San Bonifacio, Apóstol de Alemania

Oh, San Bonifacio, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, y su amado santo, que, sacerdote
ordenado, con dos compañeros, os encaminasteis
por el mundo de vuestro tiempo, para, diseminar
las “palabras de vida eterna”, para alegría
del Dios de la vida. “Soldado de Cristo, te
llamarás Bonifacio”, os dijo el Santo Padre. Y,
así fue. Y, los bárbaros, convertidos fueron.
Presidisteis un concilio y varios sínodos, y
además, fundasteis monasterios y conventos. Y,
más tarde, el Papa, os hizo Arzobispo de Maguncia.
Y, entonces, mano echasteis a emprendedoras y
santas mujeres que os apoyaron en vuestra santa
obra, entre ellas: santa Tecla, santa Walburga
y santa Lioba. Y, vuestra obra, trascendió
las fronteras y entonces creó celos en el maligno,
que viendo vuestros logros, planeó vuestra
muerte. “Dios salvará nuestras almas”, gritasteis
a viva voz, antes del ataque. Vuestros misioneros
fueron atacados con lanzas y espadas y uno de
vuestros verdugos se arrojó sobre vos, atinando
a cubriros con el libro del Evangelio Santo. La
espada partió el libro y vuestra cabeza. Y, así,
vuestra alma, voló al cielo, para entregarla a
quien os la dio: Dios Padre. Y, Él, feliz, os
coronó con corona de luz eterna, como premio a
vuestra entrega de amor. Santo Apóstol de Alemania
y Patriarca de todos los católicos alemanes;
oh, San Bonifacio, “soldado de la fe y de la luz”.

© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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5 de Junio
San Bonifacio
Apóstol de Alemania

Bonifacio nació hacia el año 680, en el territorio de Wessex (Inglaterra). Su verdadero nombre era Winfrido. Ordenado sacerdote, en el año 716 con dos compañeros se encaminó a Turingia; pero aún no era la hora de su apostolado. Regresó a su monasterio y en el año 718 viajó a Roma para solicitar del papa Gregorio II autorización de misionar en el continente. El Sumo Pontífice lo escuchó complacido y, en el momento de otorgarle la bendición, le dijo: “Soldado de Cristo, te llamarás Bonifacio”. Este nombre significa “bienhechor”.

En 719 se dirigió a Frislandia. Allí estuvo tres años; luego se marchó a Hesse, convirtiendo a gran número de bárbaros. En Amoneburg, a orillas del río Olm, fundó el primer monasterio. Regresó a Roma, donde el papa lo ordenó obispo.

Poco después, en el territorio de Hesse, fundaba el convento de Fritzlar. En el año 725 volvió a dirigirse a Turingia y, continuando su obra misionera, fundó el monasterio de Ordruf. Presidió un concilio donde se encontraba Carlomán, hijo de Carlos Martel y tío de Carlomagno, quien lo apoyó en su empresa. En el año 737, otra vez en Roma, el papa lo elevó a la dignidad de arzobispo de Maguncia. Prosiguió su misión evangelizadora y se unieron a él gran cantidad de colaboradores.

También llegaron desde Inglaterra mujeres para contribuir a la conversión del país alemán, emparentado racialmente con el suyo. Entre éstas se destacaron santa Tecla, santa Walburga y una prima de Bonifacio, santa Lioba. Este es el origen de los conventos de mujeres. Prosiguió fundando monasterios y celebrando sínodos, tanto en Alemania como en Francia, a consecuencia de lo cual ambas quedaron íntimamente unidas a Roma.

El anciano predicador había llegado a los ochenta años. Deseaba regresar a Frisia (la actual Holanda). Tenía noticias de que los convertidos habían apostatado. Cincuenta y dos compañeros fueron con él. Atravesaron muchos canales, hasta penetrar en el corazón del territorio. Al desembarcar cerca de Dochum, miles de habitantes de Frisia fueron bautizados. El día de pentecostés debían recibir el sacramento de la confirmación.

Bonifacio se encontraba leyendo, cuando escuchó el rumor de gente que se acercaba. Salió de su tienda creyendo que serían los recién convertidos, pero lo que vio fue una turba armada con evidente determinación de matarlo.

Los misioneros fueron atacados con lanzas y espadas. “Dios salvará nuestras almas”, grito Bonifacio. Uno de los malhechores se arrojó sobre el anciano arzobispo, quien levantó maquinalmente el libro del evangelio que llevaba en la mano, para protegerse. La espada partió el libro y la cabeza del misionero. Era el 5 de junio del año 754.

El sepulcro de san Bonifacio se halla en Fulda, en el monasterio que él fundó. Se lo representa con un hacha y una encina derribada a sus pies, en recuerdo del árbol que los gentiles adoraban como sagrado y que Bonifacio abatió en Hesse. Es el apóstol de Alemania y el patriarca de los católicos de ese país.

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