San Bernardo

¡Oh¡; San Bernardo amado!.
Si la creación toda, humano cuerpo
tuviese; toda ella, colmado hubiese,
conventos y monasterios de tu tiempo,
pero, bastó la mies aquella, que presta
y cautivada por ti; siguió tus huellas,
para pasaje ganar a los puertas del cielo.
¡Oh¡; San Bernardo amado!.

© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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San Bernardo

20 de Agosto
Doctor de la Iglesia
Año 1153
“San Bernardo: gran predicador, enamorado de Cristo y
de la Madre Santísima: pídele al buen Dios que nos conceda a nosotros un amor a Dios y al prójimo, semejante al que te concedió a ti. Quiera Dios que así sea”.

“NO ERES MÁS SANTO PORQUE NO ERES MÁS DEVOTO DE MARÍA”

(San Bernardo)

Bernardo significa: “Batallador y valiente”. (Bern=batallador; Nard=valiente)

En orden cronológico, o sea en cuanto al tiempo, San Bernardo es el último de los llamados Padres de la Iglesia. Pero en importancia es uno de los que más han influido en el pensamiento católico en todo el mundo.

Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090. Sus padres tuvieron siete hijos y a todos los formaron estrictamente haciéndoles aprender el latín, la literatura y, muy bien aprendida, la religión.

La familia que se fue con Cristo

Esta familia ha sido un caso único en la historia. Cuando Bernardo se fue de religioso, se llevó consigo a sus 4 hermanos varones, y un tío, dejando a su hermana a que cuidará al papá (la mamá ya había muerto) y el hermanito menor para que administrara las posesiones que tenían. Dicen que cuando llamaron al menor para anuanciarle que ellos se iban de religiosos, el muchacho les respondió: “¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí unicamente en la tierra? Esto no lo puedo aceptar”. Y un tiempo después, también él se fue de religioso. Y más tarde llegaron además al convento el papá y el esposo de la hermana (y ella también se fué de monja). Casos como este son más únicos que raros.
 

La personalidad de Bernardo

Pocos individuos han tenido una personalidad tan impactante y atrayente, como San Bernardo. El poseía todas las ventajas y cualidades que pueden hacer amable y simpático a un joven. Inteligencia viva y brillante. Temperamento bondadoso y alegre, se ganaba la simpatía de cuantos trataban con él. Esto y su físico lleno de vigor y lozanía era ocasión de graves peligros para su castidad y santidad. Por eso durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano y lo sensual. Pero todo esto lo llenaba de desilusiones. Las amistades mundanas por más atractivas y brillantes que fueran lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más y más desilusionado del mundo y de sus placeres.

A mal grave, remedio terrible

Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó entre el hielo hasta quedar casi congelado. Y el tremendo remedio le trajo mucha paz.

Una visión cambia su rumbo: una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía al Niñito Santo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado.

Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra

Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban, lo aceptó con gran alegría pues, en aquel convento, hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para irse a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera.

Pero aquí sí que apareció el poder tan sorprendente que este hombre tenía para convencer a los demás e influir en ellos y ganarse su voluntad. Empezó a hablar tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y casi a todos los jóvenes de los alrededores, y junto con 31 compañeros llegó al convento de los Cistercienses a pedir ser admitidos de religiosos. Pero antes en su finca los había preparado a todos por varias semanas, entrenándolos acerca del modo como debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos. En el año 1112, a la edad de 22 años, se fue de religioso al convento.

El papá, el hermano Nirvardo, el cuñado y la hermana, ya irán llegando uno por uno a pedir ser recibidos como religiosos.

Formidable poder de atracción. En toda la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a las comunidades religiosas, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo, porque lo mas probable era que se iría de religioso. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban “el cazador de almas y vocaciones”. Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Císter demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio sumamente árido y lleno de bosques donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa valle muy claro, ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día.

Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros a los pocos años tenía 130 religiosos; de este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos.

La oratoria de santo. Después de San Juan Crisóstomo y de San Agustín, es difícil encontrar otro orador católico que haya obtenido tantos éxitos en su predicación como San Bernardo. Lo llamaban “El Doctor boca de miel” (doctor melífluo) porque sus palabras en la predicación eran una verdadera golosina llena de sabrosura, para los que la escuchaban. Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Su amor a la Virgen Santísima.

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo, porque entre todos los predicadores católicos quizás ninguno ha hablado con más cariño y emoción acerca de la Virgen Santísima que este gran santo. Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: “Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María”. Y repetía la bella oración que dice: “Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir”.

El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante. “Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial”. Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.

Viajero incansable. El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil. Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso, por imprudente, se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le daño la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo fuertemente las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos.

Exclamaba: “A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas” (ya en las noches pararía luego sus horas dedicado a la oración y a la meditación).

De carbonero a Pontífice. Un hombre muy bien preparado le pidió que lo recibiera en su monasterio de Claraval. Para probar su virtud lo dedicó las primeras semanas a transportar carbón, y el otro lo hizo de muy buena voluntad. Después llegó a ser un excelente monje, y más tarde fue nombrado Sumo Pontífice Eugenio III. El santo le escribió un famoso libro llamado “De consideratione”, en el cual propone una serie de consejos importantísimos para que los que están en puestos elevados no vayan a cometer el gravísimo error de dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación. Y llegó a decirle: “Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación”.

Despedida gozosa. Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ej. Hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba: “Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca”. Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a sus eternidad feliz el 20 de agosto del año 1153. Solamente tenía 63 años pero había trabajado como si tuviera más de cien. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Bernardo_8_20.htm)

¿Vuela El Tiempo y Destruye?

¿Vuela el tiempo y destruye?. ¡Sí!. Sigue en
alas, por las cornisas de la vida; caza incautos
desesperados y felices seres; en los túneles
del día y de la noche. Habita en los rascacielos,
y en el bajo mundo. Los corroe y destruye.
Ni el campo, ni los bosques y montañas se salvan.
¡Todo lo destruye!.

El tiempo es eterno e inacabable y hace crujir
las pieles mas lozanas y los huesos más duros;
pero hay algo contra lo que no puede: Arrugar
y destruir el alma y el espíritu!. ¿Vuela el tiempo
y destruye?. Sí; todo lo acaba, menos el alma
y el espíritu; porque son de Dios, no del tiempo.
¡No del tiempo!.

© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado

Jesucristo, Rey del Universo

Tú,  El Dios de la vida;
Tú,  El Alpha y el Omega;
Tú,  El Rey del Universo.  

© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

25 de Noviembre 

Meditación 1. 
Jesús comenzó la vida pública anunciando su reino. “El plazo está vencido, el Reino de Dios está cerca. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva” (Mt 1,14).

El Reino de Dios es ante todo espiritual. Su realización final consiste en la unión de todos los bienaventurados disfrutando de Dios en el Cielo.

Se ingresa en este Reino aceptando el mensaje del Evangelio por fe y recibiendo el Bautismo. Jesús dijo a los Apóstoles: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará”(Mc 16,15-16).

Toda persona que quiera pertenecer al Reino de Dios necesita nacer de Dios otra vez. Viene a ser hijo de Dios no meramente por adopción legal sino por real y verdadera participación de la vida divina. “A todos los que lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios” (Jn 1,12). El Reino de Cristo no es de dominar la tierra. El mismo dijo a Pilato: “Mi reinado no es de acá” (Jn, 18,36).

Se designa el Reino de Dios comúnmente con el nombre de Iglesia. Es a la vez divino y humano, terreno y celestial. Pequeño al principio como el grano de mostaza, estaba llamado a ser católico, o sea, a extenderse por todo el mundo. La idea de la Iglesia como Reino universal de Dios demuestra claramente que no puede haber más que un solo Reino de Dios.

La Iglesia es Jesucristo, que vive y actúa en el mundo por sus ministros, debidamente autorizados, hasta el fin de los tiempos. Él dio a su Iglesia una forma, una organización que la capacitase para realizar su misión en el mundo: enseñar, dirigir y santificar las almas.

Pertenecer al Reino de Dios es lo más precioso a que puede aspirar una persona. Debemos considerarlo como una perla que no tiene precio y, en agradecimiento, sacrificarnos por este don.

Jesucristo es nuestro Rey. Es el primogénito de toda la creación. Él es antes que todas las cosas, pues todo fue creado en Él, por Él y para Él. Es el más importante entre todas las criaturas a la vez que su Creador, perfecta imagen de Dios, el primogénito de la creación.

Cristo es el centro del plan salvífico de Dios, porque el cristiano puede llevar a cumplimiento su tarea haciendo que la creación dé gloria a Dios por medio de Jesús, el Señor resucitado. Dijo Jesús a Pilato: “Mi reinado no es de acá… Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la Verdad. Todo hombre que está de parte de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18, 36-37)

Es de fe que Jesucristo en cuanto Hombre tiene pleno espiritual para guiar por el camino de la salvación, establecer la Iglesia y los Sacramentos y conceder todas las gracias de orden sobrenatural. Por estar unidas en Él las naturalezas divinas y humanas posee mayor poder aún y esto es la base de la Realeza.

