el corazón
calentasteis, con medicina preciosa, la luz del mundo:
Jesucristo Dios y Señor Nuestro; que desde entonces
flamea, como llama viva de esperanza. Vos, disteis
calor a aquellos hermanos, y Dios, os premió con
corona de luz eterna, como premio por vuestro amor;
¡oh!, San Oscar, “lumbrera viva de Jesucristo”

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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San Oscar
Misionero
(Año 865)

Este gran misionero fue el evangelizador y primer obispo de los países escandinavos, o sea: Dinamarca, Suecia y Noruega. Murió muy joven, agotado de tanto misionar y de tanto trabajar por extender el reino de Cristo. Su muerte sucedió el 3 de febrero del año 865.

Propósito

Pediré a Dios que me conceda su gran fortaleza para ser fiel creyente hasta el final de la vida. Si no pido esta gracia quizás no la reciba, pero si la pido muchas veces la voy a conseguir, porque Jesús prometió: “Todo el que pide, recibe”.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Blas_Oscar.htm)

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