San Félix de Nola

Oh, San Félix de Nola, vos, sois
el hijo del Dios de la vida, que,
os abrazasteis a la cruz de Cristo,
para su soldado ser. Y, grande debió
ser vuestra obra, para que a vos,
os rindieran homenajes otros santos.
Encadenaron vuestro cuerpo, pero
vuestro espíritu, libre fue siempre
para la obra y la oración. Mientras
Máximo, vuestro Obispo en las montañas
refugiado estaba, hambre, frío, dolor
y tristeza padecía y vos, caridad
le demostrasteis, socorriéndole
y sorteando graves peligros y riesgos,
de la persecución de vuestro tiempo.
Tamaña, fue vuestra humildad que,
os negasteis a reemplazarlo a él,
y preferisteis quedaros Presbítero,
y continuar evangelizando a vuestra
grey. Entregasteis vuestra alma al
Padre, luego de haberla gastado en
buena lid y corona eterna de luz
recibisteis, como premio justo a
vuestra fidelidad y amor a Cristo;
oh, San Félix de Nola, “siervo feliz”.

© 2012 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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14 de enero

 San Felix de Nola

Señor Dios, Rey Omnipotente: tú que le permitiste a tu mártir San Félix conseguir favores tan maravillosos para sí y para sus devotos, haz que nuestra fe sea también tan grande que consigamos maravillosas intervenciones tuyas  en favor nuestro y en favor de los que necesitan  la ayuda de nuestra oración. Amen.

Nola es una pequeña y antiquísima ciudad, situada a unos 20 kilómetros de Nápoles. Allí vio la luz san Félix, cuyo nombre significa “feliz”, en el siglo III. Su padre Hermias era sirio, de profesión militar. Nuestro santo, en cambio, prefirió ser soldado de Cristo.

Poco sabemos de su infancia y juventud. Padeció las terribles persecuciones desatadas por Decio y por Valeriano. Por estas circunstancias carecemos de actas que hubieran podido proporcionar noticias precisas. Los rasgos más exactos que conocemos a través de san Paulino, poeta y obispo de Nola, quien escribió su biografía a fines del siglo IV y lo tuvo como santo protector. También escribieron sobre él Beda, san Agustín y Gregorio Turonense. El papa san Dámaso le dedicó un poema.

Para destruir la Iglesia, el emperador Decio ordenó prender y procesar principalmente a los obispos, presbíteros y diáconos. Gobernaba entonces la grey de Nola el obispo Máximo, cargado de años, quien se refugió en las montañas de los Apeninos. Félix, que era presbítero, se quedó en la ciudad para vigilar y proteger a los fieles.

No duró mucho tiempo la seguridad de Félix, pues Nola era una pequeña ciudad donde todos se conocían y él no disimuló su condición de cristiano. Arrestado y conducido a la cárcel, lo ataron con cadenas, y así permaneció durante meses. Por su parte, en las montañas, el obispo Máximo padecía hambre, frío, tristeza y dolor.

Félix fue un ejemplo de devoción al obispo. Socorrió a Máximo corriendo gravísimos riesgos y compartió con él la dura experiencia de la persecución.

Habiendo escapado de la furia desatada por Decio, Félix se vio nuevamente amenazado, junto con toda su comunidad, por las disposiciones que contra los cristianos dictó el emperador Valeriano, entre los años 256 y 257.

Al morir Máximo quisieron forzar a Félix a ocupar la silla episcopal, pero él rehusó tal dignidad, prefiriendo continuar como presbítero su misión evangelizadora. Murió el 14 de enero, se cree que del año 260. Fue enterrado en Nola y su sepulcro se convirtió en lugar de peregrinación. En Roma le fue consagrada una basílica.

Los campesinos de su tierra invocan a san Félix de Nola como protector de los ganados. San Gregorio de Tours ha escrito sobre los numerosos milagros operados junto a su tumba.
 
(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Felix_de_Nola.htm)

 

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