Cada uno de nosotros debemos esforzarnos personalmente por ser súbditos de Cristo Rey con la mayor perfección posible de mente, voluntad y corazón, porque fuimos comprados al precio de su preciosísima Sangre. Cristo es Rey del hogar y de la sociedad.Jesús nos pide creer en Él, poner en Él nuestra esperanza y amarle de todo corazón. Él nos ha dicho ” El Padre ama al Hijo y pone todas las cosas en sus manos. El cree al Hijo vive de la vida eterna” (Jn 3, 35-36).
   
Meditación 2.      «A Jesucristo Rey de reyes venid y adorémosle» 
Es día de proclamar su realeza, de decir entre suspiros: ¡Venga a nosotros tu reino! De decir al Padre: ¡Padre glorifica a tu Hijo!

Jesucristo no es Rey por gracia nuestra, ni por voluntad nuestra, sino por derecho de nacimiento, por derecho de filiación divina, por derecho también de conquista y de rescate.

«Así que Cristo es Rey universal de este mundo por su propia esencia y naturaleza» (Sn. Cirilo de Alejandría), en virtud de aquella admirable unión que llaman hipostática, la cual le da pleno dominio no sólo sobre los hombres, sino sobre los ángeles y todas las criaturas. (Pío XI)

Y ¿qué de extraño tiene sea Rey de los hombres el que fue Rey de los siglos? Pero Jesucristo no es Rey para exigir tributos o para armar un ejército con hierro y pelear visiblemente contra sus enemigos. Es Rey para gobernar los espíritus, para proveer eternamente al mundo, para llamar al reino de los cielos a los que creen, esperan y aman.

Nadie tema vaya a perder algo porque se someta al «suavísimo imperio de Cristo». (Col) No teman las sociedades porque Él es quien las funda y las sustenta. No teman los poderosos porque « no quita los reinos mortales quien da los celestiales». No teman tampoco los individuos porque servir a Cristo es reinar. Es un Rey tal, que no esclaviza, ni esquilma a sus servidores; un Pastor y un Señor que no toma nada de su rebaño, sino que todo lo da, y antes se desvive por los suyos y se les entrega, con todos sus bienes ya desde la tierra, hasta que sean capaces de poseerle y de gozarle más cumplidamente en el cielo.

Piensan los insensatos que les va a privar de la libertad, cuando se la va a acrecentar y perfeccionar, proscribiendo tan sólo el libertinaje, tan fatal para el alma como para los cuerpos, para las naciones como para los individuos, ya que «lo que hace míseros a los pueblos es el pecado».

Conviene, pues que Él reine, porque su reinado «es eterno y universal, es un reinado de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Quiere ante todo reinar en las inteligencias, en las voluntades y en los corazones de los hombres. 
   
Oración a Cristo Rey.  

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuerstros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.
   
Las Sagradas Escrituras.

“Ya tengo consagrado yo a mi Rey en Sión, mi monte santo…Tú eres hijo mío, hoy te he dado a la vida. Pídeme y serán tu herencia las naciones, tu propiedad los confines de la tierra. Las podrás aplastar con vara de hierro” (Sal 2, 6-9).” Dios le dará el trono de David, su antepasado. Gobernará por siempre el pueblo de Jacob y su reino no terminará jamás” (Lc 1, 32-33)

“Mi realeza no procede de este mundo; si fuera rey como los de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá. “Pilato le preguntó: Entonces ¿tú eres rey?” Jesús contestó: “Tú lo has dicho: Yo soy Rey. Para esto nací, para esto vine al mundo, para ser testigo de la Verdad“. (Jn 18, 36-37)

“Lleva escrito en la capa y en el muslo este título: “Rey de reyes y Señor de señores”. (Ap 19, 16)
 
   
Consagración de la humanidad para el día de Cristo Rey por el Papa Pío XI
 

¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.

¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre y miseria.

Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.

Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino ésta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.
 
 Novena
 
Oración Propia: 
Jesús, dijiste que tu Reino está entre nosotros, pero no es de este mundo; es un Reino espiritual, sobrenatural, el Reino de la verdad. Tus armas son las fuerzas del convencimiento, y de este modo conquistas los corazones que justamente te pertenecen. Tú bien sabes que esto es verdad. Tú mismo eres la Verdad.

Jesús, creo que eres verdaderamente Rey, pues has venido al mundo a establecer entre la gente el Reino de Dios. Todo aquel que es de la verdad, que cree en Dios y reconoce su autoridad en los asuntos humanos, te debe una fiel e invisible lealtad y “escucha tu voz”.

Como católico, soy miembro de tu Reino: Tú eres mi Rey. Te debo lealtad, obediencia y amor. Ayúdame a poner en práctica mis sacratísimos deberes para contigo. Quiero ser “de la verdad”, es decir, “hijo de Dios“, con alegría oír tu voz y seguirte en todo. Te acojo como mi Rey y me someto gustoso a tu voluntad.

Reina sobre todo en mi corazón y en mi vida. Tu reinado es paz del Cielo; tu ley es el amor. Ayúdame a orar y trabajar porque tu Reino llegue a todas las almas, a toda la familia, a toda la nación.

Jesús, pues te rindo homenaje como a mi Rey, acudo a Ti con gran confianza, pidiéndote me concedas esta gracia en particular, si es conforme a tu santa voluntad (Mencione el favor que desea).

Señor, Jesucristo, mi Rey, te adoro como Hijo de Dios y por la intercesión de tu bondadosísima Madre te pido me envíes des de la abundancia de tu amable corazón la gracia del Espíritu Santo, que ilumine mi entendimiento, purifique mi corazón pecador y confirme en mí tu Santo amor. Te lo pido por amor del Padre y del Espíritu Santo, por tu infinita misericordia y por los méritos de todos los Santos. Amén.
 
Consagración: 
Cristo Jesús, te reconozco como Rey del universo. Tú has creado todo cuanto existe. Usa plenamente de tus derechos sobre mí. Renuevo mis promesas de Bautismo por las que renuncié a Satanás, a todas sus seducciones y a todas sus obras. Te prometo vivir como buen cristiano. Me comprometo especialmente a colaborar por el triunfo de los derechos de Dios y de su Iglesia y dilatarlos y afianzarlos por todos los medios.

Divino Corazón de Jesús, en tus manos pongo mis insignificantes esfuerzos para que todos los corazones reconozcan tu sagrada Realeza y se establezca tu reino de paz en todo el mundo.
 
 Oración Final: 
Dios omnipotente y misericordioso, Tú quebrantas el poder del mal y todo lo renuevas en tu Hijo Jesucristo, Rey del universo. Que todos en el Cielo y en la tierra aclamen tu gloria y nunca cesen de alabarte.

Padre Todopoderoso, guía de amor, Tú hiciste pasar a Jesucristo nuestro señor de la muerte a la vida, resplandeciente en gloria como Rey de la creación. Abre nuestros corazones; libera a todo el mundo para que gocen de Su paz, glorifiquen Su justicia y vivan en Su amor. Que toda la humanidad se unifique en Jesucristo, tu Hijo, que reina contigo y el Espíritu Santo, Dios por siempre. Amén.
 
Carta Encíclica QUAS PRIMAS del Sumo Pontífice PÍO XI sobre la Fiesta de Cristo Rey
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En la primera encíclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género humano.

Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

La «paz de Cristo en el reino de Cristo»

1. Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.

2. Entre tanto, no dejó de infundirnos sólida, esperanza de tiempos mejores la favorable actitud de los pueblos hacia Cristo y su Iglesia, única que puede salvarlos; actitud nueva en unos, reavivada en otros, de donde podía colegirse que muchos que hasta entonces habían estado como desterrados del reino del Redentor, por haber despreciado su soberanía, se preparaban felizmente y hasta se daban prisa en volver a sus deberes de obediencia.

Y todo cuanto ha acontecido en el transcurso del Año Santo, digno todo de perpetua memoria y recordación, ¿acaso no ha redundado en indecible honra y gloria del Fundador de la Iglesia, Señor y Rey Supremo?

«Año Santo»

3. Porque maravilla es cuánto ha conmovido a las almas la Exposición Misional, que ofreció a todos el conocer bien ora el infatigable esfuerzo de la Iglesia en dilatar cada vez más el reino de su Esposo por todos los continentes e islas —aun, de éstas, las de mares los más remotos—, ora el crecido número de regiones conquistadas para la fe católica por la sangre y los sudores de esforzadísimos e invictos misioneros, ora también las vastas regiones que todavía quedan por someter a la suave y salvadora soberanía de nuestro Rey.

Además, cuantos —en tan grandes multitudes— durante el Año Santo han venido de todas partes a Roma guiados por sus obispos y sacerdotes, ¿qué otro propósito han traído sino postrarse, con sus almas purificadas, ante el sepulcro de los apóstoles y visitarnos a Nos para proclamar que viven y vivirán sujetos a la soberanía de Jesucristo?

