Santa Eteldreda de Ely

Oh, Santa Eteldreda de Ely, vos, sois la hija
del Dios de la vida y su amada santa, que
siendo hija de reyes y vos misma reina, de
Northumbria, después de dos matrimonios
recibisteis el velo monástico de manos de
san Wilfrido, dirigiendo y orientando de
manera maternal con vuestro ejemplo y
consejo a vuestras amadas monjas. Vos,
no en vano fuisteis hermana de otras tres
santas: Etelburga, Sesburga, y Withburga,
y la efervescencia espiritual de vuestra tierra
os invitó a vivir vuestro matrimonio casto.
A los tres años, vuestro esposo murió y vos,
os retirasteis a una vida de penitencia y
oración, casándoos de nuevo, por puras
políticas razones y vivisteis una vez más
en castidad, pero vuestra alma estaba ya
en poder de Dios, por ello os separasteis
de vuestro marido y entrasteis a un convento,
convirtiéndoos en novicia, donde llegasteis
a abadesa ser. Vuestra vida, junto con la de
vuestras hermanas, era fuerte, pues estabais
acostumbrada a cortar leña, los animales
cuidar y lavar vuestra ropa. Y, en medio de
aquella vida, vuestra estatura moral se
impuso para alegría de quienes os admiraban
y de manera especial, a los ojos de Dios;
oh, Santa Eteldreda de Ely, “pasión por Dios”.

© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 de junio
Santa Eteldreda de Ely
Abadesa

Martirologio Romano: En el monasterio de Eli, en East Cambridgeshire, Inglaterra, santa Eteldreda, abadesa, quien, hija de reyes y ella misma reina de Northumbria, después de dos matrimonios recibió el velo monástico de manos de san Wilfrido en el monasterio que ella misma había fundado, dirigiendo maternalmente con sus ejemplos y consejos a sus monjas († 679).

También es conocida como: Audrey, Ediltrude, Ethelthryth, Ethelreda o Edeltraud

Santa Eteldreda (636 a 679 en Inglés Audrey, un nombre femenino muy común) era la hija del rey Anna (? -653), Rey de Inglaterra Oriental, fue hermana de otras tres santas: Etelburga (? -664), Sesburga (? -699) y Withburga (? -743): coincidencia algo rara pero no única entre las familias reales europeas. Eteldreda nació en Exning, Suffolk, muy joven fue comprometida en matrimonio con el Príncipe de Tonberto Gyrwe (? -655), quien le dio como regalo de bodas una propiedad en Ely. En aquellos días existía un gran fervor espiritual en Inglaterra ya que recientemente se había convertido al cristianismo. La pareja decidió vivir en castidad.

Tres años después de casarse murió el príncipe y Eteldreda se retiró a su finca en Ely para llevar una vida de penitencia y oración. Pero por razones políticas tuvo que casarse nuevamente, esta vez con el príncipe Egfrido (645-685), hijo de Oswiu rey de Northumbria (612-670). El novio tenía tan sólo quince años, y también aceptó la propuesta de Eteldreda a vivir en castidad. Doce años más tarde, sin embargo, pidió ser liberado de la promesa. Eteldreda se negó, alegando sentirse dedicada a Dios.

Pidió la mediación del obispo San Wilfrido (633-709) quien declaró que la pareja debía mantener la promesa. Pero como Egrfrido, ahora convertido en rey, ya no deseaba mantenerla, el obispo aconsejó a Eteldreda se separara de su marido y entrara en un convento. Se convirtió en novicia en el monasterio de Codingham y luego regresó a Ely, donde fundó un gran monasterio doble (es decir, tenía una rama masculina y una rama femenina), ella fue elegida abadesa del nuevo convento. Murió en el convento de Ely 23 de junio 695.

En la vida de Santa Eteldreda vemos un atisbo de la Inglaterra primitiva al principios de la Edad Media, que es una mezcla de lo salvaje y lo sobrenatural, creando un contraste de extraordinaria belleza.

No debemos imaginar a Santa Eteldreda y a sus tres santas hermanas como las delicadas y frágiles princesas hijas de Luis XV de Francia (1710-1774), vestidas con sedas y que para los retratos parecen muñecas de porcelana. Estas princesas eran mujeres fuertes, acostumbradas a cortar leños en el bosque, a cuidar personalmente de los animales y lavar su propia ropa. Pero al mismo tiempo, sobresalen por su estatura moral en un país al que apenas estaba llegando la Luz. Sus vidas son la cuna de las dinastías futuras, y sus pueblos, el punto de partida de nuevas civilizaciones.

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=10795)