4. Como una nueva luz ha parecido también resplandecer este reinado de nuestro Salvador cuando Nos mismo, después de comprobar los extraordinarios méritos y virtudes de seis vírgenes y confesores, los hemos elevado al honor de los altares, ¡Oh, cuánto gozo y cuánto consuelo embargó nuestra alma cuando, después de promulgados por Nos los decretos de canonización, una inmensa muchedumbre de fieles, henchida de gratitud, cantó el Tu, Rex gloriae Christe en el majestuoso templo de San Pedro!

Y así, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de santos y de santas para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la eterna bienaventuranza del reino celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidelísimamente en el reino de la tierra.

5. Asimismo, al cumplirse en el Año Jubilar el XVI Centenario del concilio de Nicea, con tanto mayor gusto mandamos celebrar esta fiesta, y la celebramos Nos mismo en la Basílica Vaticana, cuanto que aquel sagrado concilio definió y proclamó como dogma de fe católica la consustancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, además de que, al incluir las palabras cuyo reino no tendrá fin en su Símbolo o fórmula de fe, promulgaba la real dignidad de Jesucristo.

Habiendo, pues, concurrido en este Año Santo tan oportunas circunstancias para realzar el reinado de Jesucristo, nos parece que cumpliremos un acto muy conforme a nuestro deber apostólico si, atendiendo a las súplicas elevadas a Nos, individualmente y en común, por muchos cardenales, obispos y fieles católicos, ponemos digno fin a este Año Jubilar introduciendo en la sagrada liturgia una festividad especialmente dedicada a Nuestro Señor Jesucristo Rey. Y ello de tal modo nos complace, que deseamos, venerables hermanos, deciros algo acerca del asunto. A vosotros toca acomodar después a la inteligencia del pueblo cuanto os vamos a decir sobre el culto de Cristo Rey; de esta suerte, la solemnidad nuevamente instituida producirá en adelante, y ya desde el primer momento, los más variados frutos.

I. LA REALEZA DE CRISTO

6. Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad(1) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino(2); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

a) En el Antiguo Testamento

7. Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.

Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob (3); el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra (4). El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud (5). Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz… y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra (6).

8. A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre (7). Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra (8). Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido…, permanecerá eternamente (9); y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante El. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible (10). Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas (11), ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

b) En el Nuevo Testamento

9. Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.

En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin (12), es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey (13) y públicamente confirmó que es Rey (14), y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (15). Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra (16), y que El mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan (17). Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas (18), menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos (19).

c) En la Liturgia

10. De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los reyes.

Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia.

d) Fundada en la unión hipostática

11. Para mostrar ahora en qué consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza (20). Es decir, que la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas.

e) Y en la redención

12. Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha (21). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande (22); hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo (23).

II. CARÁCTER DE LA REALEZA DE CRISTO

A) Triple potestad

13. Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberanía de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. Los testimonios, aducidos de las Sagradas Escrituras, acerca del imperio universal de nuestro Redentor, prueban más que suficientemente cuanto hemos dicho; y es dogma, además, de fe católica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer (24). Los santos Evangelios no sólo narran que Cristo legisló, sino que nos lo presentan legislando. En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrarán que le aman y permanecerán en su caridad (25). El mismo Jesús, al responder a los judíos, que le acusaban de haber violado el sábado con la maravillosa curación del paralítico, afirma que el Padre le había dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo (26). En lo cual se comprende también su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. Además, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse.

B) Campo de la realeza de Cristo

a) En Lo espiritual

14. Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalrnente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efeeto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimisrno, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal títuto de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofreciéndose a sí mismo, como Sacerdote y como Víctima, por los pecados del mundo, ofrecimiento que se renueva cada día perpetuamente, ¿quién no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios?

b) En lo temporal

15. Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confiríó un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales (27). Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano (28).

c) En los individuos y en la sociedad

16. El es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos (29).

El es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos (30). No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que… hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido» (31).

17. En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres (32).

18. Y si los príncípes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

19. En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.

¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre (33).

III. LA FIESTA DE JESUCRISTO REY

20. Ahora bien: para que estos inapreciables provechos se recojan más abundantes y vivan estables en la sociedad cristiana, necesario es que se propague lo más posible el conocimiento de la regia dignidad de nuestro Salvador, para lo cual nada será más dtcaz que instituir la festividad propia y peculiar de Cristo Rey.

Las fiestas de la Iglesia

Porque para instruir al pueblo en las cosas de la fe y atraerle por medio de ellas a los íntimos goces del espíritu, mucho más eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera enseñanzas, por autorizadas que sean, del eclesiástico magisterio.

Estas sólo son conocidas, las más veces, por unos pocos fieles, más instruidos que los demás; aquéllas impresionan e instruyen a todos los fieles; éstas —digámoslo así— hablan una sola vez, aquéllas cada año y perpetuamente; éstas penetran en las inteligencias, a los corazones, al hombre entero. Además, como el hombre consta de alma y cuerpo, de tal manera le habrán de conmover necesariamente las solemnidades externas de los días festivos, que por la variedad y hermosura de los actos litúrgicos aprenderá mejor las divinas doctrinas, y convirtiéndolas en su propio jugo y sangre, aprovechará mucho más en la vida espiritual.

En el momento oportuno

21. Por otra parte, los documentos históricos demuestran que estas festividades fueron instituidas una tras otra en el transcurso de los siglos, conforme lo iban pidiendo la necesidad y utilidad del pueblo cristiano, esto es, cuando hacía falta robustecerlo contra un peligro común, o defenderlo contra los insidiosos errores de la herejía, o animarlo y encenderlo con mayor frecuencia para que conociese y venerase con mayor devoción algún misterio de la fe, o algún beneficio de la divina bondad. Así, desde los primeros siglos del cristianismo, cuando los fieles eran acerbísimamente perseguidos, empezó la liturgia a conmemorar a los mártires para que, como dice San Agustín, las festividades de los mártires fuesen otras tantas exhortaciones al martirio (34). Más tarde, los honores litúrgicos concedidos a los santos confesores, vírgenes y viudas sirvieron maravillosamente para reavivar en los fieles el amor a las virtudes, tan necesario aun en tiempos pacíficos. Sobre todo, las festividades instituidas en honor a la Santísima Virgen contribuyeron, sin duda, a que el pueblco cristiano no sólo enfervorizase su culto a la Madre de Dios, su poderosísima protectora, sino también a que se encendiese en más fuerte amor hacia la Madre celestial que el Redentor le había legado como herencia. Además, entre los beneficios que produce el público y legítimo culto de la Virgen y de los Santos, no debe ser pasado en silencio el que la Iglesia haya podido en todo tiempo rechazar victoriosamente la peste de los errores y herejías.

22. En este punto debemos admirar los designios de la divina Providencia, la cual, así como suele sacar bien del mal, así también permitió que se enfriase a veces la fe y piedad de los fieles, o que amenazasen a la verdad católica falsas doctrinas, aunque al cabo volvió ella a resplandecer con nuevo fulgor, y volvieron los fieles, despertados de su letargo, a enfervorizarse en la virtud y en la santidad. Asimismo, las festividades incluidas en el año litúrgico durante los tiempos modernos han tenido también el mismo origen y han producido idénticos frutos. Así, cuando se entibió la reverencia y culto al Santísimo Sacramento, entonces se instituyó la fiesta del Corpus Christi, y se mandó celebrarla de tal modo que la solemnidad y magnificencia litúrgicas durasen por toda la octava, para atraer a los fieles a que veneraran públicamente al Señor. Así también, la festividad del Sacratísimo Corazón de Jesús fue instituida cuando las almas, debilitadas y abatidas por la triste y helada severidad de los jansenistas, habíanse enfriado y alejado del amor de Dios y de la confianza de su eterna salvación.

Contra el moderno laicismo

23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.

La fiesta de Cristo Rey

25. Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra sería ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de sí la antorcha de la verdad. Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor.

Además, para condenar y reparar de alguna manera esta pública apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad.

Continúa una tradición

26. ¿Y quién no echa de ver que ya desde fines del siglo pasado se preparaba maravillosamente el camino a la institución de esta festividad? Nadie ignora cuán sabia y elocuentemente fue defendido este culto en numerosos libros publicados en gran variedad de lenguas y por todas partes del mundo; y asimismo que el imperio y soberanía de Cristo fue reconocido con la piadosa práctica de dedicar y consagrar casi innumerables familias al Sacratísimo Corazón de Jesús. Y no solamente se consagraron las familias, sino también ciudades y naciones. Más aún: por iniciativa y deseo de León XIII fue consagrado al Divino Corazón todo el género humano durante el Año Santo de 1900.

27. No se debe pasar en silencio que, para confirmar solemnemente esta soberanía de Cristo sobre la sociedad humana, sirvieron de maravillosa manera los frecuentísimos Congresos eucarísticos que suelen celebrarse en nuestros tiempos, y cuyo fin es convocar a los fieles de cada una de las diócesis, regiones, naciones y aun del mundo todo, para venerar y adorar a Cristo Rey, escondido bajo los velos eucarísticos; y por medio de discursos en las asambleas y en los templos, de la adoración, en común, del augusto Sacramento públicamente expuesto y de solemnísimas procesiones, proclamar a Cristo como Rey que nos ha sido dado por el cielo. Bien y con razón podría decirse que el pueblo cristiano, movido como por una inspiración divina, sacando del silencio y como escondrijo de los templos a aquel mismo Jesús a quien los impíos, cuando vino al mundo, no quisieron recibir, y llevándole como a un triunfador por las vías públicas, quiere restablecerlo en todos sus reales derechos.

Coronada en el Año Santo

28. Ahora bien: para realizar nuestra idea que acabamos de exponer, el Año Santo, que toca a su fin, nos ofrece tal oportunidad que no habrá otra mejor; puesto que Dios, habiendo benignísimamente levantado la mente y el corazón de los fieles a la consideración de los bienes celestiales que sobrepasan el sentido, les ha devuelto el don de su gracia, o los ha confirmado en el camino recto, dándoles nuevos estímulos para emular mejores carismas. Ora, pues, atendamos a tantas súplicas como los han sido hechas, ora consideremos los acontecimientos del Año Santo, en verdad que sobran motivos para convencernos de que por fin ha llegado el día, tan vehementemente deseado, en que anunciemos que se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano.

29. Porque en este año, como dijimos al principio, el Rey divino, verdaderamente admirable en sus santos, ha sido gloriosamente magnificado con la elevación de un nuevo grupo de sus fieles soldados al honor de los altares. Asimismo, en este año, por medio de una inusitada Exposición Misional, han podido todos admirar los triunfos que han ganado para Cristo sus obreros evangélicos al extender su reino. Finalmente, en este año, con la celebración del centenario del concilio de Nicea, hemos conmemorado la vindicación del dogma de la consustancialidad del Verbo encarnado con el Padre, sobre la cual se apoya como en su propio fundamento la soberanía del mismo Cristo sobre todos los pueblos.

Condición litúrgica de la fiesta

30. Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos. Asimismo ordenamos que en ese día se renueve todos los años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor, de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente.

Este año, sin embargo, queremos que se renueve el día 31 de diciembre, en el que Nos mismo oficiaremos un solemne pontifical en honor de Cristo Rey, u ordenaremos que dicha consagración se haga en nuestra presencia. Creemos que no podemos cerrar mejor ni más convenientemente el Año Santo, ni dar a Cristo, Rey inmortal de los siglos, más amplio testimonio de nuestra gratitud —con lo cual interpretamos la de todos los católicos— por los beneficios que durante este Año Santo hemos recibido Nos, la Iglesia y todo el orbe católico.

31. No es menester, venerables hermanos, que os expliquemos detenidamente los motivos por los cuales hemos decretado que la festividad de Cristo Rey se celebre separadamente de aquellas otras en las cuales parece ya indicada e implícitamente solemnizada esta misma dignidad real. Basta advertir que, aunque en todas las fiestas de nuestro Señor el objeto material de ellas es Cristo, pero su objeto formal es enteramente distinto del título y de la potestad real de Jesucristo. La razón por la cual hemos querido establecer esta festividad en día de domingo es para que no tan sólo el clero honre a Cristo Rey con la celebración de la misa y el rezo del oficio divino, sino para que también el pueblo, libre de las preocupaciones y con espíritu de santa alegría, rinda a Cristo preclaro testimonio de su obediencia y devoción. Nos pareció también el último domingo de octubre mucho más acomodado para esta festividad que todos los demás, porque en él casi finaliza el año litúrgico; pues así sucederá que los misterios de la vida de Cristo, conmemorados en el transcurso del año, terminen y reciban coronamiento en esta solemnidad de Cristo Rey, y antes de celebrar la gloria de Todos los Santos, se celebrará y se exaltará la gloria de aquel que triunfa en todos los santos y elegidos. Sea, pues, vuestro deber y vuestro oficio, venerables hermanos, hacer de modo que a la celebración de esta fiesta anual preceda, en días determinados, un curso de predicación al pueblo en todas las parroquias, de manera que, instruidos cuidadosamente los fieles sobre la naturaleza, la significación e importancia de esta festividad, emprendan y ordenen un género de vida que sea verdaderamente digno de los que anhelan servir amorosa y fielmente a su Rey, Jesucristo.

Con los mejores frutos

32. Antes de terminar esta carta, nos place, venerables hermanos, indicar brevemente las utilidades que en bien, ya de la Iglesia y de la sociedad civil, ya de cada uno de los fieles esperamos y Nos prometemos de este público homenaje de culto a Cristo Rey.

a) Para la Iglesia

En efecto: tríbutando estos honores a la soberanía real de Jesucristo, recordarán necesariamente los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta instituida por Cristo, exige —por derecho propio e imposible de renuncíar— plena libertad e independencia del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio encomendado a ella por Dios, de enseñar, regir y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio de nadie.

Más aún: el Estado debe también conceder la misma libertad a las órdenes y congregaciones religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como son valiosísimos auxiliares de los pastores de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento y propagación del reino de Cristo, ya combatiendo con la observación de los tres votos la triple concupiscencia del mundo, ya profesando una vida más perfecta, merced a la cual aquella santidad que el divino Fundador de la Iglesia quiso dar a ésta como nota característica de ella, resplandece y alumbra, cada día con perpetuo y más vivo esplendor, delante de los ojos de todos.

b) Para la sociedad civil

33. La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes.

A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectítud de costumbres. Es, además, maravillosa la fuerza y la virtud que de la meditación de estas cosas podrán sacar los fieles para modelar su espíritu según las verdaderas normas de la vida cristiana.

c) Para los fieles

34. Porque si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido redimidos con su sangre, están sujetos por un nuevo título a su autoridad; si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía. Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo; es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos; es necesario que reine en el corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo a El estar unido; es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del apóstol San Pablo, como armas de justicia para Dios (35), deben servir para la interna santificación del alma. Todo lo cual, si se propone a la meditación y profunda consideración de los fieles, no hay duda que éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección.

35. Haga el Señor, venerables hermanos, que todos cuantos se hallan fuera de su reino deseen y reciban el suave yugo de Cristo; que todos cuantos por su misericordia somos ya sus súbditos e hijos llevemos este yugo no de mala gana, sino con gusto, con amor y santidad, y que nuestra vida, conformada siempre a las leyes del reino divino, sea rica en hermosos y abundantes frutos; para que, siendo considerados por Cristo como siervos buenos y fieles, lleguemos a ser con El participantes del reino celestial, de su eterna felicidad y gloria.

Estos deseos que Nos formulamos para la fiesta de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, sean para vosotros, venerables hermanos, prueba de nuestro paternal afecto; y recibid la bendición apostólica, que en prenda de los divinos favores os damos de todo corazón, a vosotros, venerables hermanos, y a todo vuestro clero y pueblo.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925, año cuarto de nuestro pontificado.

(http://www.ewtn.org/new_library/Spanish/Encíclicas/PXI_quas_primas_Cristo_Rey.htm
 
 
 

San Leonardo De Porto Maurizio

Fuiste tú, quien dejó atrás,
el festín carnicero del dolor,
lágrimas y muerte; que entre
fieras y gladiadores decidían
la suerte de los mártires de
la fe, en Cristo Jesús, eterno.

El ruedo de Vespaciano, no fue
más. El dolor, las lágrimas y la
muerte tampoco y una luz como
eterno faro, reza el Santo Via
Crucis al Rey de la vida, por siempre.
¡Paz y Bien; hermano Leonardo!.

© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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San Leonardo De Porto Maurizio
Festividad: 26 de Noviembre 
Predicador
Año 1751

Este santo ha sido uno de los mejores predicadores que ha tenido Italia, y logró popularizar por todo el país el rezo del santo Víacrucis.
Nació en Puerto Mauricio (Italia) en 1676.

Estudió con los jesuitas en Roma. Y a los 21 años logró entrar en la Comunidad de los franciscanos. Una vez ordenado sacerdote se dedicó con gran éxito a la predicación pero uniendo este apostolado al más estricto cumplimiento de los Reglamentos de su comunidad, y dedicando largos tiempos al silencio y a la contemplación. Decía que hay que hacer penitencia para que el cuerpo no esclavice el alma y que es necesario dedicar buenos tiempos al silencio para tener oportunidad de que Dios nos hable y de que logremos escuchar sus mensajes.

Fue nombrado superior del convento franciscano de Florencia y allí exigía la más rigurosa obediencia a los severos reglamentos de la comunidad, y no recibía ayuda en dinero de nadie ni cobraba por la celebración de las misas. Como penitencia, él y sus frailes vivían únicamente de lo que recogían por las calles pidiendo limosna de casa en casa. Su convento se llenó de religiosos muy fervorosos y con ellos empezó a predicar grandes misiones por pueblos, campos y ciudades.

Un párroco escribía: “Bendita sea la hora en que se me ocurrió llamar al Padre Leonardo a predicar en mi parroquia. Sólo Dios sabe el gran bien que ha hecho aquí. Su predicación llega al fondo de los corazones. Desde que él está predicando no dan abasto todos los confesores de la región para confesar los pecadores arrepentidos”.

El Padre Leonardo fundó una casa en medio de las más solitarias montañas, para que allá fueran a pasar unas semanas los religiosos que desearan hacer una época de desierto en su vida. En esta casa había que guardar el más absoluto silencio y no comer carne, sino solamente frutas y verduras. Había que dedicar bastante tiempo al rezo de los salmos, y hubo varios religiosos que rezaron allí hasta nueve horas diaria. Volvían a sus casas totalmente enfervorizados. El mismo santo se iba de vez en cuando a esa soledad a meditar, en absoluto silencio, y decía: “Hasta ahora he estado predicando a otros. En estos días tengo que predicarle a Leonardo”.

Se fue a Roma a predicar unos días y allá lo tuvo el santo Padre predicando por seis años en la ciudad y sus alrededores. Al fin el Duque de Médicis, envió un navío con la orden expresa de volverlo a llevar a Florencia porque allá necesitaban mucho de su predicación. Las gentes acudían en tal cantidad a escuchar sus sermones, que con frecuencia tenía que predicar en las plazas porque los oyentes no cabían en los templos. Las conversiones eran numerosas y admirables.

San Leonardo estimaba muchísimo el rezo del Santo Viacrucis (las 14 estaciones del viaje de Jesús hacia la cruz). A él se debe que esta devoción se volviera tan popular y tan estimada entre la gentes devota. Como penitencia en la confesión ponía casi siempre rezar un Viacrucis, y en sus sermones no se cansaba de recomendar esta práctica piadosa. En todas las parroquias donde predicaba dejaba instaladas solemnemente las 14 estaciones del Viacrucis.

Logró erigir el Viacrucis en 571 parroquias de Italia.

Otras tres devociones que propagaba por todas partes eran la del Santísimo Sacramento, la del Sagrado Corazón de Jesús y la del Inmaculado Corazón de María. En este tiempo esas devociones estaban muchísimo menos popularizadas que ahora. A San Leonardo se le ocurrió una idea que después obtuvo mucho éxito: recoger firmas en todo el mundo para pedirle al Sumo Pontífice que declarara el dogma de la Inmaculada Concepción. Esto se hizo después en el siglo XIX y el resultado fue maravilloso: millones y millones de firmas llegaron a Roma, y así los católicos de todo el mundo declararon que estaban convencidos de que María sí fue concebida sin pecado original.

Daba dirección espiritual a muchas personas por medio de cartas. Se conservan 86 cartas que dirigió a una misma persona tratando de llevarla hacia la santidad.

Se le encomendó ir a predicar a la Isla de Córcega que estaba en un estado lamentable de abandono espiritual. Fue la más difícil de todas las misiones que tuvo que predicar. Él escribía: “En cada parroquia encontramos divisiones, odios, riñas, pleitos y peleas. Pero al final de la misión hacen las paces. Como llevan tres años en guerra, en estos años el pueblo no ha recibido instrucción alguna. Los jóvenes son disolutos, alocados y no se acercan a la iglesia, y lo grave es que los papás no se atreven a corregirlos. Pero a pesar de todo, los frutos que estamos consiguiendo son muy abundantes”.

El Sumo Pontífice lo mandó volver a Roma para que se dedicara a predicar Retiros y Ejercicios a religiosos y monjas. Y el éxito de sus predicaciones era impresionante.

San Leonardo logró entonces cumplir algo que había deseado durante muchos años: poder erigir un Viacrucis en el Coliseo de Roma (que era un estadio inmenso para los espectáculos de los antiguos romanos, en el cual cabían 80,000 espectadores. Fue construido en tiempos de Vespasiano y Tito, año 70, y siempre había estado destinado a fines no religiosos. Sus impresionantes ruinas se conservan todavía). Desde San Leonardo se ha venido rezando el Viernes Santo el Viacrucis en el Coliseo, y casi siempre lo preside el Sumo Pontífice. El santo escribió entonces: “Me queda la satisfacción de que el Coliseo haya dejado de ser simplemente un sitio de distracción, para convertirse en un lugar donde se reza”.

Ya muy anciano y muy desgastado de tanto trabajar y hacer penitencia, y después de haber pasado 43 años recorriendo todo el país predicando misiones, tuvo que hacer un largo viaje en pleno invierno. El Sumo Pontífice le mandó que ya no viajara a pie, sino en carroza, pero por el camino se destrozó el carruaje en el que viajaba y tuvo que seguir a pie, lo cual lo fatigó inmensamente.

El 26 de noviembre llegó a Roma y cayó en cama. En seguida envió un mensaje al Papa contándole que había obedecido su orden de volver a esa ciudad. A las nueve de la noche llegó un Monseñor con un mensaje muy afectuoso del Sumo Pontífice y una hora después murió nuestro santo. Era el año 1751.

 (http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Leonardo_de_Puerto_Mauricio.htm)

¿Señales?

El cielo, advertir parece de todos los lados.
Habla el viento con tormentas y huracanes.
Incendios grita el sol y los altos montes, caer
dejan, sus perpetuas nieves en avalanchas.

Una solitaria madre, en el África; llora a su
generación muerta. ¿Serán las señales del
fin o tal vez, las pesadillas del hombre impío,
irreductiblemente necio, ciego y hedonista?

Advertencia

¿Será la lava, una advertencia del cielo,
para no pecar de incautos sobre la
inexistencia del infierno?. ¿Qué será?.

No dudéis, más os lo digo en serio, que
la lava nada es; para lo que es el averno,
Ya lo sabéis. Haced sólo el bien y nada más.   

El Mensajero De La Paz

La noche de los tiempos
se fue aclarando hasta
extinguirse por la luz
elevándose a la eternidad
certera, para verte a tí.

Por aire, mar y tierra, yendo
y viniendo; todo el orbe y
delante tuyo, el luminoso
faro de Jesucristo Alabado,
el Padre Eterno y María.

Fátima se cumplió en tí,
la furia roja no fue más,
se evaporó la fría guerra.
“Grande” mensajero de la
paz, desde Pedro, hasta tí.

© 2007 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Juan Pablo II
Consideramos que Juan Pablo II (1920-2005) es el Papa mas importante y extraordinario desde San Pedro y que será conocido en la historia como “Juan Pablo el Grande”.
Es el Papa #264 en la sucesión Apostólica >>
Ha iluminado las tinieblas del mundo con la luz del Evangelio, dándonos así una guía segura en tiempos muy difíciles.

El escudo papal (derecha) representa la cruz de Cristo y la “M” de María Santísima, Su madre, al pie de la cruz. Es la primera vez que un escudo papal contiene una letra.

Su Pontificado
El Papa es el vicario de Cristo en la Tierra. Es la mayor autoridad moral en el mundo, no por designio humano sino por gracia de Dios. Le ha tocado pastorear a la Iglesia de Jesucristo en tiempos muy difíciles, llevándola al tercer milenio. Es el Papa de la Virgen, el Papa misionero; El que mas ha peregrinado, Al que mas personas han visto y escuchado; El que mas santos ha beatificado y canonizado -¡mas que todos los otros Papas juntos!. Es el Papa que mas ha utilizado los medios de comunicación en los ocho idiomas que habla; El que mas ha escrito; Visitó una sinagoga, El primero en visitar una iglesia protestante y una mezquita. Un Papa de extraordinaria sabiduría y don profético. Un pastor que nos ha protegido de feroces lobos. El que nos ha dado el primer catecismo universal en 5 siglos. El que ha enseñado mas sobre la familia, la mujer, el matrimonio…

El Papa Peregrino
133 países visitados
104 viajes pastorales al extranjero
Un total de 1.163.865 km. recorridos
Equivale a 30 vueltas al planeta o 3 viajes de ida y vuelta a la luna.

146 visitas pastorales en Italia
total de 250 viajes
301 visitas a parroquias en Roma

El Papa Predicador1161 audiencias generales
a las que asistieron 17.6 millones de Personas
Mas de 20,000 prédicas en el curso de 26 años de pontificado
Canonizado mas santos que todos los papas juntos
Canonizó: 482
Beatificó: 1338

Convocó 9 Consistorios
Instaló 232 Cardenales
Ordenó 321 obispos
Bautizó 687 niños y 814 adultos

Su día ordinario era de 18 horas de trabajo
A raíz del atentado, una bala traspasó su cuerpo. Lo han operado 7 veces, le han quitado 2.5 metros de intestino.

ESCRIBIO

44 Cartas Apostólicas
15 Exortaciones Apostólicas
14 Encíclicas
11 Constituciones Apostólicas

Varios libros
-PRIMER CATECISMO
en cinco siglos

-NUEVO CODIGO DE LEY CANONICA

Lo que no se puede medir son SUS FRUTOS COMO BUEN PASTOR Y EVANGELIZADOR INCANSABLE

Karol Joseph Wojtyla (pronunciado Voi-ti-wa) nació en Wadowice, Polonia el 18 de Mayo de 1920, hijo de un oficial del ejército polaco, su madre fue maestra.

El 14 de Octubre de 1978, a la edad de 58 años fue elegido Papa. El primer no italiano en 456 años y el mas joven del siglo; suyo es el tercer pontificado mas largo de la historia. A la edad de 61años (13 de mayo de 1981), sufrió un severo atentado en la Plaza de San Pedro en el que las balas traspasaron su cuerpo. El mismo reconoce que la Virgen de Fátima le salvó la vida prodigiosamente. Sin duda las fuerzas del maligno han querido destruirlo pero Dios Todopoderoso lo ha protegido. Sobre su espalda el Papa lleva la cruz que manifiesta la batalla espiritual que libra la Iglesia. Todos sus sufrimientos lo han hecho mas santo y mas fuerte en el Espíritu. Su testimonio es en su sufrimientos mas admirable.

Atentado el 13 de Mayo de 1981 y Fátima
El Papa esta convencido de que Nuestra Señora intervino ese día para salvar su vida. Posteriormente, proclamaría a María como “mi madre por siempre, y especialmente el 13 de Mayo de 1981 cuando sentí tu presencia providencial a mi lado”.

El Papa estaba además convencido de que aquel atentado estaba relacionado con el mensaje de Fátima. Mientras se recuperaba en el hospital, pidió que le trajesen todos los documentos relacionados con las apariciones de Fátima. Dichos documentos fueron llevados al Papa por el Obispo Pavol Hnilica, un obispo eslovaco que pasó años prisionero en campos comunistas y tuvo que ser consagrado en secreto.

El Obispo Hnilica destacó: “Algunos de los textos eran originales y poca gente los había visto. El Papa leyó todo con una atención meticulosa”. Saliendo del hospital, el Papa Juan Pablo II le dijo al Obispo Hnilica: “He llegado a comprender que la única manera de salvar al mundo de la guerra, de salvarlo del ateísmo, es la conversión de Rusia de acuerdo al mensaje de Fátima”.

Posteriormente tarde el Papa solicitó al obispo que le llevaran una estatua de Nuestra Señora de Fátima a Castel Gandolfo. Pidió que se construyera una iglesia pequeña en Polonia, en un bosque situado en la frontera con la Unión Soviética, a fin de que albergara dicha estatua. “Actualmente la estatua se encuentra allí, en la posición exacta que Juan Pablo II había deseado: con su mirada dirigida hacia Rusia”, dice el Obispo Hnilica.

En el primer aniversario del atentado, Juan Pablo II fue a Fátima para llevar a cabo la consagración de Rusia de acuerdo al mensaje de Fátima y para agradecerle a Nuestra Señora por salvar su vida.

El 8 de Diciembre de 1983, el día de la Fiesta de la Inmaculada Concepción, las carta del Papa fue enviada a todos los obispos del mundo, incluyendo a los obispos ortodoxos. El Papa Juan Pablo II les informó que el iba a consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María y pidió a cada obispo hacer la consagración en unión con el Papa en su propia diócesis particular junto con el pueblo de Dios que le había sido encomendado. Asimismo, adjunta a la carta se encontraba la oración a ser utilizada para la consagración. La fecha elegida fue el 25 de Marzo de 1984, el día de la Fiesta de la Anunciación. Esto permitió un período de tiempo de tres meses para que las cartas llegaran a las diversas partes del mundo. Con esta consagración se abrieron las puertas los procesos que culminaron con liberación de Eurapa oriental tras la desaparición de la Unión Soviética.

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Palabras del Papa:
El magisterio de Juan Pablo II es sumamente extenso y rico. Entre sus temas principales: La cultura de la vida, la purificación de la conciencia, el diálogo entre la fe y la razón, El Tercer Milenio y la nueva evangelización.

“El fin por el que todos juntos nos fatigamos es único: anunciar el Evangelio de Cristo para la salvación del mundo. Es una misión que queremos realizar con espíritu de fe y con disponibilidad al sacrificio, si fuera necesario, hasta la “entrega de la sangre”.

“¡Que no desfallezca nunca en nuestro ministerio la fidelidad a Aquel que nos ha asociado íntimamente a su sacerdocio!. Que en el centro de vuestra vida esté siempre y sólo Él: ¡Cristo!”.

“Con el pasar de los años se hace cada vez más profunda en mí esta convicción: Jesús nos pide que seamos sus testigos, que nos preocupemos sólo de su gloria y del bien de las almas”. -Juan Pablo II, 22-XII-03

Gracias Señor por darnos a Juan Pablo II
como pastor universal, tu vicario en la tierra

“My vida estará dedicada a la lucha por la libertad y mi obra a que vean en Dios
un camino para alcanzarla”. “Para entrar en el Reino de los cielos hay que volverse pequeños y humildes como niños inocentes”. “Ningún sistema económico podrá servir al hombre si no está basado en los grandes valores de la humanidad”

Su primer viaje como Papa fuera de Italia fue en 1979, a Rep. Dominicana y México
SU SANTIDAD JUAN PABLO II (1920 – 2005)

Nuestro amado Papa, sin duda pasará a la historia como Juan Pablo II el Grande

Ha sabido ser un extraordinario vicario de Cristo, El Buen Pastor que da su vida por las ovejas.

El Papa Pastor. Sus enseñanzas y acciones son puro reflejo de su misión como Vicario de Cristo. Como San Pablo, pudo decir “para mi vivir es Cristo”. Ver Redemptor Hominis

Valiente maestro que no teme que le llamen “reaccionario” por ser fiel a la doctrina de Jesucristo. Es por eso que defiende la vida humana y la visión cristiana del cuerpo y la sexualidad. Se opone a los anticonceptivos. Defiende la dignidad de todos y la integridad del sacerdocio.

Nos ha dado el Catecismo de la Iglesia Católica y el Nuevo Código de Ley Canónica. Sus enseñanzas han sido de la mayor profundad y ha abarcado todos los aspectos de la doctrina y la pastoral.

El Papa de Jesús misericordioso. En su encíclica “Rico en Misericordia” desvela la fuerza que transforma al mundo: la misericordia divina. Canonizó a Santa Faustina, vidente y secretaria de los mensajes de Jesús sobre la Divina Misericordia. Ha propagado este mensaje por todo el mundo, estableciendo además la fiesta litúrgica de la Divina Misericordia el domingo después de la Pascua, en cuya víspera el murió. La misericordia divina, el Papa nos recuerda, es un océano infinito. Esta verdad está profundamente ligada a su presencia Eucarística y al sacramento del perdón. Ver su primera encíclica Dives en Misericordia

El Papa de la Virgen. No pierde oportunidad para honrar y enseñar sobre la Virgen. Escribió una encíclica sobre la Virgen (Madre del Redentor). En los países que visita trata siempre de visitar su santuario mariano. Proclamó un año mariano, ha dicho que la Virgen de Fátima le salvó la vida en el atentado del 13 de mayo de 1981 y que el es el Papa a quien se refieren las profecías de Fátima. El beatificó a los videntes de Fátima y canonizó a Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe. A quien le visita le regala siempre un rosario.

El Papa del Amor y la Vida. El Papa nos enseña que que vivimos en una lucha entre dos culturas: 1-La cultura del Amor y de la Vida, 2-La cultura del egoísmo y de la muerte. Ha enseñado sobre la dignidad de todo hombre y toda mujer, desde la concepción hasta la muerte natural. Enseña que la naturaleza y el destino del hombre y del mundo solo se comprenden a la luz de la redención que Cristo nos trae. Ha profundizado sobre la dignidad de la persona, de la sexualidad, de la familia, del trabajo, de la sociedad, etc. Escribió El Evangelio de la Vida

El Papa maestro fiel de la doctrina y la moral
Su fidelidad a la moral cristiana y a la fiel interpretación del Concilio Vaticano II le ha ganado severas críticas. ¿Por que el Papa no “moderniza” la moral? La respuesta es muy sencilla: El Papa es fiel a las enseñanzas de Cristo las cuales no cambian con los tiempos. La verdad sobre la moral es la misma ayer, hoy y siempre. Es la verdad que libera al hombre de la esclavitud del pecado. La autoridad del Papa está al servicio de la verdad que ha recibido de Jesucristo por medio de la Iglesia. Ha sabido enseñar esa verdad con profundo amor y respeto a la dignidad del cada persona. Escribió El Esplendor de la Verdad

1983. Juan Pablo II visita en prisión y
perdona a Mehmet Ali Agca quién
trató de matarle.

El Papa del perdón. Tuvo el valor de pedir perdón, en nombre de los católicos, por los pecados cometidos por la Iglesia. Aún sabiendo que muchos se aprovecharían de ello para perseguirla con toda clase de falsas acusaciones. Tuvo también el valor de perdonar personalmente a quién intentó matarle. Desarrolló en la Iglesia la convicción contra la pena de muerte. Pidió perdón también a los hermanos ortodoxos por los daños causados por los católicos.

El Papa Misionero. Ha viajado mas que todos los otros papas de la historia juntos. Ha visitado a casi todos los países del mundo llevando el mensaje del Evangelio. Ver Redemptoris Missio

El Papa de la Paz. Ha pedido hasta de rodillas por el fin de los conflictos bélicos. Ha condenado el negocio de armas y todo tipo de violencia y enseñado el camino del amor. Ha luchado incansablemente por reconciliar y traer la paz en todo el mundo. Ver Jornadas mundiales de la paz

El Papa Ecuménico. Ha extendido humildemente su mano a los hermanos cristianos que no reconocen su pontificado, como también a todos los hombres de buena voluntad. Porque es un Papa profundamente humano.

Ha estrechado su mano solidaria a los judíos y a todas las religiones. Primero en visitar una sinagoga, una iglesia protestante y una mezquita. Recordemos además los encuentros por la paz en Asís. Ver su encíclica: Ut Unum Sint sobre el empeño ecuménico.

El Papa de la Justicia Social Tuvo un papel importante en la transformación del este de Europa, comenzando con su país natal, para liberarse del comunismo. “No se podrán entender los grandes cambios del Siglo XX, sin revisar su rol protagonístico” -Ronald Reagan, Ex-Presidente de Estados Unidos. “Solo nace un hombre así cada mil años. Le debemos la libertad que gozamos” -Mijael Gorbachov, Ex-Presidente de Rusia.

Ha puesto de manifiesto también los males del capitalismo materialista y de la “idolatría del mercado”. Donde quiera que ha visitado, sean regímenes de izquierda o derecha, su presencia ha sido una chispa promotora de libertad.

Ha reiterado la opción preferencial por los pobres. Ver sus encíclicas sobre la cuestión social: Laborens Exercens, Sollicitudo Rei Socialis, Centesimus Annus.

El Papa que detiene el imperio rojo

El pontificado de Juan Pablo II «ha sido la primera causa del colapso del comunismo, en el momento de su máximo esfuerzo agresivo militar contra las democracias occidentales: un esfuerzo que resultó inútil por la turbulencia y posterior parálisis de la Polonia católica reunida en torno al Papa, a Solidarnosc y a Lech Walesa» -Paolo Guzzanti, presidente de la Comisión parlamentaria de investigación concerniente al «dossier Mitrokhin, Feb 23, 2005.

El Papa que se inmola en el sufrimiento. Recuperándose milagrosamente tras ser traspasado por una bala en 1981, el papa ha sufrido progresivamente desde entonces. Múltiples operaciones, artritis, Parkinson. Ya sin poder apenas caminar, cuando le cuesta decir cada palabra y hacer cada movimiento, cuando su aspecto de anciano enfermo y agotado impresiona, es cuando mas poderoso es su testimonio cristiano de amor y entrega fiel a Dios. La fortaleza de su fe, su amor por todos nosotros es mas evidente que nunca. Por eso irradia paz. Nos recuerda continuamente las primeras palabras de su pontificado: “No tengan miedo”. Nada ni nadie nos puede vencer si pertenecemos a Dios. El Papa nos ha enseñado con su vida el misterio de la cruz y la capacidad que tenemos de amar en el sufrimiento.

En 1994, cuando ya era evidente que la enfermedad incapacitaba su cuerpo, Juan Pablo II escuchó a Dios pedirle un cambio en su forma de conducir a la Iglesia: “Debo liderarla con el sufrimiento”, dijo. “El papa debe sufrir para que toda familia y el mundo vea que hay, yo diría, un Evangelio mas alto: el Evangelio del sufrimiento, con el que uno debe preparar el futuro”. Ver su encíclica Salvici Doloris sobre el valor del sufrimiento.

Juan Pablo II, todos los fieles te amamos entrañablemente y somos muy dichosos de que fuese Su Santidad el Vicario de Cristo en nuestro tiempo, pastoreándonos con tanta santidad y claridad en el III milenio.

Tu eres hermano del alma, realmente el amigo,
que en todo camino y jornada estás siempre conmigo…
Es tu corazón una casa de puertas abiertas
Tú eres realmente el mas cierto en horas inciertas…
TOTUS TUUS

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¿Por qué el Papa no renuncia?P. Jordi Rivero. 7,Feb 2005

Llevamos ya mas de dos décadas escuchando a un creciente coro que se cuestiona por que Juan Pablo II no renuncia. Les parece que está incapacitado por el hecho de su vejez y sus grandes dificultades de salud. No ven la evidencia de los hechos: El Papa continua guiando la Iglesia con una sabiduría, santidad y capacidad de trabajo que serían asombrosas en un ser humano de cualquier edad.

Sin embargo la razón principal porque el Papa continua en su ministerio creo que está en el poder de la Cruz. Jesús ha querido vincular a su vicario de manera íntima al misterio de su Cruz porque en ella está el verdadero poder que la Iglesia necesita. San Pedro, el primer papa, murió mártir. Mártires también murieron numerosos papas en los primeros siglos de la Iglesia. Esos sacrificios, unidos al de Cristo, capacitaron a la Iglesia para vencer en circunstancias que parecían imposibles. Mártires nunca nos han faltado. Pero Jesús ha querido darnos en este momento crítico de la historia un papa extraordinario, capaz de un martirio prolongado. El Papa actual ya ha derramado su sangre en el ministerio Petrino. Salvado de manera milagrosa, Jesús no le ha quitado la gloria del calvario. El Papa pastorea a la Iglesia desde la Cruz. Los frutos ya han sido milagrosos y creo que en el futuro será aun mas evidente para los que quieran ver su legado.

Pero no nos extrañe que muchos no lo acepten. A Jesús crucificado le gritaban: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz” (Mt 27,40). ¿Nos va a sorprender que al Papa le digan: “Ya estás viejo y enfermo, renuncia”. Estos expresan la sabiduría de este mundo, la misma que condenó a Jesús.

Al Papa debemos estarle profundamente agradecidos por entregarse como alma víctima por todos nosotros. Gracias por no haber sucumbido a la tentación de bajarse de la cruz. Gracias por enseñarnos con su vida el valor de negarse a si mismo, tomar la cruz y seguir a Cristo. Gracias porque nos enseña que el valor de cada ser humano no disminuye con la vejez ni con el sufrimiento, gracias por estos años, los mas productivos, los mas preciosos de su ministerio.

Sus palabras:

“Solo si Cristo se hubiera bajado de la Cruz, yo tendría derecho a renunciar, Aún tengo muchas ganas de trabajar”

El Papa es mas fuerte y mas capaz que nunca, precisamente porque en su debilidad está la fuerza de Cristo.

CLAUDIO LUFFOLI/AP

Atentado, 13 Mayo, 1981

LA MUERTE de S.S. JUAN PABLO II:El sábado 2 de abril del 2005, a las 9:37 PM, hora de Roma, muere su Santidad Juan Pablo II.
Regresa a la casa del Padre en la víspera de la Fiesta de la Divina Misericordia y en el primer sábado del mes, confirmando la protección y amor maternal de la Santísima Virgen de Fátima en toda su vida y su gran devoción a Jesús de la Divina Misericordia.

Testamento de Juan Pablo II
Texto del «Rogito» (acta sobre la vida del Papa introducido en su ataúd)
Homilía de la Misa Exequial por Juan Pablo II
Novena por el Santo Padre. Luto y oración por la elección del Papa – USCCB
Números definitivos de participación en las exequias del Papa
El consejo que el Papa dejó a los cardenales ante el cónclave
Juan Pablo II: Apóstol de la Divina Misericordia — Obispo Renato Boccardo
Mensaje póstumo de Juan Pablo II para el Regina Coeli del Domingo de la Divina Misericordia
El Papa, en el abrazo de la Divina Misericordia: murió ya en su fiesta
Ultimos momentos del arzobispo Angelo Comastri con el Papa
Legado de S.S. Juan Pablo II: Entrevista de Radio Paz a Madre Adela Galindo desde San Pedro
Juan Pablo II: Santo Subito – forumlibertas.com

EDICIÓN ESPECIAL sobre la muerte del Santo Padre: Servicio de Información del Vaticano

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S.S. Benedicto XVI recuerda a Juan Pablo II en el segundo aniversario de su muerte
«Nosotros, que estuvimos cerca de él, pudimos aprovecharnos, y por este motivo damos gracias a Dios, pero también pudieron beneficiarse cuantos le conocieron desde lejos, pues el amor del Papa Wojtyla por Cristo se desbordó, por así decir, en toda región del mundo, a causa de su fuerza e intensidad». «¿La estima, el respeto y el afecto que creyentes y no creyentes le expresaron en el momento de su muerte no son acaso un elocuente testimonio?», preguntó.«El intenso y fecundo ministerio pastoral, y aún más el calvario de la agonía y de la muerte serena de nuestro querido Papa dieron a conocer a los hombres de nuestro tiempo que Jesucristo era verdaderamente su “todo”».

«La fecundidad de este testimonio, lo sabemos, depende de la Cruz», que en la vida de Karol Wojtyla «no fue sólo un palabra». «Especialmente con el avance lento, pero implacable de la enfermedad, que poco a poco le desnudó de todo, su existencia se hizo una oferta total a Cristo, anuncio viviente de su pasión, con la esperanza llena de fe de la resurrección».«Desde hace mucho tiempo se preparaba para ese último encuentro con Jesús» y, «como su divino Maestro, vivió la agonía en oración». «Murió rezando. Verdaderamente se durmió en el Señor».

«El perfume de la fe, de la esperanza y de la caridad del Papa llenó su casa, llenó la Plaza de San Pedro, llenó la Iglesia y se propagó a todo el mundo», siguió recordando con emoción. «Lo que sucedió después de su muerte fue, para quien cree, fue efecto de ese “perfume” que alcanzó a todos, cercanos y alejados, y les atrajo hacia un hombre que Dios conformó paulatinamente con su Cristo», aclaró.«El querido Juan Pablo II», concluyó, «desde la casa del Padre –estamos seguros– no deja de acompañar el camino de la Iglesia».

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RECORDANDO A JUAN PABLO IIJesus Marti Ballester
jmarti@ciberia.es

De él dijo el Cardenal Wyszynski, arzobispo de Varsovia: “Entre los cardenales se buscaba un hombre de fe ardiente, de ferviente oración y celo pastoral, además de un hombre de buen corazón, benévolo hacia los hombres, afable, de gran sensibilidad y cuyos ojos se volvieran al mundo con el amor de Dios”. Fue elegido Karol Wojtyla, con una biografía brillante, juvenil, deportiva, filósofo, excelente y profundo teólogo, místico, forjado en San Juan de la Cruz y en Santa Teresa y cultivador de nuestros maestros de la mística del siglo de Oro, profesor universitario, viajero, poeta, hombre de fe. Me contó el Cardenal Narciso Jubany, arzobispo de Barcelona, que después del cónclave comentó con otros cardenales: “Me da la impresión de que este muchacho, no se está dando cuenta de dónde se ha metido”.

En el Kremlin temblaron. Ha caído el comunismo. ¿Lo esperaban ellos? Parece que sí, pues lo quisieron liquidar. La Virgen en el día de Fátima, le salvó de la muerte; dice él: -“Una mano disparó la bala, pero otra mano guió el proyectil”. “Al principio de mi pontificado, me dijo el cardenal Wyszynki: Si el Señor te ha llamado, debes introducir a la Iglesia en el tercer milenio”… “con la oración, con diversas iniciativas, pero he visto que no basta: era necesario introducirla en el sufrimiento” (29 mayo 1994). Y ese es hoy su máximo empeño, junto con la unión de las Iglesias. Juan Pablo II es un tipo incómodo para casi todos: conservadores, progresistas, marxistas, neoliberales, socialdemócratas, feministas, homosexuales… Esto no le impide, sin embargo, ser también un rebelde, un disconforme. Seguramente es todavía pronto para juzgarlo. Pero sin él, el siglo XX será mucho más difícil de entender. Marcará historia, él mismo es una parte de esa historia.

Antes de su elección, escribía yo que estaba deseando que nos presidiera un Papa que metiera a toda la Iglesia en Ejercicios Espirituales, quería decir, que nos dedicara a la oración. Juan Pablo II ha colmado mi deseo, comenzando por él mismo. Escribe el Cardenal Suenens: “Ora hasta provocar envidia”, decía de él Paul de Haes, uno de sus compañeros de estudio en Roma. De hecho se inclina y se pliega en dos. Al verle como postrado durante su acción de gracias en la Capilla Sixtina, creí que se sentía mal. Encarna la oración en todo su cuerpo y, en ese momento parece tener diez años más. Pero cuando se inclina y sonríe, rejuvenece de un extraño modo”. Podría citar datos interminables, pero me limito a recoger su Carta Apostólica: “Novo Millenio ineunte”: Es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración. El Año jubilar ha sido un año de oración personal y comunitaria -más intensa. Pero sabemos bien que rezar tampoco es algo que pueda darse por supuesto. Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: «Permaneced en mí, como yo en vosotros» (Jn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral auténtica. Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre. Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial, pero también de la experiencia personal, es el secreto de un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas.

El arzobispo Giovanni Battista Re, uno de los colaboradores más cercanos de Juan Pablo II, dibuja la personalidad del Santo Padre desde la perspectiva que le da el ser sustituto de la Secretaría de Estado, que despacha diariamente con él.. Dice que lo que más le impresiona de la persona de Juan Pablo II es la intensidad de su oración, manifestación de una profunda y viva comunión con Dios. En el transcurso de estos años, en los que he tenido la alegría y el privilegio de trabajar junto a él y de acompañarle en sus viajes, he podido constatar personalmente que este 264º Papa, este pastor profundamente humano, este intelectual de extraordinario vigor, este líder que arrastra a la juventud, es ante todo un hombre de oración. Es impresionante cómo se abandona: se nota un dejarse llevar que le es connatural, y que le absorbe como si no hubiera problemas y compromisos urgentes que le llaman a la vida activa. Su actitud en la oración es recogida y, a la vez, natural y desprendida: testimonio de una comunión con Dios intensamente arraigada en su alma; expresión de una oración convencida, saboreada, vivida. Por la mañana temprano está en la capilla, absorto en la meditación y en el coloquio con Dios, antes de comenzar la Misa. Durante el día, el paso de una ocupación a otra está marcado por una breve oración. Con una invocación, después, inicia cada una de las páginas que a diario llena, escribiendo con caligrafía pequeña el texto de homilías, discursos y documentos. Conmueve la facilidad, la espontaneidad y la prontitud con que pasa del contacto humano con la gente al recogimiento del coloquio íntimo con Dios. El Papa se prepara para los distintos encuentros que tendrá en el día o durante la semana rezando por ellos. Recuerdo, por ejemplo, que en 1982, cuando el Papa llegó a Madrid en su primera visita a España, el entonces Nuncio apostólico, Monseñor Antonio Innocenti, se despertó muy pronto. Descendió a la planta baja a las 5.30 de la mañana, convencido de no encontrar aún a nadie, ya que el desayuno estaba previsto para las 6.30 y la salida del Papa de la Nunciatura a las 7. Monseñor Innocenti recorrió las habitaciones para verificar que todo estuviera en orden, y empezó por la capilla. Se sorprendió al ver que la luz estaba encendida. Abrió la puerta y vio al Papa arrodillado ante una estación del Viacrucis. Era viernes y era un día con un programa que iba desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, y el Papa a las 5.30 ya estaba en la capilla para hacer el Viacrucis. -Antes de cualquier decisión importante, Juan Pablo II reza mucho. Cuanto más trascendente es la decisión, más prolongada es la oración. Puedo afirmar que las decisiones más importantes han sido maduradas durante semanas y semanas de oración. En su vida existe una admirable síntesis entre oración y acción. La fuente de la fecundidad de su actuación está precisamente en la oración. Este Papa tan dinámico y dedicado al servicio del hombre; este Papa que aparece también ante los ojos de quien no acoge el mensaje cristiano como defensor y heraldo de las aspiraciones del hombre, declara que tiene un compromiso prioritario: el de orar. El Papa ha cumplido ochenta años: sus pasos parecen cansados, su rostro sufrido, sin embargo esto parece que agranda el valor de sus gestos.

(http://www.corazones.org/santos/juan_pablo2/@juan_pablo2_3.htm)

¿Vivir Por Vivir?

¿Cuándo comprenderás que la vida, tiene un fin, y es infinita?
Arden las praderas de las selvas de la vida; y el fuego parece
consumir los sueños, los anhelos y el tiempo; mientras el hielo
hirviente de tu alma, es lava fría tras tu silencio cómplice.

¿Cuándo sabrás quitarte, las caretas efímeras que carga tu alma?
Mañana el sol no saldrá y tampoco brillará la luna, y tú; -te aseguro-
seguirás estrenando imperturbable otra careta más y beberás de la
pócima salvaje, que te embriaga de efímera felicidad, pensándola real.

¿Cuánto más habré de esperar, antes de tu final anunciado?. Te
olvidaste del buen samaritano y desoíste a todos e incluso a Mí.
Está casi todo dicho y hecho. Llegó el fin de tu mundo. Terminó.
¿Valió la pena haber vivido como tal?. ¿Qué excusa me tienes?.